había transcurrido todo con una crueldad innecesaria.
despedirse de ella justo un domingo a la tarde, lo hacía sentir un imbécil ahora mismo.
habían hecho el amor luminosamente.
Beatriz estaba feliz como una adolescente: era el primer domingo que estaban juntos.
cuando le dijo que ya no la vería más porque se estaban complicando las cosas con su mujer, ella lo miró como si se estuviera cayendo y le preguntó: "viste que precioso está el geranio que me regalaste?"
luego le volvió la espalda y antes de comenzar a respirar con el ritmo pausado de los que duermen, le dijo suavemente: "no quiero que me avisen cuando te mueras".
él se quedó un momento sentado en la cama, sin pensar en nada. miró un momento el libro cuya lectura habían compartido después de las caricias y las risas de Beatriz, y decidió irse en silencio.
antes de cerrar la puerta escuchó un leve sollozo.


Qué triste me he puesto, tendré que remontar esta tristeza.
ResponderSuprimirtriste pero bello
ResponderSuprimirNaaa...esa alma de èl ya vivìa "asolada", apenitas se diò un respiro para sentir a la vida y rapidito, antes de enterarse que es posible vivir de otra manera, vuelve a meter la cabeza bajo la tierra.
ResponderSuprimiruff...
Ese hombre parece asolado antes de decidir que debe irse queriendo regresar, ella solloza una nueva vida.
ResponderSuprimirAbrazo!
Exclente. De las frases que ella tenía para decir, probablemente esa era la mejor opción.
ResponderSuprimirUn saludo.
Estos escritos me dejan un sabor amargo. Bueno, de hecho son amargos. Pero digo, es como si yo hubiese estado ahí. Una amargura particular.
ResponderSuprimirSuerte que existen los geranios.
ResponderSuprimir(Y me has dado la respuesta...tantas ventanas adornadas con ello...un arma, un salvavidas, un recordatorio...)
No sé.
ResponderSuprimirÉl me pareció cobarde.
Ella, valiente.
Los geranios siempre vuelven a florecer.
Que fuerte.
ResponderSuprimirQue duro.
Jo.
Besos.
Del él y ella los geranios que quizás pronto marchiten, pero de usté se desprende toda la ternura que hace tiempo vienen perdiendo los literatos
ResponderSuprimirSiempre estupenda amiga.
ResponderSuprimirBuena jornada de sábado.
Las tardes de domingo deberían ser desterradas. Y tu mirada sobre esta escena, conmueve.
ResponderSuprimirMe gustó mucho Miralunas.
Besos,
Que pecado perder esa luminosidad y dejar todo en una maceta. Alguien debería ocuparse seriamente de la humanidad los domingos a la tardecita. Un beso!
ResponderSuprimirCada vez que se cierra un amor, incluso los martes a la tarde, o las mañanas de cumpleaños… son domingo al atardecer.
ResponderSuprimirQue duela tanto me menciona que es un excelente cuento.
Un beso,
D.
:)
ResponderSuprimirSeguro que sería inolvidable.
Besos.
Jo, simplemente GENIAL, mi querida amiga!
ResponderSuprimirMe ha dejado un nudito en el alma que...
Muxutxuak!
;)
la belleza de lo triste
ResponderSuprimirel piensa, allí junto al geranio ...es que "¿¿¿alguien debería amar profundamente un domingo a la tarde, y un lunes y un martes y miércoles y jueves y porque no viernes y sábado??... q estoy haciendo yo con mi amor?
ResponderSuprimirestoy en problemas.con MI amor en maceta.."...
dulce y claro tu post...
PABLO FRANKO dice:
ResponderSuprimirYo opino que los personajes de esta historia deberían dejarse llevar por sus instintos y revolear macetas y zapatazos por doquier hasta quedar exhaustos.
Un abrazo Reina
Excelente historia. Muy real.
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