miércoles, 29 de abril de 2009


mujer-gustav klimt
cuando me miro
mirándote
se diluye mi historia
pierdo
algunos malditos recuerdos
guardo
algunas buenas memorias
redibujo
toda mi sensualidad
y soy la que soy.

insoslayable.

sin edad.

martes, 21 de abril de 2009

Contándole a Esmoris


A veces, la maldita rutina me tira de la manga, me pone el pie en la nuca, me hace morder el polvo.
Me roba el tiempo sin que importe a qué hora, si llueve, si es domingo, si el silencio.
Me piratea el alma con arpones de cazar sirenas, sin pena por nada de lo que me quita; riéndose creo.
A veces, me chantajea el corazón disfrazándose de entrañable cotidianeidad, de cocina para dos, de ratitos de lectura y luego me lo cobra con la peor de las usuras.
Pero algún día de esos me detengo en el espejo y entonces, me doy cuenta de que me sangra un poco la mirada. Descubro como una transparencia grisácea en la sien, un imperceptible gesto de darme por vencida en las comisuras. En un instante lo descubro; y lanzo a mis tripas un inaudible alarido que ensordece al silencio.
Y la venzo otra vez.
Y comienzo a sentir de nuevo mi garganta, el borde de mi escote, la yema de mis dedos, el ruido de la calle, mi mirada…., en fin, la brisa de la vida.
Y vuelvo a mis pequeños recovecos donde siempre hay un río de vivir, con todos sus accidentes, con sus corrientes que van saladas y vuelven dulces, con las voces, las miradas, el gusto del pan acompañado y solo, la soledad, las letras, las palabras, sus abrazos. Mi almohada que vuelve a ser amigable y fresca.
Y entonces, soy Alicia y el Conejo, soy Catalina , soy Aleida, soy la que vende chipas, soy Josefina, soy Marta, soy Arlenne, soy la que regala chupetines en el kiosco, soy la que sabe los secretos de Tutankamon, soy Julieta enamorada de Narciso y soy esta Miralunas que miras caminar tropezando con las palabras, desnuda de sensualidad, deseosa de amores y buscadora de respuestas.
Y, por eso, puedo tener la ocurrencia de juntar piedritas y venir hasta tu ventana.
Y allí estás, con tu alma como un arcón que te alimenta la vida y el mar que has elegido, y la insistente presencia de tu ausente Reina del Plata.
Acá estás ante mis ojos, regalándome tus miradas, tus dorados senderos de letras por donde esta alma mía, tan loca y tan lúdica por suerte del destino, se regocija inacabablemente.
Vengo de leerte, fatigada de gozo.
Vengo con la certeza de renovar el asombro ante esa forma que tiene de habitarte la maravilla.
Te beso la mente, poeta y te abrazo los adentros, querido Roberto.

lunes, 20 de abril de 2009


tus ojos
te cuentan
el color de mis ojos.

(y te engañan!)

ese
es el color
de mi mirada.

(cuando te miro.)















miércoles, 8 de abril de 2009

mi nombre



el desamor
encaracola el alma
desinventa la ilusiòn
desmaya al angel
que nos vela el sueño.

y hasta que llegaste
me visitaba eros
me ausenciaba cupido.

por eso
cuando tu abrazo adormilado
me entibia la espalda
y el beso
que se resbala por mi hombro
hasta mi oido
susurra que me adoras

siempre espero
que me nombres
con otro nombre
y entonces
dices te adoro
nombrándome como me nombras.

mi alma se desencaracola
se reilusiona el angel, encupidado.
y me duermo.
recreando el asombro.

martes, 7 de abril de 2009

aplausos y abrazos para ella

Silencio...
.En el grito mas desgarrador
el que nunca se convertirá en verbo
para ser oído
mas que en la propia cárcel
de mi interior dolido
ese que recorre milímetros de mi sangre
sin oxigeno.
.Silencio que ha buscado
desde los siglos
su significado, su complice, su dueño
que hoy resuena
como campana muda
y se exilia en el peor de los tormentos.
.


Silencio solitario y desnudo.

.
escrito por Cecy siempre Cecy

lunes, 30 de marzo de 2009



Queen
en la madrugada
y en la calma
de las sábanas.
.
mirabas
la musica
por dentro de tu alma
con tu mano
dormida en mi espalda.
y yo
te miraba a vos
con la vulnerable certeza
de nuestro amor
cuando te miro.

martes, 24 de marzo de 2009

alicia y el paraguas





El otoño había puesto amarillo el aire de la tarde y corría entre las tipas un airecito amigable.

Y en aquel pedacito de Buenos Aires, bello y distinguido, algún palomo enamorado arrullaba entre las ramas.

Llegué a la plaza en busca de ese silencio poblado de sonidos que tienen las plazas en los atardeceres de domingo, porque el libro que estaba leyendo requería ese lugar y ese aire.

Mientras caminaba por la vereda que la rodea, mis ojos chocaron con un paraguas, de esos plegables, abandonado junto a un ligustro. Se le veía en el estampado sucio de barro seco, que alguna vez había sido bonito y elegante. Me despertó un pellizco de melancolía su abandono.
Me senté en uno de los bancos donde el fino encaje de las tipas dibujaba movedizas gotas de sol.
Y cuando recorrí el lugar con la mirada, me encontré con ella.
Tal vez tuviera unos setenta años.
Estaba sentada apoyando apenas su cuerpo en el asiento, con la espalda erguida y la mirada lejana. Estaba maquillada con un poco de locura: lo digo por la sombra azul que embardunaba su mirada clara, sorprendentemente joven. Y luego el rubor melocotón y sus labios encremados con un color rosado intenso.
Sin embargo, su figura vestida con ropajes de telas haraposas que habían tenido mejores tiempos, era de una distinción insoslayable. Tenía las pequeñas manos cubiertas con unos guantecitos tejidos por manos sutiles, enlazadas a una preciosa cartera de charol de principios del pasado siglo. Y con un gesto entre pícaro y dulzón, cuchicheaba con alguien invisible.
Mis ojos y mi alma, y mi imaginación ociosa, se regodearon por un largo rato con la imagen de aquella mujer que debió ser bellísima.

Cuando iba a retomar mi lectura, desde un banco vecino, como por arte de magia, en el diálogo de dos hombres cincuentones, muy elegantes, ubicados en un banco cercano, me llegó su historia.
Fue así como se los cuento.
- Pero, Juan José, ahora que la veo bien, aquella no es Alicia Cullen Espinoza?
- Ah, sí! Es ella…, es ella! Mirá vos!
- La miro y casi no puedo creerlo!... Qué hará en el barrio?... Me habían dicho que estaba internada, medio loca, pobrecita.
- Je! Esa pobrecita está en el recuerdo de casi todos nosotros. Te acordás qué flor de mina que era? Una princesa que te amaba como una diosa, por algunas monedas. Mierda! Qué hato de giles, ni nos dábamos cuenta.
- Vos fuiste a su casa también, flaco? Te preparó ese té de azahares con no sé qué licor? Te convidó con aquellas masitas de almendra?
- Si. Fui. A mi me llevó a su casa Ricardo, el primo. Te acordás de él?
- Me acuerdo. Era una porquería de tipo que se ganaba unos mangos con la desesperación de ella. Sabés, hermano? Nunca mas estuve en otras sábanas como aquellas, ni me besaron por el centro de la espalda como ella me besaba.
(Y ella seguía ahí, ausente, con la mente enmarañada en dios sabe qué recuerdos que le ponían la sonrisa como burlona y sensual, a pesar de toda aquella pintura).
- Cuántos años teníamos en aquella época? Catorce? Quince?
- Cuando Ricardo me la presentó, yo tenía catorce – se queda el llamado Juan José, por un momento en silencio, y luego decide: Mirá, te voy a contar un secreto. Fue una tarde de domingo, también. Dije que iba a misa y me fui a aquel altar –cuenta con intima sonrisa- lo recuerdo perfectamente porque ella me desvistió muy despacio dejándome solo los zapatos. Fue tan excitante, que apenas comenzó a besarme eyaculé sobre mis zapatos. Y si alguna mujer me besara otra vez así, creo que volvería a pasarme lo mismo.
- Ah, cómo besaba esa mina, hermano!.... Cómo besaba!...
- Y esa manera que tenía de tocarte… Tenía las manos como de seda, no?
- Me acuerdo una vez, que me acarició y me besó tan lentamente que casi enloquecí de gozo y luego pasó un dedo por mi semen y se mojó los labios, mientras me miraba con esa mirada tan clara, tan lejana, tan transparente… Ay, Juan José, le daría a mi mujer lo que me pidiera por algo la mitad de parecido a aquello!
- Seguirá siendo virgen?
Esa pregunta me hizo perder mi posición distraída, simulando que leía y los miré sorprendida.
Aquellos dos hombres, que habían ido cambiando el tono de sus voces hasta hacerse íntimo y ronco, miraban a la dama con tanta intensidad y tanta emoción…
Yo la miré también y ella había cambiado su posición y apoyaba su codo sobre el respaldo del banco y el mentón sobre la mano, como si posara para alguien en actitud de remembranzas.
Mi loca curiosidad, inclaudicable me llevó hasta ella, que me vió llegar como si me esperara.
- Buenas tardes, señora. Usted se llama Alicia?
- Si. Me llamo Alicia Cullen Espinoza, si aun me llamo así –me contesto sonriendo, con una voz joven, sensual, inigualable.
- Aquellos dos hombres hablan de usted con profundo amor.
- Ah, esos muchachos de ahí?
- Si, esos hombres- repetí.
- Deben ser amigos de mi primo Ricardo- se rió apenas, como para ella y con esa mirada tan clara, tan lejana, tan transparente, continuó: -Yo era la joven mas rica y mas mimada de este barrio, sabe usted? Pero luego mis padres murieron y me volví un poco loca.
- A qué edad le sucedió eso?
- A los treinta años, creo. Se me ha ido la vida entremedio… No sabía hacer otra cosa que tocar el piano y Ricardo me dijo que era lo mismo que acariciar. Y que besar era como tomar el té. A mi me encanta el té!
- Ah… el piano y el té la hacen feliz?
- Ya no. Pero entonces…, entonces venían aquellos jovencitos y ellos me dejaban un poco de dinero por un instante de música, un poco de té, mis caricias y mis besos. Esos cuerpos desnudos a mi merced eran obras de arte, si pudiera usted entenderlo.
- Lo entiendo, claro.
- Y como decía mi primo Ricardo: qué mas puede pedir una loca? Y me dejaba siempre un poco de aquel dinero…
- Igual, esos hombres hablan de usted con amor- dije más para mí que para ella.
- No se deje engañar, querida. Una loca también puede esperar que alguien la ame, le regale un beso, una caricia, una taza de té. Y a mi nunca nadie…
Y entonces, ella se puso de pie y comenzó a caminar lentamente hacia la puerta de la Iglesia que preside la plaza.
Los hombres ya no estaban.
El aire había comenzado a ahumarse de noche.
Y yo pensé, inevitablemente, en aquel paraguas abandonado.

domingo, 22 de marzo de 2009

cada tanto


Estos días he andado así, enfurruñada.
Cada tanto me pasa, pero es que antes vos no estabas.
Y cuando me pasa es porque me canso.
Me cansa un poco la cotidianeidad.
Me entristece.
Se esmerilan los colores y me duele la vida en los hombros.
Se me pone áspero el corazón de una forma inexplicable.
Y mi alma podría pasar indiferente por sobre un dibujo de Rayuela sin intentar llegar al Cielo.
Así que me da por llorar. A ratitos. Un lagrimeo y un sollozo.
Nada que pueda espantar a los duendes.
Y luego, le dedico un guiño a mi mirada de siempre, y hago que las lágrimas me embrillen la mirada.
Y me vuelve la risa, en un momento.
Es que antes vos no estabas.
Nononono.
No quiero hablar de nada.
Mejor, quiero estar un rato en silencio. Mirándome las tripas.
Escuchando el camino de mi sangre.
Viviéndome a solas un instante.
Ahora ya puedes abrazarme.
Necesito tus brazos. Tu mirada. Tus besos.
Nuestros besos en los marcos de las puertas.
Nuestras charlas interminables de piernas entrelazadas, mezclando la risa con lo serio.
La rutina con la magia. Acunando nuestro amor entre las sábanas.
Es domingo y ya sabes.
Me gusta vivir contigo los pecados que elegimos para reirnos del infierno.
La fiesta de nuestro amor que nos despierta el hambre que enmiga la cama y la pereza insoslayable de la siesta.
Y que nos amanezca el anochecer!...
Me pasa cada tanto la tristeza.
Es que antes vos no estabas.

miércoles, 18 de marzo de 2009

elogio del amor


los besos
que no damos
se mueren de frío.
Toro Salvaje
.
has puesto
tu color y tu música
en el orden
de mis cosas de mi casa
de mi vida.
.
cada noche
cuando vuelvo
al resguardo
de mi elegida soledad
la encuentro
confundida en tu abrazo.
.
mis gatas
vienen distraìdas
a saludarme
y la luz
de la alcoba esta encendida.
.
has puesto
tu presencia
donde antes yo dejaba,
en silencio,
mi desmañado
vestido de la calle.
.
y mis besos
ya no son
esos besos que se mueren de frío.
.
pero
guardo en el espejo
a la de antes
no quiero
que te vayas
y me lleve consigo el olvido.



martes, 17 de marzo de 2009

graciela haydeè aguirre


El 17 de febrero de 2009 el Tribunal Oral Nº4
de La Matanza, Provincia de Buenos Aires, Argentina,
absolvió a Graciela Haydeé Aguirre,
la mujer acusada de haber asesinado a su marido,
el 4 de junio del 2007.


allí está ella
narrando la épica de su dolor
sangre decolorada su llanto

es pequeña
(quién lo diría?)
tiene la mirada oscura e intensa
boca de besar
cuerpo de mujer.

y tiene
atado a su tobillo
un grillo acusador.

allí esta él
pensando.
pensaba yo
en él, pensando.
el Señor Fiscal.

y allí estan ellos
escuchando
tres hombres mirando
a la mujer pequeña
que enjuga lágrimas
y horror.
allí está el Tribunal.

y acá
estoy yo
mirándola en el televisor
sin poderla abrazar.

graciela haydeè aguirre
que para decirte
inocente
te obligamos a matar
soy tu compañera.

martes, 3 de marzo de 2009

ahora es la hora



te ríes de mi

te burlas de mis miedos
me quitas
el alfiler de la espera
y me pones
cosquillas de ángel
en la espalda

pájaros asustados
dices
y me llenas
de esos besos las palmas

murciélagos desolados
anuncias
y me cosquilleas
con la humedad de tu risa

ángeles de la guarda
suspiras
y dejas tu cabeza en mi regazo

te burlas
de mi
en la madrugada
e instalas
tus zapatos
debajo de mi cama

el amor
es un palomo
que arrulla en mi alma.

sábado, 28 de febrero de 2009

vuelve ya




ahora
es esa hora
en que vuelan
los pájaros asustados
los desolados murciélagos
algún ángel de la guarda
.
es la hora
de temer ausencias
de la soledad en la veredas
de las despedidas impensadas

y no estás

y tengo miedo
.
soy una niña perdida
no me animo
a mirar debajo de la cama
y hace frío en las sábanas
solo porque no estás.

el amor
es un alfiler
en el centro de la espalda
.

martes, 24 de febrero de 2009

cursilería


té y cafè
ventana a buenos aires
tu pc de llevar y traer
mi libro a la mitad
nuestras manos
buscando encuentros
tu pie besando mi pie.
es mañana de domingo
periódico bien nutrido
medialunas tibiecitas
tu mirada como me gusta.
hace calor
pero aquí
en el bar
de conocernos
de memorar
el amor y la risa
hace tibieza de ojos
latidos en tres tiempos
perfume de te quiero.
hoy por hoy
mañana también
y ayer.
despues...
despues nos queda lejos
y lo borramos.


miércoles, 18 de febrero de 2009

A vosotros



lacomunidad.elpais.com

LA MONJA GITANA
A José Moreno Villa
Garcia Lorca
Silencio de cal y mirto.
Malvas en las hierbas finas.
La monja borda alhelíes
sobre una tela pajiza.
Vuelan en la araña gris
siete pájaros del prisma.
La iglesia gruñe a lo lejos
como un oso panza arriba.
¡Que bien borda! ¡Con qué gracia!
Sobre la tela pajiza
ella quisiera bordar
flores de su fantasía.
¡Qué girasol! ¡Qué magnolia
de lentejuelas y cintas!
¡Qué azafranes y qué lunas,
en el mantel de la misa!
Cinco toronjas se endulzan
en la cercana cocina.
Las cinco llagas de Cristo
cortadas en Almería.
Por los ojos de la monja
galopan dos caballistas.
Un rumor último y sordo
le despega la camisa,
y al mirar nubes y montes
en las yertas lejanías,
se quiebra su corazón
de azúcar y yerbaluisa.
¡Oh, qué llanura empinada
con veinte soles arriba!¡
Qué ríos puestos de pie
vislumbra su fantasía!
Pero sigue con sus flores,
mientras que de pie, en la brisa,
la luz juega el ajedrez
alto de la celosía.


Con licencia de mis amigos paisanos y de este continente.
Me encontré con el Romancero Gitano cuando cumplía trece años. Los de antes. Y era yo una niña niña.
Y ese libro, que cargo siempre en mi equipaje del alma, me descubrió el ombligo, los temblores bajo la piel, mi corazón de gorrión en la siesta, la inquietud de mis pies, la sequedad en la boca, la complicidad de mis manos y los "malos pensamientos" (aleluya, Federico).
Thamár y Amnón despertaron mi pubertad al misterio, que era aun pronto para nada más.
El Romance de la Luna me batallaba tras el esternón.
Pero fue La Monja Gitana la que me despertó a la erótica. Lo he sabido cada día de después, aunque mi agnosticismo.
Y García Lorca me dirigió la mirada y el alma hacia las letras, los paisajes figurados y deseados, la música, la historia que fui capaz de aprender con mi pereza para el estudio, de vuestra España.Será el caso, me he preguntado, que soy una criolla auténtica? Solo apellidos de toda España han regado mis raíces. María Quijano es el nombre elegido.
Y la brisa de la vida que me hizo abrir esta ventana, me ha acercado a vosotros, amigos de la España.
Miralunas me acerca a vosotros.
Mi curiosidad va hacia ustedes, irrefrenable. Mi alma se regocija con vuestro lenguaje y se revuelca de risa con vuestro humor y se enamora de vuestra cadencia.
Quería explicarlo, contarlo y agradecer a vosotros.
Con mi abrazo.

martes, 17 de febrero de 2009


nuestros ojos
extendidos por el mar
rojos de sol poniente.
.
nuestros pies
mojaditos de sal
dorados de arena caliente.
.
nuestras manos
buscadoras de abrazos
de espaldas y de cinturas.
.
nuestras bocas
hambrientas de besos
lenguas labios y comisuras.
.
nuestro deseo impenitente.

lunes, 16 de febrero de 2009

fresias en invierno

Se despertó con una insomne soledad esa mañana.
Preparó el mate como si no fuera él y se sentó con su ausencia miréndole la frente. Y eso le acomodó los pensamientos, a lo mejor. Porque en un impulso que dejó en libertad, fue hasta la mesita del teléfono y busco, ansioso, en el pequeño cajón.
Allí estaba la pequeña agenda de Dorita. Ah, sí. Durante cincuenta y tres años fue ella la que se encargaba de anotar teléfonos, de organizar encuentros con amigos, de educar a sus hijos, de “vestirlo y perfumarlo” como le gustaba decir a ella. De alegrarle la vida, la panza y la cama, como le valoraba él el amor.
Cambió los anteojos por los de leer y comenzó a recorrer las hojas de la libretita de tapas forradas en una tela floreada y un poco ajada por el uso. No sabía muy bien qué buscaba, así que pasó distraído algunas hojas, hasta que su dedo índice y su vista coincidieron en ese renglón: Enriqueta y Victorio. Se sonrió y lo supo. Un encuentro, eso quería; pero sin Dorita no sabia cómo empezar.
Pucha, el número estaba tachado. Justo ahí, caramba. Victorio era gracioso y Enriqueta, divertida, aunque un poco mandona. Le hubiera gustado… y ahí se dio cuenta del pequeño papel que había tomado cuando encontró esos nombres. Y se hizo la luz! Dorita había anotado un nuevo número de teléfono al lado de “Enriqueta”.
Y con el mismo impulso, volvió al teléfono y llamó.
Se sorprendieron ambos; es que nunca habían hablado por teléfono. Y se entristecieron como amigos, enterándose que los dos se habían quedado solos.
“Y Dorita que era tan alegre!, dijo ella. “Y Victorio, tan macanudo”, dijo él.
Entonces, ella lo invitó a tomar unos mates y él dijo: “mañana”.

Enriqueta ahora vivía bastante lejos, pero valieron la pena, la distancia y el frío. Conversaron por tres largas horas y él esa noche se durmió contento, con el corazón entibiado por los bellos recuerdos que Enriqueta le fue trayendo y por su risa. Tenía una risa como de muchacha y una mirada aún intensa.
Le gustaba esa mujer.
Así que el sábado se invitó a cenar, sin dejarle lugar a dudas. “Vos esperame, nomás. Yo me encargo de todo”.
Se vistió y perfumó como si Dorita lo estuviera mirando y cuando estuvo listo, elegante y abrigado, le hizo un guiño al espejo como si le hubiera guiñado a ella.
Llevó sandwiches de miga que eligió con cuidado y una botella de buen vino. En camino, así como si nada, le vino a la memoria la cara de Enriqueta aquella vez, en Mendoza, cuando Victorio le regaló unas florcitas de por ahí. Compró un ramito de fresias y sonrió como a lo alto: “Gracias, amigo”, dijo para sí.
Ella se había puesto un collar muy lindo y se había pintado los labios.
Y él pensó que Enriqueta era hermosa cuando ella lo miró emocionada y agradecida por las florcitas ésas.
Esta vez, hablaron menos de viajes y de los cuatro y del nosotros de cada cual. Se fueron acercando con las miradas y las sonrisas y las confidencias de cada uno.
Y cuando Oscar se iba a despedir, sin querer irse, pero la noche, el frío, como se nos voló la hora, ella dijo: “Es muy tarde y hace frío. Si querés, quedate”.
Hizo con premura la pequeña cama en el “cuarto de los nietos” y le alcanzó una frazada extra. “Estamos viejos” explicó. “hay que cuidarse”. Pero hubo un roce de manos que casi desmiente la frase.
Con frazada extra y todo, Oscar tenía frío. Extrañaba su pijama de invierno y la calefacción de su casa. Presintió que no podría dormir.

Enriqueta se fue a la cama como si fuera otra. Se puso un camisón nuevo y se perfumó como antes, burlándose de ella con una media sonrisa.
“Bueno, Enriqueta, tienes un hombre en casa! Un lindo hombre, no? Se mantiene bien, con sus… ochenta y tres? Mirá vos tus pensamientos, Queta!” discurría mientras abría el lado de la cama que ocupaba Victorio, que desde entonces, era el suyo, para sentirse menos sola.
Se arrebujó, abrazó un poco la almohada y susurró: “Es por tu culpa. Te fuiste cuando aun debías quedarte, para morirnos juntos”. Entonces, se durmió como una niña.
Fue su sueño liviano de vieja el que la hizo despertarse. Miró hacia la puerta de la habitación y casi se desmaya del susto: Oscar estaba allí parado, en calzoncillos y camiseta. “Tengo frío y no puedo dormir”.
Ella lo invitó a la cama en silencio y cuando lo tuvo acostado al lado, le permitió acercarse para prestarle calor. Y se fueron acurrucando como gatos, juntando cuerpos y enredando piernas, silenciosos, despaciosos, tímidos, como en la primera vez de las primeras veces.
Se dieron un beso de agradecimiento y otro de reconocimiento y otro porque lo deseaban. Y él recorrió con sus manos el cuerpo cubierto por el camisón nuevo y sintió un calor nuevo, distinto, otra vez urgente.
Entonces, tomó una mano rugosa de ella y la llevó hasta su sexo, y ella tomó la otra mano de él y la llevó hasta su pecho donde el corazón se le desbocaba. Se miraron sorprendidos, felices, renacidos. Y comenzaron a desvestirse uno al otro, con la torpeza, los enredos, la urgencia, los besos entorpecidos de deseo com en la primera de las primeras veces.

sábado, 14 de febrero de 2009

alfareros


el arbol de la vida-Gustav Klimt
mira
si pudiéramos hacer al amor
como dos alfareros
en uno
y en el mágico cuenco
amasar
la carne misma del deseo
con la pasión
en picante sazón
mixtura de caricias
en aderezo
y la elegida dulzura
de los besos.


y que de allí salieran
eros y cupido
dionisio y afrodita
a la gran fiesta!

y nuestros trajes
fueran
tu piel y mi piel
(no aquéllas; éstas)

y luego el embeleso...
el embeleso!
el embeleso
hasta el último beso.

jueves, 12 de febrero de 2009

click


http//iesbi.files.wordpress.com/en una mirada
por lo que fuera mañana
no pienso permitir
que ese cartelito "prohibido mirar"
me deje sin ojos.
"lo comprendo y quiero continuar"
hago click
desdudo lo dudoso
y enciendo la luz de mi mirada.
alimento el interés
ejerzo el derecho.
click
la desmiro
click
la vacio
click
la descamino la desbarranco
la desarmo
click
la mato a la censura.
o ella me mata a mí.
y ya no es el universo.



lunes, 9 de febrero de 2009

piedritas a su ventana


Se despertó perezosa como iguana al sol.
Noveno día de vacaciones y lo viviría como los anteriores: a holganza sin brechas, que bien se lo merecía.
No se movía de su casa para nada que no fuera estrictamente necesario, con excepción del cafeconlecheymedialunasdegrasa con diarios y revistas en el bar de la esquina, donde la llaman por su nombre y ya saben que ella desayuna en tanto no sean las dos de la tarde (para prestar alguna formalidad a su vida). Eso es estrictamente necesario.
Se desperezó como ha aprendido de sus gatas: con placer y sin apuro.
De camino hacia la ducha encendió la PC, rutina necesaria para enterarse del tiempo, la temperatura, como viene la locura ciudadana (de los unos y los otros) y pegarle una miradita al blog, inusitado nuevo bolsillo de su alma.
Ducha larga y sin horarios, beso de la vida.
Vestirse con desgano porque así se le da la gana, perfumarse como para suaré, que es lunes y está de vacanzas.
Y como si nada, mirar cuantos soplos le colorean los pensamientos y correr a revisar cajones ajenos, entrar a otras casas como si fueran suyas, chapotear lejanas orillas, imaginarse el mar, reírse, emocionarse……….. ups! sorprenderse!.
Caramba!..... ese comentario, le hizo acomodarse los anteojos; tocarse el pelo; pasarse la lengua por el labio con dulce picardía.
Luego de un instante, abre el correo que aun le cuesta entender porque la tecnología no le es amigable siempre.
Y caramba, caramba!.... allí hay otra sorpresa: un breve mensaje, rico como una medialuna, calentito como café con leche, si hablamos de sensualidad, siente sonriendo.
Y de color azul intenso, que es su predilecto y es el color con que ella piensa en el murmullo del mar.
De pronto, se encuentra pensando en el olor de sus manos; será como de sal y sol, igual que huele el mar?
Se le ha ido el desgano; así, que bien vale la pena un brillito en los labios y un collar de color intenso, no? La felicidad debe mostrarse, que viene de a ratitos.
Camina hasta el bar como cantando.
Llega Ariel con el cafeconlecheymedialunasdegrasa con diarios y revistas, de celebración hoy, de acuerdo con su sonrisa.
Ese collar también me gusta, pondera el muchacho y ella le guiña y le contesta con una risita.
Y se pone a pensar en su ventana, en la de él, claro.
Y en las piedritas que trajo del mar el pasado setiembre.
Y en lo gloriosa que ha estado la luna todas estas noches.

Mirá vos qué idea loca!... tirar esas piedritas a su ventana y apenas se asomara, mostrarle la botella de vino y el brillo en la boca, que lo de pececitos en la panza se lo contaría después.

des velo


me ha pedido
que cuide
su amor con otra.

y yo
lo cuido
haciéndole el amor

como si fuera ella.