lunes, 16 de enero de 2017

urgencia


                                                            para vos y mi alma

no es
que haya andado
buscando encontrarte.
sólo te esperaba.
atrás de mis ojos te esperaba,
( en la yema de mis dedos?)
en las solas madrugadas;
en el reflejo rojo del vino en mi copa,
en el pan y los trozos de queso.
y en mi alma apurada
con el paso desgajado
de los que no tienen tiempo.
ahí te esperaba.
entonces te llamé
porque ahí estabas.
nos miramos como viéndonos.
y fue posible el olvidado embeleso,
la “vana música del grillo”,
el recodo del sendero, mi risa loca.
el universo gris, iluminado!
la negación de la distancia.
la desbocada inconciencia
del adiós acorralado.
y el ombligo, los sueños,
ignorar la infeliz encrucijada.
elegir la vida con urgencia.







miércoles, 11 de enero de 2017

para el mes de abril


                                                               



                                                                          ("quien se canse de tus abrazos no voy a ser yo")

  el año que viene, o mejor dentro de unos años, cuando yo sea yo sólo de a ratos, y esté con las chicas en el Geriátrico, un día cualquiera del mes de abril (si no me lo han robado antes), en uno de esos ratos en que yo sea yo, les voy a contar a todos: a las chicas, a las enfermeras, a la cocinera y al Psiquiatra, que fui amante de Kevin Johansen.
  nadie sabrá si es verdad o mentira, porque yo seré yo de a ratos; y todos sabrán ya que soy una vieja loca.
  pero yo sí me lo voy a creer y seguro que eso me hará feliz hasta la próxima  Navidad!
  sólo tengo que acordarme de éso: de creérmelo.














jueves, 5 de enero de 2017

despegar aterrizando



hace un tiempo ya que ando con la mirada desarrapada y la espalda menos airosa; pero desde mi último cumpleaños mi alma trastabilla entre telarañas de tristeza, por lo que, en medio de esta eufórica depresión, he elegido antes que la derrota de un suicidio en las vías del subte, (vanidoso y salpicante), la dudosa e infernal salvación de la página en blanco, un tanto más intima y elegante.
todo, sin evitar el regodeo del llanto infantil, fatalista, desbaratado y teatralizado ante el espejo.
o sea, he llegado hasta aquí después de intentarlo y reintentarlo, empapada de autocompasión y áspera de rabia -(mejor enojo que tristeza!)- a la espera de que hayan quedado perdidas algunas letras hambrientas, como yo, de algún auxilio.
y con la deshilachada ilusión de que, esta vez, no sea traidora la esperanza.
seguramente, a la sabiduría le cabe alguna vez un paso desorientado como el que me ha llevado, porque sí, hasta la ANTOROLOGIA SALVAJE de mi querido Higo de Tuna, y he tropezado yo con estas letras que me suavizaron la tristeza, aunque no sea yo su destino.


A TÍ
A tí que hoy vives en negro
acuchillada por el desánimo
caminando entre la niebla
por ese oscuro acantilado
quiero abrazarte con palabras
decirte que eres única
irrepetiblemente hermosa
que rebrotarás cualquier día                              
empapándonos de felicidad
que compartiré ese túnel
por el que caminas tan sola
ofreciéndote mi brazo amigo
hasta encontrar la salida
que quiero secar tu llanto
aniquilarte la tristeza
que tu dolor no es sólo tuyo
que también lo quiero mío
para aligerarte de tanta pena. 
                                   
Escrito por TORO SALVAJE                                 
                                                                         
                                                                        y ahora estoy parada aquí, el alma en carne viva,                                                                      
                                                                        sonriendo!
                     
                                 despegue y aterrice en  Apuntes de una geminiana


jueves, 22 de mayo de 2014

y me perdí en la noche


Yo se lo había pedido tantas veces!...

No me traiciones enamorándote de otra, Pedro. No me traiciones, porque te voy dando mi vida a cada paso y aunque sea una vida de mierda, es la única que tengo y es la que me permitiste tener. Así se lo pedí, señor, porque lo quiero tanto! Veinte años con esta vida, prendida a él como un musgo, como una pelusa en su saco. Veinte años sin pensar en nada más que en complacerlo: no tengo proyectos, no he tenido sueños, no he deseado nada. Solo tengo este cuerpo que se envejece por adentro, aunque aún parezca de seda y esta mirada desolada que seduce a los pobremente solos, a los desahuciados del amor, a los condenados de la vida. Pero nada mas tengo. Ni una casa que me espere. Nada más que un vientre obligadamente árido, porque él ha querido  siempre esta puta perfecta al costado de tu vida, "su mejor quiosquito" como le gusta llamarme; y eso soy, un pequeño negocio en el que sólo invierte caricias distraídas y un sexo apurado, de cuando en vez, que me deja siempre en una solitaria sombra, de la que ya no salgo casi nunca. Pero soy mujer de un solo amor, "mina fiel y de buen corazón" como las del tango, señor. 
Fue en el Café de Troncoso que me pareció ver un cruce de miradas chispeantes con la chiquilina ésa, la sobrina de su mujer que vino de Mendoza y huele como a manzanas, fíjese, señor, el olor de la provincia debe ser, porque cuando yo empecé tenía catorce años igual que ella, y no olía más que al perfume barato que Pedro me regalaba para convencerme. Y ahora no, ahora a mis perfumes los compro yo, pero no huelen a manzanas. Y resulta que ayer mismo, cuando iba a darle un beso casi a la siesta, antes de empezar a trabajar, veo que Pedro besaba a la chiquilina como hace tanto y tanto que no me besa a mi. Así, que me fui silbando bajito pensando como de nada en ese cincel que Pedro me había regalado apenas empecé a trabajar en la calle, por si necesitaba defenderme. Y nunca necesité. Mire cómo es el corazón de las mujeres, señor, que ese día trabajé como nunca pensando en Pedro besando a la chiquilina tomándole la cara así, ve? como si las manos fueran alas de paloma, me pareció. Y casi ni me importó esperarlo bajo la llovizna, con todo ese frío. Cuando llegó a la esquina, yo le sonreí con mi mejor cara de puta y no sé que fue lo que lo empujó a abrazarme. Pero eso me dió mas rabia que la que ya tenía y no me costó casi nada meterle el cincel entre las costillas. Sabe, señor? Me miró asustado por la sorpresa y se fue resbalando despacio por todo mi cuerpo. Y yo lo miré como caía y ví toda esa sangre con tanta tristeza! Porque se le había pedido tantas veces en estos veinte años! Y me perdí en la noche... 
 
Cuando ya no pude más, me acurruqué en un umbral y me dormí. Y ahi me encontraron.

No, señor, no me arrepiento de nada, aunque ame yo a Pedro tanto y tanto.
 

viernes, 4 de octubre de 2013

En el camino

Fue ese lunes fresco, apenas soleado, de esta primavera díscola que nos toca en Buenos Aires.
Llegué apurada, pensando sin pensar en el paisaje de esa gran casona rodeada de "coronitas de novia" locamente florecidas y esa glicina, ay, esa glicina!
Manuel me esperaba levemente ansioso y un poco titubeante al elegir el mejor lugar para nuestra charla; hasta que elegimos ese lugar tranquilo en el comedor, cerca de la ventana, casi como si fuera la mesa de un bar. 
Nos miramos para vernos, pues era nuestro primer encuentro. Eramos dos desconocidos; yo sabía porqué estaba allí: buscaba historias; Manuel no entendía muy bien y me miró un momento con desconfianza, pero sólo un momento.
El es delgado, tímido, de mirada como de agua clara, un poco triste. Tiene setenta y pico; habla en voz baja, casi como para él solo.
"Un hombre solo, casi de siempre", pensé.
Y él lo confirmó enseguida: "Ah, no sé si puedo hablar de amor. No he tenido finales felices." Me lo dijo  con su cara de muchacho grande, con una sonrisa apenas esbozada, como de disculpa.
Pero, después fué contándome pequeñas historias, un poco inconclusas; no hablaba de desamores, no. Eran, más bien, como cartas de amor guardadas sin enviar. Breves ilusiones dibujadas en un vidrio empañado en tardes de invierno. Sueños inacabados.
Le pregunté rápido, como para sorprenderlo: "Y de qué se arrepiente, Manuel?"
Me miró con su mirada como de agua clara y me dijo con un dejo de enojada tristeza:
-De haberme conformado. De no haber peleado más. Me hubiera gustado escribir. Como hace usted. Ahora mi memoria...
Y miró por la ventana, seguramente buscando aquellos sueños dejados en el camino.
 
mas Caminos en lo de JUAN CARLOS
 
 
 
 
 
 
 
 

jueves, 26 de septiembre de 2013

mariel, esa duende



ella es así. 
anda siempre organizando la vida, inventando sonrisas, hablando en voz alta, haciéndose la fuerte, olvidándose de ella para no tener miedo, ahora no.
ahora tiene que estar con su hija que se casa el sábado; tiene que ayudarla a elegir el vestido, ver qué flores le adornarán el pelo y cuáles le aromarán las manos. acompañarla a soñar.

ni siquiera se permite pensar demasiado en eso. ni sentir dolor. casi.
cuando su padre decidió morir hace apenas unos días, después de la parálisis, la rabia, el llanto convulsivo, ella lo perdonó de pronto. decidió que eso de "irse" había sido un acto generoso para con ella, y siguió organizando la vida.

eligió para la boda un bello vestido azul con el que estaba preciosa. 
se la veía radiante, linda. "y  feliz", pensé mirándola, admirándola.
y luego en la fiesta todo fue sentir la felicidad de su hija. y bailar. bailar como si todo fuera esa tibia felicidad.

ahora la casa está en silencio. y ella tiene miedo de llorar. no quiere llorar. no quiere pensar. ni sentir. en unos días será la intervención. ese intruso que se metió en su vida, tiene que irse. se arregla el pelo, vuelve a pensar en el color con que pintará la pared de la sala; en el tapizado del sofá.

entonces, piensa, desea, necesita estar sana. saberse dueña de ella, verdaderamente. 
y sentirse lista para volver a amar.


mas verbos de vida en lo de Alfredo, claro.