viernes, 7 de abril de 2017

amores de infancia jueveros


veinticuatro colores


En cuarto grado, Roberto era el dueño de la única caja de Lápices FABER CASTELL en veinticuatro colores, entre todos los alumnos de la Escuela Modelo Nº1, de Gualeguay.
Y a mi me encantaba dibujar!
Por tanto, habíamos hecho un trato que nos ponía automáticamente de novios: yo ilustraba con mis dibujos su cuaderno de clases y eso me daba derecho al uso de sus bellos e inalcanzables veinticuatro lápices que resumían los colores del universo y que se guardaban en un estuche de metal único.
Eso me hacía sentir la heroína de una novela de amor a los diez años.
Mis recuerdos se hacen borrosos en el devenir de la adolescencia y a los diecisiete me fui a Santa Fe a la vida universitaria.

Cuando nos volvimos a ver, habían pasado veinticinco años desde que me fui.
Festejábamos las Bodas de Plata como egresados y ese regreso Gualeguay significó volver por tres días a los diecisiete.
En la cena del encuentro, despues del sorprendido saludo, nos sentamos uno al lado del otro, un poco por casualidad. Nos contamos lo de ese tiempo: él se había casado con la rubia tonta hija del dentista y yo estaba separada de mi primer marido.
Entre la adolescencia retornada y los brindis, los ojos brillantes y la risa fácil nos habían puesto hermosos y seductores, ya saben.

Roberto me invitó a bailar música caribeña y yo acepté encantada. Me gustaron su invitación y su mirada: lo recordaba introvertido y un poco hosco. Pero se había vuelto un hombre buenmozote y amigable.

De pronto, entre baile y baile me espetó:
- Qué suerte que volvimos a encontrarnos y me puedo amigar con mi compañera de cuarto grado, que ahora es esta dulce e interesante mujer.
- Amigarte?- pregunté sorprendida_- estuvimos peleados alguna vez?
- Vos parece que no. Pero yo siempre estuve enojado con vos, que eras mi novia sólo para adueñarte de mis lápices de colores.
Yo lancé una carcajada al recuerdo.
- Teníamos diez años, ha pasado tanto tiempo!
- Pues no tanto si aun tengo esa pena de amor. Y no me ha servido de nada guardar mi lata de Faber veinticuatro colores.

Por un breve momento el silencio le ganó a la risa.
Despues, sopló levemente la brisa de la vida y seguimos bailando como si nada. O casi.

imagen: lápices Faber-Castell - verdeesbueno.wordpress.com



más amores de infancia en lo de MOLI DE CANYER

jueves, 23 de marzo de 2017

jueves: círculos viciosos

descirculada

mis pasos andaban en el círculo
de las sombras que te circundan,
de las luces de tus ojos y tu risa.
seguían por atajos circulares
los senderos circulares de tu vida.

mi boca rodeaba tus labios
 y la redonda yema de tus dedos
dejando huellas circulares
en el bello hueco de tu ombligo
en la búsqueda circular de tu deseo.

en tanto que tu sino, inusitado,
rompía cada uno de los círculos:
ése, el del apretado abrazo,
el de los besos del encuentro,
ésos que buscaban los deseos
y los que mis pasos dibujaban
en el fino alrededor de tus acasos.

ahora estoy acá, descirculada
mirando tu andar desordenado
resbalando en líneas paralelas.
mi corazón libre, desolado.
mi alma llora, loca y liberada.

más círculos viciosos 



martes, 21 de marzo de 2017

un jueves de luto


Se encontraron como todos los jueves, en esa cafetería mal servida y mal iluminada, tan propicia para encuentros como el de ellos.
Se miraron como sorprendidos de la distancia de sus manos, siempre ardorosas y necesitadas de enredarse anticipando el encuentro de los cuerpos. Esta vez, no. Ninguno de los dos fue corriendo la vajilla para dejar libre el camino a sus manos. Ella doblaba y desdoblaba el sobrecito vacío del azúcar y él cruzaba las manos en actitud retraída como en cita de negocios. Tampoco sus miradas se abrieron hacia el encuentro.
Al principio hablaron de trivialidades, eludiendo las palabras que se decían siempre. Pero no pudieron con la infinita tristeza que les apretaba el alma a los dos, como les sucedían todas las cosas, así: de a dos; durante todo el tiempo de aquellos quince años.
Inés lo miró, al fin buscando su mirada:
-Quince jueves desde aquel jueves en que nos quedamos viudos, José. No puedo dejar de contarlos.
Y volvieron a mirarse, como se miraron aquel jueves en que él llegó con esa especie de condena pesándole en los hombros. “Susana se murió esta mañana”. Y se abrazaron como huérfanos, como en el final de algo, como víctimas finales de algo que nunca habían deseado.
Desde ese día, se desearon menos, sin ninguna explicación. Necesitaron de menos llamadas porque sí; se espaciaron los mensajes en el whatsapp, que tanto los divertían. Y los jueves dejaron de ser el domingo luminoso de charlas divertidas y sexo celebratorio de cada semana.
Hasta este jueves que los dos supieron apenas mirarse que iba a ser el último. Se lo habían prometido al principio del amor sin remedio: “Cuando no sea maravilloso, que no sea nada.”
Y hacia quince jueves que la muerte de Susana, como nunca lo hizo su vida, les suspendía el deseo y los regodeaba en la melancolía de un inesperado aburrimiento.
Cuando Inés sintió que iba a empezar a llorar como una niña, dijo un desesperado: “Tengo que irme!”
Se abrazaron esta vez como náufragos de su tormenta perfecta. Y se dijeron al unísono, como le sucedían todas las cosas: “Maravilloso o nada.”

Inés corrió a llorar en un taxi. José caminó como un ciego hasta su auto.


°°°°°°°°°


n/a: aunque he llegado tarde a la cita hay otros lutos en lo de Pikxi




viernes, 10 de marzo de 2017

Bon apetit! para los jueves


Desde hace ya un cuánto tiempo, desde el día siguiente a aquel bello encuentro de blogueras en mi linda Buenos Aires, mi desayuno siempre tiene el mismo ritual: esa taza que ella nos trajo desde su paisito y que siempre contiene el café con leche despertador de mis mañanas; el té perfumado que me traen los amigos de esos lugares donde el té es un compendio de aromas y que me ayuda a reunir las musas; el tranquilo café con leche de mis meriendas y el acompañante café de mis noches de pensar, de sentir sentires diversos, de gozar el silencio poblado de las madrugadas.
Y siempre con mi taza, el recuerdo de Vivian, de Cass, la encantadora geminiana de Uruguay, que mi corazón, mi alma y mi memoria guardan, iluminado.

BON APETIT! para alimentar mi memoria, mi alma y mi corazón!

                                                      manjares en casa de NIEVES

sábado, 4 de marzo de 2017

tu mirada

no sé cómo decirlo
sin que parezca impudicia
pero me ha nacido el deseo
de hacerle el amor a tu mirada.
tocar alguna fibra
que te entorne los párpados
besarlos suavemente
para conjurar el olvido
y luego con la yema de mis dedos
acariciar tus pestañas suaves
con aleteo de mariposas.
con la punta de mi lengua
libar tu lagrimal, la delicia
de la sal de escondidos llantos
de enloquecidas risas.
y cuando yo viera tus ojos abiertos
desnudaría mis ojos solitarios
recostándolos sobre tu mirada.
después, mi boca almibarada
el latido apasionado de mi pulso

el orgásmico suspiro de mi alma.



jueves, 2 de marzo de 2017

relato de jueves: la ventana indiscreta



A ella le gusta sentarse, en silencio, un poco lejos de la gran ventana que separa los ambientes para no incomodar a su Señora. Pero tiene un tácito permiso para permanecer allí y ella espera con ansias el momento de la media mañana, cuando comienza la mayor claridad, en que llega el Maestro.
Antes ha ayudado a vestir a Lisa y la ha peinado cubriendo apenas su cabello con aquel velo color humo y su bonete. Desde que ha comenzado con aquella especie de ceremonia, Rosetta ha notado que la Señora se perfuma con Acqua de Giglio que su hermana le había regalado y guardaba sin usar. Ya ha renovado tres botellas del perfume.
Ahora, tras cruzar la calle que separa las dos casas, ha llegado el Maestro con su caja de pinturas, su gesto firme y su apostura. El atril cubierto con un lienzo permanece en un rincón de la pequeña sala contigua al gran comedor -donde se instala Rosetta- y es el lugar más luminoso de la casa.
Lisa lo espera como cada día, desde un rato antes, con la espalda erguida y la mirada alerta. Se saludan con apenas un gesto de la cabeza y es cuando Rosetta se cautiva con ese ritual de deseos escondidos que sucede tras la gran ventana y del que ella es espectadora de privilegio: su condición de criada la vuelve invisible.
Con el fondo musical que dan los arpegios del arpa que el joven paje ejecuta para ellos con manos angelicales, el Pintor apronta sus menesteres, mientras la pequeña sonrisa, con comisuras de niña y labios de cortesana, se instala en el rostro de Mona Lisa, cuyo cuerpo conserva aún el misterioso vestigio de la reciente maternidad, al igual que su mirada.
Los ojos del Artista la recorren lenta, largamente y Rosetta sabe que él ama a aquella mujer. Lo sabe cuando lo ve rozar apenas su cara para corregir la inclinación del rostro y ve a su Señora poner una mano sobre la otra, con una caricia contenida que ahí ha de quedar. Ella siente cómo, entre las notas del arpa, se enreda el inquieto deseo de la madurez con el suave deseo de lo impensado.
Se lo confirma todo ese largo tiempo que se sucede sin que el Maestro se inquiete por su obra inacabada, sin que la Mona Lisa se incomode con aquellas horas de quietud. Que él tenga cada vez la mirada más ardiente y la joven cada vez más misterio en la sonrisa.
Es un indiscreto escenario aquella ventana.  

otras ventanas en casa de Alfredo

p/d: disculpen ustedes esta licencia.
imagen tomada de internet.

lunes, 20 de febrero de 2017

nubes



me ha invadido una nostalgia anticipada.
un perfume de despedida
se enreda en mi pelo quieto
y a mis manos les duele tu piel
intocada
ausente ya de las yemas de mis dedos
de mi lengua adormecida
de mi boca
sin la línea de tu espalda.
se regodea mi alma en la melancolía.
un presentimiento oscuro
de que ya no te veré llegar
me inunda de nubes la mirada.


el amor es un viajero incierto.








viernes, 17 de febrero de 2017

relatos de jueves: imágenes demiúrgicas

LA CREACIÓN

Él ha estado ahí, Hacedor y Artesano.
Inmaterial y perfecto.
En la profundidad más oscura,
teje con raíces, fibras humanas,
precisos intestinos de aves canoras,
llantos de amantes torturados,
sibilantes lenguas de serpientes.
Amasa una materia perfumada y rara
a espaldas de ella, deslumbrada por el caos
cegadas de gélidos destellos.
La Amante del Bosque no puede verlo
pero lo intuye en el silencio.
Y entonces lo ve erguirse ante ella,
insustancial y asombroso,
pariendo un espantoso alarido
que se convierte en vidrioso grito
y penetra en el tejido de raíces y fibras
lenguas e intestinos maravilloso desorden
que se ordenará en sus divinas manos.
Es Demiurgo su creador luminoso,
Hacedor y Artesano
el que la yergue en toda su belleza;
la nombra Regina Clamor y le da el Grito.

Así la ha nombrado.

más Demiurgos en Hurlingham

Imágenes de Internet: Demiurgo y Nicole Kidman

martes, 14 de febrero de 2017

ustedes disculpen!

STOP, CHICO!



Imagen: Adictamente, blogspot.com

domingo, 12 de febrero de 2017

domingo gris color de rosa



Porque soy una curiosa de la gente que veo en el subte, en la calle, en los bares donde me gusta tanto mirar, voy siendo testigo de una historia que les quiero contar.
Al lado de mi casa hay un Bar en el que me gusta leer y escribir, junto a una de sus ventanas.
Ellos fueron apareciendo puntuales ante mis ojos hasta que se me hizo una rutina esperarlos, aprender sus gestos, observarles el amor y el deseo, descubrirle las penas, envidiarles el brillo del encuentro.
Lunes y viernes son los días en los que me acostumbré a esperarlos. No sé de dónde vienen; llegan separados, apurados, ansiosos. Son adultos jóvenes y lindos los dos. Él con anillo de casado. Ella con un amor que le inclina el cuerpo y le lleva las manos y los ojos hacia él, inevitablemente. A veces, seguramente cuando han podido robarle a la vida más tiempo, se también adónde van, porque puedo verlos desde la ventana del Bar que suelo elegir, pero a eso no voy a decirlo.
El caso es que mi alma se alegraba cuando los veía llegar, casi nunca juntos. Y espiaba su encuentro como un testigo no invitado. Disfrutaba como con una peli romántica sus días felices, de susurros, carcajaditas, manos enredadas y besos por los intersticios de copas y tazas. Me reocupaba cuando había algunos días como un color de nostalgia separando sus ojos y sus manos.
Pero hoy, justo cuando yo ensayaba escribir sobre una despedida que no me lastime el alma, en otro domingo lluvioso de otoño en el verano de Buenos Aires, llegaron juntos y desaliñados de lluvia y abrazos. Se reían sin tapujos y hablaban pisándose las palabras acariciadas por sus miradas. Tomaron un lujurioso desayuno con hambriento empuje de amantes después del amor, y derramaron una copa con caricias atropelladas. Caramba!
De pronto, sentí que aquel pájaro azul del que mi madre me enseñó a seguir el vuelo y que hace largo tiempo se me había escapado, ha vuelto a posarse en mi hombro mientras veo la ilusión de aquel amor posible; y se ríe con esos amantes mi corazón.
Eso sí, me sentí un poco cursi cuando comprobé que él ya no lleva su anillo de casado y casi me pongo a aplaudir a Cupido de pie, cuando lo descubrí en el alfeizar de la otra ventana, mirándome por el rabillo del ojo con los rizos brillosos de lluvia.




martes, 7 de febrero de 2017

tetas en buenos aires

por un pequeño lío
de tetas y policías
en una playa de por acá,
un grupo de chicas ofendidas
muestran hoy sus tetas
en la plaza del Obelisco
rodeadas de un montón de tipos
con ojos babeantes
y gestos de entendidos.
porque ellos saben.
saben que hoy se regodean
con las tetas de las feministas
jajaja con las minitas
y nadie se acuerda ya
de las que matan a escopetazos
de las que violan los chicos lindos
y de todas todas esas mujeres
presas de su tristeza,
silentes y solas con las que cojen
a las que ignoran y humillan
sin ningún maldito permiso
mientras las chicas militantes
muestran sus tetas junto al Obelisco.
inutilmente, grito, lloro, maldigo
son todas todas una menos
encerradas en si mismas
y puntualmente olvidadas.


imagen andreas-heumann


domingo, 5 de febrero de 2017

otoño de verano

                                   serie los Amantes- Josefina Robirosa

Hace, a 5 de febrero en Buenos Aires, un domingo como de otoño, lluvioso, frio, inopinado; y así, como si nada, me he puesto a leer otro cuento triste de Hemingway, como si te estuviera esperando. Como si de verdad estuvieras por llegar a darme un beso de recién enamorado, comentando la lluvia y tras la copa de vino que sirvieras, te contara/me contaras todo eso que nos falta saber de nosotros, como si fuéramos cómplices de nuestras vidas para siempre.
Y, pobre Hemingway abandonado en sus colinas como elefantes blancos, se me va contigo el pensamiento.
He decidido creer que todo será verdad. El beso, el vino, contarnos la vida. Y el encanto del amor.
Me gusta esta aventura de pensar y sentir, como si fuera esta vez para siempre. (Total que el para siempre está ahí, tras la puerta.) Que otra vez esta noche dormirás conmigo y la lluvia, después de hacernos el amor tan desapurado y extenso como nuestros cuerpos fueron aprendiendo cruzando tiempos y amores. Que no vivirán con nosotros la rutina y la impaciencia. Que esa costumbre de reírnos por nada y de todo será un escudo infranqueable.
Me empina la espalda y me alumbra el ombligo olvidar los avatares, jugar con ellos, mentirles, eludirlos; planear encuentros  improbables y tejer clandestinas complicidades de amantes; inventar una mañana cualquiera con tus zapatos al otro lado de la cama, y tu suave respiración cosquilleándome la nuca.
Y al revés de este domingo, mi otoño enloquecido de verano.
Vos sabés.


viernes, 3 de febrero de 2017

jueves de nieves y lluvias

esa lluvia



Se despertó como si no hubiera dormido. Fue hasta el espejo y se miró como en el último tiempo, con enojo y sin piedad. Ahí estaban ellos otra vez, los de la mirada desolada. Y aquellos surcos que le fue poniendo la tristeza a los lados de su boca. Su pobre boca con tanto y tanto tiempo sin esos besos con cosquillas en el centro de la espalda, tan distantes de la soledad. Volvía, eso sí, a reencontrarse poco a poco con su cuerpo. Se quedó parada ante sí misma, en suspenso. Y envolviéndola, su alma; su alma loca amotinada en la barricada de la juventud que se negaba a abandonar.
Esta mañana estaba asustada, además. Aunque la cita era para el anochecer, toda aquella osadía con la que había provocado aquel encuentro, había desaparecido. Miró por la ventana un cielo gris de verano, de ésos que siempre anuncian lluvias intempestivas. Iba a ser un largo día.
Fue pasando el tiempo como ella pasaba los problemas sin solución, haciéndose firmemente la distraída. Realizó las tareas que menos le gustaban y luego hasta canturreó regando las plantas de su balcón, a las que nunca mojaban las lluvias. A las cuatro comenzó a lloviznar y ella leyó un rato a Hemingway, sólo para acostumbrarse a la idea de Raúl. Eso fue un error: aquello sobre el infinito poder de la sensualidad y el destructivo poder del desaliño que este hombre le adjudicaba al escritor, engancharon su autoestima en un alambre de púas. Para las seis había dejado de llover.
En el taxi que la llevaba a la cita decidió tres cosas: confiar en su perfume, en ese toque de rimmel y en su pintalabios; reemplazar aquel temor a la realidad, por simpática desfachatez y no olvidar que, al cabo, los dos eran gente mayor. Ya no había inquietudes de relojes a destiempo, pensó con alivio.
Y entonces, un repentino chaparrón la empapó sin poderlo evitar, en la corta distancia desde el automóvil a la entrada del Bar. Aprovechó la risa que le provocó mirarse en el vidrio de la puerta e ingresó buscando a Raúl que se puso de pie, nervioso, apenas reconocerla, tratando de disimular el disgusto que le causaba lo que había hecho la lluvia con ella.
Ella se acercó como él no lo esperaba, tocó apenas su prolija barba y besándolo casi en la comisura, le susurró: “Si piensas que este desaliño ha destruido mi sensualidad, te pierdes todas mis malas intenciones!”.
Y él reaccionó como ella lo deseaba. Dejó un billete sobre la mesa y la tomó del brazo llevándola de salida: “Si es así, no desaprovechemos la lluvia.”
Largo mastarde después, cuando ya habían hecho el amor sin inhibiciones ni precauciones, casi del mismo modo que lo habían imaginado, fantaseado, deseado, en aquellos largos mensajes por internet, antes de esta lluvia que los desaliñó a los dos y les recreó la sensualidad, se miraron sonrientes, reconociéndose, todavía desconocidos, todavía un poco asombrados de ellos mismos.

Y desearon otra lluvia como ésa, para cada encuentro como ése.

lluvias y nieve en MOLÍ DEL CANYER
(gracias, Molí, por la imagen!)




martes, 31 de enero de 2017

abrazos y aplausos para ella


        TÉ PARA FINALIZAR LA CUESTA DE ENERO
y como ya tenemos la cartera tiritando, os invito a este té baratito pero hecho
con mucho amor


¡Cuidado!, no os vayáis a quemar, que está humeando.
¡Feliz fin de Enero! 

Publicado por Tracy en su blog TRACYCORRECAMINOS

viernes, 27 de enero de 2017

jueves de soledades

después de pelearme todo ese tiempo con mi cuerpo y el reloj, con el maldito desencuentro entre mis adentros y mis afueras, por así decirlo; después de tropezar con los anuncios de mi vejez y los pertinaces deseos jóvenes que aún sobreviven en mi alma, de caerme y levantarme, literalmente, con llantos silenciosos y sibilantes enojos, una tarde plácida de comienzos de verano había empezado a aceptar (sin otros amores que los que siempre están) que aquel pájaro azul ya no se posaría en mis hombros y que no estaba tan mal esa soledad desavenida con todos mis sentimientos, pero tan saludable para una vida tranquila de señora mayor. era una soledad levemente infeliz, escondidamente triste, pero que me permitía reir con mis amigas, con mis hijos, con Cleo, maquillarme a veces, perfumarme a diario.
pero un día de ésos de reirme con Laura, se puso en pie la loca que se desmayaba en esa soledad levemente infeliz, escondidamente triste y me llevó por esas veredas donde te encontré. fue cuando esa loca se alió con esos pertinaces jóvenes deseos y me puse a vivir -otra vez!-, despensando  por el sonido de tu risa y por esa forma de mirarme sin mirarme, que Cupido nunca fue mi amigo y aun peor, olvidando por completo que la esperanza es traidora.

y ahora estoy acá, aterida y débil, definitivamente débil, enamorada como una muchacha, con este oscuro miedo de que no me elijas, que cruces de vereda, que no puedas romper esa promesa, que ya no sean la ilusión y el embeleso, que quede yo mirando el ocaso, absurda cenicienta descalza. Y sea sólo la maldita soledad, ya del todo infeliz y desembozadamente triste. 

mas soledades en casa de Pepe


viernes, 20 de enero de 2017

jueves: tutor y tutorias




el amor, siempre es el amor.
   
                    





Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
                                                                                                                                                                                              El Amenazado – Jorge L. Borges 

Al principio, ser guía de tu inteligencia, apoyo de tu loca fantasía, timonel de tus velas desplegadas, socio de tu adolescencia adolescente, fue como emprender la aventura de aprender enseñando, aunque suene trillado. Era yo un joven docente con buena currícula profesional y vos un estudiante versátil y díscolo al que había que amoldar a los modos de esa Escuela de Artes.
En el comienzo, fuiste un claro desafío que colmaba mis mejores expectativas de maestro y apoyo de tu formación en las artes.
Y me clavé como un tutor en el centro de tu vida: no tuve que hacer nada más que verte crecer. Fuiste bebiendo de mí como una planta nueva y comenzaste a pegarte a mis ojos y a mis palabras, a trepar por mi vida como una enredadera, abrazándome con tu risa, tus colores, tus sueños, tus inquietudes sexuales. El secreto que te atormentaba y que te ayudé a mutar en valentía buscadora de felicidad.
Te transformaste en un artista dúctil, reinventándote en colores y formas, creciendo en un cuerpo esbelto y gracioso, mientras yo, en el mismo centro de tu vida, iba aconteciendo en un hombre gris, cuidando de que a tus ramas no las quebrara el viento. Se agotaba mi savia en la cobardía de mi secreto, como en un viejo tronco seco, porque siempre fuiste vos y no otro.
Cuando me contaste que te habías enamorado de Juan, que te ibas con él, mi corazón salió de mí para vivir a tu vera, Javier. Una espada de dolor atravesó mi cuerpo, ya liberado, preso para lo sucesivo, cuando después del largo abrazo, tu alma agradecida me miró en tus ojos.
-Es el amor, querido Maestro. Amigo querido!...
-Siempre es el amor, Javier – contesté, ya sin mí.



más de tutores y tutorías  en casa de San








miércoles, 18 de enero de 2017

abrazos y aplausos para él

Mis queridos, vuelvo a abrazar y aplaudir de pie las letras que me encienden la cabeza y el alma.
Vaya por mi admirado TORO SALVAJE.

NAUFRAGIOS
Soy un náufrago.
Un náufrago definitivo.
Del tiempo.
Del amor.
Y de la vida.
Soy un náufrago
y no me avergüenzo.
Soy un náufrago insalvable.
Soy un náufrago irreversible.
Pero no soy un náufrago ciego.
Veo los naufragios de los demás.
Naufragios terribles.
Naufragios trágicos.
Naufragios horrorosos.
Y veo cómo los disfrazan.
No digo nada.
Dejo que abran la boca
y me expliquen
con sus lenguas
rotas y embusteras
lo estupendas
que son sus vidas.
Pobres náufragos ciegos.
Pobres cadáveres fantasiosos.
Ya no engañan a nadie.
Sólo a sí mismos.
No vale la pena desenmascararlos.
Dejo que actúen.
Y que me compadezcan.
Parece que les sienta bien.
Los náufragos ciegos
y los cadáveres fantasiosos
suelen apiadarse de mí
y para bordar su ridículo papel
me dan insoportables consejos
que tras taparme la nariz
lanzo inmediatamente a la basura.
Y sigo sin decirles nada.
Me dan lástima.
Dejo que sigan actuando.
Bastante pena tienen
representando esa farsa
de vida maravillosa
que nadie se cree
durante todos los días del año.


Escrito por TORO SALVAJE

lunes, 16 de enero de 2017

urgencia


                                                            para vos y mi alma

no es
que haya andado
buscando encontrarte.
sólo te esperaba.
atrás de mis ojos te esperaba,
( en la yema de mis dedos?)
en las solas madrugadas;
en el reflejo rojo del vino en mi copa,
en el pan y los trozos de queso.
y en mi alma apurada
con el paso desgajado
de los que no tienen tiempo.
ahí te esperaba.
entonces te llamé
porque ahí estabas.
nos miramos como viéndonos.
y fue posible el olvidado embeleso,
la “vana música del grillo”,
el recodo del sendero, mi risa loca.
el universo gris, iluminado!
la negación de la distancia.
la desbocada inconciencia
del adiós acorralado.
y el ombligo, los sueños,
ignorar la infeliz encrucijada.
elegir la vida con urgencia.







miércoles, 11 de enero de 2017

para el mes de abril


                                                               



                                                                          ("quien se canse de tus abrazos no voy a ser yo")

  el año que viene, o mejor dentro de unos años, cuando yo sea yo sólo de a ratos, y esté con las chicas en el Geriátrico, un día cualquiera del mes de abril (si no me lo han robado antes), en uno de esos ratos en que yo sea yo, les voy a contar a todos: a las chicas, a las enfermeras, a la cocinera y al Psiquiatra, que fui amante de Kevin Johansen.
  nadie sabrá si es verdad o mentira, porque yo seré yo de a ratos; y todos sabrán ya que soy una vieja loca.
  pero yo sí me lo voy a creer y seguro que eso me hará feliz hasta la próxima  Navidad!
  sólo tengo que acordarme de éso: de creérmelo.