viernes, 8 de junio de 2012

mandarinas



 estos días tan fríos, pero con noches tan serenitas,
me traen al alma la mirada extensa de mi madre.
ella "miraba" esas noches como éstas y anunciaba,
gozosa: "qué dulces van a madurar las mandarinas!"
y era así, nomas.


 
en las siestas con sol
y en las noches de invierno
a mí me gusta
comer mandarinas

desde que desprendo
su cáscara
sé que ese suave crujido
cargará mi alma
con un dulce avío
 
tocará mi frente
la blanca risa de mi madre
inundándome
de mi feliz infancia:
la de robar mandarinas
con los gurises del barrio
tentando a la solapa
escondida en la resolana

(cuando Gualeguay olía a azahar
y a jugosos duraznos)

su persistente aroma
se me quedará en los dedos
hasta un rato después
suavizando el corazón
como los bellos recuerdos

y cuando muerda
la jugosa pulpa de sus gajos
se me escapará como siempre
un fresco suspiro
de confiable placer

la mandarina
tiene esa atinada cualidad
de no ser siempre tan dulce
de ponerme alerta
con una leve acidez
que tampoco es siempre

y cada vez
me deja en la comisura
de los labios
esa sonrisa extendida
mansa
inacabada
de la felicidad porque sí.

gurises: niños
solapa: cuco que se llevaba a los gurises que no dormían la siesta.
 
ansiosa de sonrisas, me llevó la memoria en busca de estos versos,
a un cajón olvidado. disculpen lo repetido.

martes, 29 de mayo de 2012


se durmió con su voz en el teléfono: "sabés cómo es todo lo que te quiero?" sintiendo que volver a amarse como amantes ha sido una buena decisión. y el suave murmullo de la selva volviendo al descanso. "me ha quedado clavada en los ojos la visión de ese carro de trigo...". a mitad de la noche la desvela por un momento la anotación aquella que debe dejar expresa en el documento inconcluso. antes que el sol, la despierta el desmesurado canto de un pájaro y un suave revoltijo de hambre que la hace reacomodarse sobre la aspereza del grueso tronco. la ducha le disfumina la pereza en leve sensualidad y sonríe con el cielo amarillento. tal vez haya sol. "...que cruzó rechinante y pesado sembrando de espigas el viejo camino". lindo el saludo cruzado con esa amiga de su hija y la invitación a un encuentro. se perfuma con ese aroma de pomelo y té verde que le refresca la piel y el alma, piensa en él como si lo deseara, y sale. el hambre la hace estirarse tan larga como es y le alerta el olfato: debe ponerse en movimiento. mientras desayuna piensa en José y lo llama como cada uno de estos años en esta fecha; cruzan un dialoguito apenas tibio, desdibujado por el tiempo. "no pretendas ahora que ría! tú no sabes en qué hondos recuerdos estoy abstraída!". guarda el libro que leerá en el subte y retoma el recuento que debe constar en lo que la ocupa. pesadamente se desliza en un cauteloso silencio que le viene en la sangre mientras su cerebro registra imágenes de su cuerpo fibroso saltando sobre la presa. de pronto se le cruza un espejo y se encuentra con sus ojos. es cierto, ya no son los mismos. sin embargo, él la mira como si sus ojos fueran siempre esa mirada con que ella lo renace. "desde el fondo del alma me sube un sabor de pitanga a los labios" y se ríe. necesita tocarse la piel en el borde del escote, sentirla suave aún. memora un fugaz romance. o dos. y aquel otro. se relame, solitaria; echada al sol, limpia su pelaje negro y brillante. ahora se mueve menos, pero mantiene intactos el instinto y la habilidad para cazar. mientras va leyendo, se le entrecruzan las compras que tiene pendientes, el resto del día, la reunión que la espera. y piensa en sus hijos con ese impulso que le empuja la sangre, como cada vez que los piensa. y, pegadita, la felicidad de contar con Cleo hasta diez en inglés. "uan chu tri for faiv six seven eig naix ten" y nuestras risas triunfales, sin importar que al nueve le diga naix. y sigue siendo lindo caminar por Florida antes que se vuelva loca de gente. satisfecha, vuelve a estirarse entrecerrando sus fieros ojos amarillos, ensayando sus garras, oliendo los mezclados olores de su vida, gozando del sol. envara la espalda y anda contenta. la brisa de la vida le arquea las pestañas. y las lunas aun le inquietan el ombligo. sonríe con esa forma de la sensualidad reinventada por fuerza de sentir el día. "soy la misma muchacha salvaje que hace años se acuesta a tu lado". la vieja pantera aun guarda su esencia.

todavía quedan veinte minutos para la reunión. es geminiana. tiene tiempo para comprarse flores e introducir la humorada de jugarle al 62.



viernes, 25 de mayo de 2012

dia de la Patria

hoy me desperté pensando en Celia, y en todo y todo lo que hizo para conseguir su documento que, según yo lo creía, le aseguraba un pequeño contrato laboral y una, seguramente, pequeña jubilación.
sin embargo, ayer, cuando nos deseamos "buen fin de semana largo", Celia agregó: "y feliz día de la Patria, doctora" y yo le concedí un: "Igualmente para usted, Celia, que es medio argentina!"
entonces, ella con ese tonito tan suave y tan firme de esa gente, me anotició: "Argentina entera, doctora! yo he pasado casi toda mi vida acá. tengo a mi familia y mi trabajo. acá fui a la escuela. y soy ciudadana argentina"
en ese momento, tomé en cuenta que Celia había lucido nuestra escarapela durante toda la semana.
yo pensé en mí, que a veces me muero si me quedo, pero siempre me muero si me voy y orgullosa de ella, le deseé: " Entonces, Feliz día, Celia. Y gracias, por mi y por la Patria".
ella es Celedonia Alvarez Camargo. nació en Bolivia hace setenta y cuantos años. hace poquito terminó la primaria con el título de "Mejor Compañera". y, además, es una amorosa compañera de trabajo.


miércoles, 16 de mayo de 2012

París, 5 de mayo de 2012.


                                                                 
Recibió aquella carta con un sobresalto.
      "Silvia, yo también espero que leas esta carta, que escribo sintiéndome como un "ladrón, saliendo a tu encuentro. No será, claro, una carta de amor; tampoco la "esperarías, estoy seguro. Es solo que Karina ha dejado tu carta en el cajón de nuestros "papeles, donde van las facturas y esas cosas. Y creo que me ha puesto una trampa.
"He leído tus letras con la misma hambrienta atención que me despertaba escucharte; no "tengo ya aquellas charlas, lo confieso. El caso es que he decidido responderte esa carta, "mas que nada, por ese enojo escondido que he leído con cierto placer, pido disculpas "por eso.
Silvia se sorprende recordando a Alejandro con una sonrisa. En verdad, siempre le descubría los "enojos escondidos" y conversar con él era abrir su mente a cosas impensadas, imprevistas, asomándose a oquedades y luces, acostúmbrandose a eso. 
Se dió cuenta que se había quedado de pie en el mismo lugar donde comenzó a leer la carta; el sobre rasgado a sus pies.
     "Compusimos una buena pareja, es verdad; y estaba aquella complicidad, además. Por "su nombre y su ausencia? Tal vez. A veces pienso, muchas veces, lo admito, pienso en "esa amistad que alimentamos como se alimentan algunos amores: como si cada día fuera "el del último tren. Y todo eso de ese nuevo hombre creciendo dentro de mí también es "verdad, claro.
"Qué raro es recordar ahora nuestros momentos de romance con esa intimidad contigo, "que para mí un descubrimiento: dejarme ir por tu risa, por tus abrazos, por tus piernas "como por un amigable tobogán de arena. Haber caminado las calles de Buenos Aires "contigo, hace que te recuerde en algunas calles de Paris, sobre todo cundo Karina no me "acompaña . Y Karina casi nunca me acompaña.

Ah, tampoco en París lo acompaña. Lo recuerda una madrugada en que comían chocolate en la Plaza de los Dos Congresos y él se puso lejano de repente. "Mirá que lindo es ésto. Karina siempre se lo perdió. Habrá sido mi culpa no hacer que le gustara la calle al lado mío." "Culpa tuya es que yo no camine a tu lado en París", piensa en eso y siente la garganta seca.

     "Voy releyendo tu carta, querida Silvia, y revivo nuestra intimidad sin prejuicios. "Como lograste que yo pudiera alivianar mi carga, contándote esas cosas de mi vida: la "traición de Marisa, su devastadora mentira, que me degradó como hombre hasta el "mismo instante anterior a desear la muerte. Pero no estabas vos ahí, sino "Karina; porque así es a veces el destino. La brisa de la vida, decías vos?
"Ahora creo que me enamoré de Karina por necesidad de salvarme, porque era la que "estaba ahí, en la puerta del Infierno en el que quería quemarme; aunque ahora me "parezca tan melodramático. Y me enamoré contra tda razón, seguramente. Así es como "actúa la desesperación sobre las heridas abiertas, no?

Silvia solloza casi sin darse cuenta. Ha andado hasta el cuarto buscando cobijo en la blandura de su cama, en la calidez del velador, tal vez. Tiembla un poco porque su mente y su alma se envoraginan de veloces recuerdos. Tan intensos. Y siente una amigable cercanía con ese hombre. Ella sabe que fué así como él lo escribe. Muchas veces recostó en su hombro el cansancio de su historia. Se seca las lágrimas por entre sus anteojos para seguir leyendo.

       "Pero quiero que sepas que vos calmaste mucho mas que mis "ardores" (me he "sonreído con esta expresión que me ha traído la especial entonación de tu voz en "algunas frases). Has hecho mucho más, digo: has dado cobijo a mi corazón, sin pedirme "casi nada a cambio. Y hasta hubo un tiempo en que me alcanzabas sin nada más que "recibiéndome como lo hacías. Aunque ahora parezca una ironía, no lo es. Es muy "importante para mí que lo sepas.

"Yo lo sé. Vaya si lo sé, Alejandro." Y se pasó la mano por la frente, tuvo un leve escalofrío.

       "Silvia, que me has hecho reir entre la melancolía con eso de tu cuerpo robusto, tu "edad, tu forma de vestirte! A mi me gusta todo eso, claro. Y tal vez Karina se hubiera "sorprendido, porque está tan ocupada siempre de gustarme, mas allá de lo que necesita "su imagen en su nuevo trabajo! Que tiene un trabajo, ahora, mejor y distinto. Es "modelista de una buena casa de modas, por suerte.
 
Qué suerte, piensa y siente Silvia, que ya no tiene lágrimas.
       "No te he olvidado, querida. Y no voy a olvidarte. Yo necesito de tu recuerdo para "cuando Karina y París me pesan en la espalda y en el corazón. Para cuando Buenos Aires "se me aparece imposible. Necesito tener presente tu mirada, Silvia. Aunque dentro de  "un minuto me digas adiós en tu memoria y en tu cuerpo, me clausures en tu recuerdo.

Ella se siente tomada por sorpresa. Como si Alejandro la estuviera mirando con su mirada esperando. Como si la mirara con aquellos ojos de la primera vez. Porque ella siente que el recuerdo se le desdibuja despaciosamente. Y el enojo se esfuma. Y la triste nostalgia de todo este tiempo.

      "Hubiera sido maravilloso enamorarme de vos, para que te enamoraras de mi. Porque "cuando ando así, como perdido en la bruma de una vida que no termino de elegir, "necesito a esa mujer que escuchó mi advertencia apenas conocernos y me acarició por "primera vez diciendo: "Se fue a París dejándote? Qué enorme dolor, Alejandro!".
"Así que no te voy a olvidar. Nunca.
                                                                                       
                                                                       Alejandro



Un suspiro le recorre las tripas y le sube a la boca un sollozo ahogado.
Mientras se despide definitivamente, en tanto rompe despacio también esa carta que ya no contestará, recuerda otra vez, con toda claridad, aquella advertencia.

"Qué linda sos. Pero no voy a poder enamorarme. Vengo de dos años de amor y un" "reciente abandono. Ella se fue a París. Es una bella travesti. Tenías que saberlo."

martes, 8 de mayo de 2012

abrazo a Clemente



Tuve la enorme suerte de compartir momentos con él, gracias a una amiga que ya no tengo.
No sé si era simpático. Me parece que no. Pero era un tipo de un humor sutil, serio, un pelín irónico, que me encantaba.
Era pintón el Negro, eso sí. Y porteño en la planta.
Me lo acuerdo en una mímica tocando el bandoneón sin bandoneón, que me sedujo completamente.
Tenía muchos amigos. Amigos famosos, amigos célebres, amigos "de antes", de la escuela y del barrio. Y todos lo quieren (a esto lo escribo en presente, si, señor). Eso pinta el verdadero retrato de un hombre.
Tuvo cuatro hijos, dedicados al arte: Tute le copió el talento; Tomás es músico; Aldana, bella fotógrafa. Y Clemente, claro.
Se fue sin irse como se va esa gente que es así, tan necesaria, que no podemos decirle adios. Pero igual, tengo una pena que me decolora el alma y no sé, una necesidad enorme de abrazar a Clemente, que debe estar tan solo, no?
Su nombre era Carlos Loiseau. CALOI, digo. El negro CALOI, en resumen.

domingo, 6 de mayo de 2012

le canto los 40

Mi fotoMire, Piba, no se cómo decírselo así, en público, sin parecerme a la vieja Madama de aquel prostíbulo de Gualeguay, pero... qué década empieza hoy, jesú, maría y josé!
Los cuarenta, bien mirados, que es ahí dónde está el secreto, en mirarlos con ojos de gata que "parece que se deja y... no se deja", con ojos de arena humedita de amanecer entre las manos, con ojos de escote redescubierto en el espejo; en mirarlos lindo, digo, son un manjar que la vida nos regala a las mujeres y hay que saborearlos como a ese chocolate que le confiscamos a la dieta, sin nada de culpa y con entera sensualidad, mire lo que le digo.
A los cuarenta, si no tuvimos hijos, somos las que siempre olemos bien y tenemos libertad para todo; y si los tuvimos, los hijos necesitan de nosotros pero ya no de nuestro cuerpo que se ha ido madurando en otras redondeces y sapiencias. Y si queremos tenerlos a esta edd, también podemos! 
Sabemos con toda claridad que no seremos Eleonora Cassano y que una cumbia o un merengue se nos da mucho mejor al dibujo de nuestra cadera, sin hablar lo que hace un tango con nuestra mirada o un rico bolero en la latitud del ombligo.
Con hombre, con "ese" hombre mejor, la vida es una ambrosía. Pero sin hombre, la vida es una aventura en medio de un mercado con todos los sabores. El amor? El amor es un invento, Piba, un relato del alma, que hay que andar campaneándole a la vida. El amor es un duende controvertido e ilógico. Y a los cuarenta, de este tipo, ya la sabemos lunga.
A esta edad sabemos de lo que nos gusta y de lo que no nos gusta; y ya nadie nos manda a estudiar inglés, ni a hacer mandados. Que hasta podemos hacer un rinraje a la hora de la siesta y patear un tablero a cualquier hora que sea necesario.
Nuestro cabello empieza a tener el color que queremos darle, y la mirada se hace mas extensa, la espalda mas alerta, la piel y el corazón tienen las justas señales de las encrucijadas que debimos cruzar; y nuestra memoria ha dibujado un mapa de recuerdos.
A los cuarenta, Amiga, somos lindas, si no bellas, y empezamos a ser sabias, porque sabemos que el entusiasmo es mejor que la felicidad, que la risa es irreemplazable como las buenas amigas, que una madrugada inolvidable es un delicioso aderezo para el alma y que, a veces da tan rico una cena gourmet como otras, una hamburguesa chatarra: que todo según con quién.
Y que nada se parece a ese momento maravilloso de robarse tiempo para estar a solas con una misma, haciendo lo que se viene en real gana.
Y todo eso, con la bendita sensualidad para gozarla, descubrirla, reencontrarla, inventarla.
Sobre todo, si una elije llamarse Malena y oler a yuyo de suburbio desde la voz a las botas.
Vea, Piba, le regalo un cuaderno todito en blanco y una caja de crayones para que empiece a dibujar su vida con los colores que mejor se le antojen.
Y un libro con secretos. Y un rimmel mágico, para empezar cada vez como si nunca. 
Un espejo que se ríe de la melancolía. Un licor contra los malos recuerdos. Un duende oficial de justicia que desaloja tristezas. 
Y un abrazo como un nido.
                                                                              soy Marta, esta vez




martes, 24 de abril de 2012

Buenos Aires, 14 de abril de 2012

Ay, Karina! Como verás, he leído tu carta sin que pueda apartar mi pensamiento de ella desde ese momento. En principio, porque creí que esa historia estaba cerrada y, luego,porque no sé que pensar, o sentir, con tus palabras. Que me sientas tu amiga ya es curioso,pero… tu compañera de la vida? Cuál podría ser la remota razón que nos hiciera compañeras de la vida? Mi encuentro con Alejandro fue del todo fortuito y aunque alguna vez creímos que sí, siempre supe que nuestra relación no iba a ser una larga historia, por lo que separarme de él me produjo mas melancolía que dolor.
Habíamos compuesto una buena pareja de cómplices: por dos razones diferentes fuimos guardadores de tu nombre y de tu ausencia. Y en tanto, nos fue naciendo una amistad extraña que cuando hacíamos el amor se parecía bastante al amor.
Es verdad, ese hombre fue redescubriendo los juegos y la ternura, los besos porque sí, la calidez de los abrazos, la risa compartida; y caminar Buenos Aires de mi mano a cualquier hora, con cualquier rumbo. Pero entonces la nostalgia le aturdía la mirada y yo me enojaba sin poder evitar la fuerte presencia de tu ausencia. Por lo cual, nunca me permití enamorarme de él, como hay que enamorarse; como yo me enamoro: con todo y todo.
Es verdad también, que la confidencia que callábamos nos fue acercando a una intimidad sin prejuicios que se parecía a un puente que creímos indestructible, y la idea de que volvieras, la esperanza que tenía de vos, se esmerilaron por algún tiempo.
Hasta aquella noche que Alejandro no me habló para decirme hasta mañana, ni atendió mi llamado. O peor, la mañana siguiente en que me dió la noticia con la mirada mas extraña que yo haya mirado: “Vino a buscarme”. Y me abrazó con un sollozo de alivio porque el amor te había regresado y un sollozo de pena porque iba a dejarme.
Cuando él me dijo que querías conocerme yo pensé en que estaría bien que te enfrentaras con mi cuerpo robusto, mi edad, mi forma de vestirme, para que supieras con quién Alejandro había calmado los ardores de tu abandono. Pero enseguida sentí que eso no significaba nada. Alejandro se iría con vos, sin chances para mi: el destino era París. Y solo celebré no haber alimentado el amor.
Y ahora celebro que él no me haya olvidado y más aún, que vos lo sientas así.
Apenas me duelo de pensar que no le alcances, porque sé lo que has significado en su vida. Así que ni me pidas disculpas, ni me dés las gracias.
Y no. No quiero conocerte ni que me conozcas.

                                                                   Saludos

                                                                               Silvia


                                                 

lunes, 23 de abril de 2012

un sonido de pulseras



se miró en el espejo sin saber que esperaba encontrar. se miró con sus ojos apagados por la pena y, sin poderlo evitar, tuvo ese gesto de arreglarse el pelo. tocó sus pulseras como si no hiciera nada, con todo ese dolor de tantos días.
su cuerpo se movía por el sólo impulso de la vida a su lado, y como a cada momento pensaba (pensaba aún?) cómo hacer para que se sintiera mejor. de algún modo ella siempre supo cómo hacerlo, pero ahora ya no lo sabía.

se sentía cansado. ya no soportaba ese olor, esas voces desconocidas, las luces brumosas; el desgano de su cuerpo sin señales. lo peor era el liso silencio de su pensamiento. apenas distinguía el perfume de Cristina, la presencia de su hijo, a veces las voces de sus hijas. nada de todo lo que esperaba escuchar, sentir, decir. nada mas que esa pegajosa oscuridad, y esperar hasta cuándo.
tanto cansancio tuvo, súbitamente, alivio definitivo. sintió esa mano acariciando la suya, reconociéndola entre todas, y la magia de un sonido de pulseras. sabría distinguir las pulseras de Elsa, entre todos los sonidos del mundo. sonrió para su alma. -un suave temblor en la comisura de la boca-. 

y serenamente comenzó a abrirse la puerta del adiós.


viernes, 20 de abril de 2012

Paris, 17 de marzo de 2012


Estimada Silvia:
                       Ojalá no rompas esta carta. Soy Karina, y Alejandro no sabe que te escribo. Por favor, es imprescindible que él no se entere de esta carta porque no  me lo perdonaría, y yo confìo en vos. Es un poco raro, pero siento que de alguna forma somos amigas, una especie de compañeras de la vida, no sé cómo decirlo. Me hubiera gustado que nos conociéramos, pero comprendo que vos no quisieras hacerlo.
                            Te escribo en esta tarde de sábado, porque Alejandro ha salido. Tengo un poco de nostalgias de Buenos Aires, también. Y él te ha nombrado ayer, sin darse cuenta, me parece. O sí; y no pudo evitarlo. Ha dicho mirando el cielo de París: "Ella debiera ver este cielo". Es verdad, no ha dicho tu nombre; pero yo sé cuándo habla de vos, porque lo siento en el hueco de las manos. Se me ponen como vacías.
                             En fin, que lo que quiero decirte es que a veces, Alejandro te hecha de menos, aunque lo niegue repetidamente. Casi siempre, en realidad. Y sobre todo, cuando hacemos el amor. No me entiendas mal, Silvia. El me ama con toda su alma. Yo lo sé, porque me ama con mis carencias y con tu ausencia. Simplemente que, en algunos momentos, me enseña caricias que yo no sabía darle. Me enseña a besar suave. Abrazos blandos de ternura. Y sus ojos pasan por entre mis ojos hasta detrás de mí, y suspira. Y vos estás ahí.
                               Es cuando te siento mi amiga, de esa manera rara. Mi compañera de la vida. Es que las prostitutas no sabemos hacer el amor, si nadie nos enseña. Servimos para espantar la soledad, para engañar a Cupido de una forma miserable, pero nada más que eso. Y Alejandro se enamoró de mi forma de acompañarlo cuando aquella mujer lo traicionó de esa forma y por eso aceptó mi pobre manera de amarlo, en el pedacito que me quedaba de madrugada, en el ratito de atardecer antes de salir a las esquinas.
                            Cuando fui yo la que lo abandonó, te encontró a vos que lo aceptaste sin preguntas, sin prejuicios, con la cabeza y el cuerpo abiertos para recibirlo. Y cuidaste de su alma, de su corazón, de su cabeza, de su sexo. Eso hiciste por el hombre que las dos amamos. Y que me eligió a mí. El que vos dejaste partir con una sonrisa, porque lo sabìas "de antes" como él me contó que le dijiste, mientras se despedia de vos llorando.
                          Así que siempre supe que algunas tristezas de Alejandro, algunas miradas transparentes, ese golpecito que da en el brazo del sillón espantando pensamientos, tienen que ver con tu recuerdo. Pero yo lo miro, lo acompaño y lo amo desde cada partícula de mi. Por eso lo dejé y por eso volví a buscarlo.
                            Ahora simplemente trato de amarlo con tu forma de amarlo, Silvia, aunque te resulte demasiado cruel y sin sentido. Pero así somos las mujeres.
                              Me hubiera gustado que nos conociéramos, Silvia. Para pedirte disculpas y decirte gracias. Me parece que para eso.
                                                                      Un abrazo


                                                                                   Karina




 

miércoles, 18 de abril de 2012

el aire celeste



mi balcón tiene el aire celeste como la tarde y me siento a mirar la santa rita que se ha enamorado del tejido metálico como de un muro con agujeritos.
observo el pequeño entorno como si fuera mi alma. (las gatas duermen cerquita). y me gusta.
me gustan las pequeñas prímulas y el malvón que compré ese domingo en que se me había puesto la mirada distante.
cada día mi casa y yo nos ensamblamos como un silencioso engranaje, perfectamente lubricado por este licor de libertad que emborracha a veces mi corazón.
es tan lindo esperar su visita de amante, su risa, los besos como recién inventados, el amor renaciendo!


la brisa de la tarde me mueve un poco el pelo y la brisa de la vida anida en mis manos.


se escucha un tren que vuelve.


martes, 10 de abril de 2012

lo que quise decir...

... con veredas y adoquines, es hablar de la vida, ya saben.
y quiero que sea así, mirando lunas a la hora de la siesta, en la mañanita, desde las veredas de la tarde y a la hora de la luna.
y que las lunas sean gente, calles, historias, encuentros y no encuentros.
sentir la brisa con todos sus colores.
dicen que el amarillo es el color mas amigo de la locura.
así que.............. VOILÁ!



lunes, 9 de abril de 2012

Estamos en reparaciones.



un toquecito por acá, otro por allá, y...
¡¡¡RE INAUGURAMOS!!!

jueves, 9 de febrero de 2012

abrazos y aplausos para él

                                            
 Muchacha ojos de papel,
¿adónde vas? Quédate hasta el alba.
Muchacha pequeños pies,
no corras más. Quédate hasta el alba.
Sueña un sueño despacito entre mis manos
hasta que por la ventana suba el sol.
Muchacha piel de rayon,
no corras más. Tu tiempo es hoy.
Y no hables más, muchacha
corazón de tiza.
Cuando todo duerma
te robaré un color.
Muchacha voz de gorrión,
¿adónde vas? Quédate hasta el día.
Muchacha pechos de miel,
no corras más. Quédate hasta el día.
Duerme un poco y yo entretanto construiré
un castillo con tu vientre hasta que el sol,
muchacha, te haga reír
hasta llorar, hasta llorar.
Y no hables más, muchacha
corazón de tiza.
Cuando todo duerma
te robaré un color.
                                                                                        Luis Alberto SPINETTA



A él le crecieron esas alas de irse
y mi adolescencia llora
un perfume de almendra.

domingo, 22 de enero de 2012

y, entonces, la pasión.



me desmadejaba yo en mi nuevo sillón, en mi nueva casa, adormilada de calor, perezosa de sentires como ando, mientras la pesadez y una escasa programación televisiva se habían detenido en el canal Gourmet. 
hasta que me despabiló ese japonés que preparaba comida española y hablaba de amor en la cocina, de la significación de las palabras en los distintos lugares y de la pasión que a él le despertaba aprender a cocinar y a gozar de la cocina de occidente.
y entonces, mientras se secaba las manos y elegía el próximo utensilio, Takehiro Ohno, en un duro español, me dijo (yo sentí que me lo decía): "con las pasiones, imposible: nunca!"
lo dijo con todo el cuerpo, lo hubieran visto. y siguió hablando de él como de un japonés en el país vasco y contó de sus primeras palabras en euskera y todo el tiempo hablaba del interés, de la curiosidad, del amor y de la pasión. sobre todo, de la pasión. decididamente, de la pasión.
ese japonés, con aspecto de muchacho, verborrágico como un argentino, con una alegría redonda, me fue despertando esa nochecita de sábado, sofocante de calor y desánimo, y me movió hasta la cocina en busca de sensaciones que me desperezaran el alma.
preparé una curiosa ensalada de duraznos, queso, ajo "dorada" en oliva, (Takehiro lo hace femenino en los adjetivos), hojas de rica lechuga "mantecosa", un toque de crema y pimienta recien molida, que cuando su aroma tocó mi nariz sentí que mi piel olía como a levadura y me expliqué ese amor con el artista, impensadamente.
la saboreé en soledad, con un restito de buen vino y pensé: "gracias, Take, por la pasión".
su perfil en wikipedia dice que Takehiro Ohno deciende de Samurai.
debe ser éso.

lunes, 9 de enero de 2012

roberto esmoris lara

cada tanto
aunque el mar tape el ruidito
vuelvo a tirar piedritas a tu ventana.
y en tu verso a verso
silenciosamente
sigo siendo la francotiradora
que cuida tu sombra liviana y clara.

tu camino de arena
me transforma en ariadna
soñadora de esos laberintos.

y tu mirada,
ay, tu mirada, hombre sin tiempo!
nunca mis ojos la miraron 
aunque en su palma bebiera mi alma.

mientras beso tu adentro, Poeta,
pienso en andar tus arenas
alguna vez.
en conocer tus manos.

cuelgo mi abrazo del aire
para que siempre te alcance!

hasta mañana.

viernes, 6 de enero de 2012

cuentito para mí


Por suerte, se despertó con el olor de los jazmines y el barullo de los gorriones, porque le dolía la espalda y no había dormido bien. 
Se estiró como pudo y le crujieron algunos huesos: estaba triste. Hacía unos días que andaba así.
Antonia le decía que no le gustaba verla de ese modo: sin maquillaje y con el pelo sin pintar; pero la tristeza es pegajosa y no te deja hacer nada. Y eso que en el Hogar, todos la querían y a cada rato le decían que extrañaban su risa. 
"Si no fuera por la risa..." y se acordó de lo que se acordaba siempre: esas noches de frío en la esquina.
Se sentó pensativa y lenta en el borde de la cama y a tientas, con los pies, buscó sus chinelas. 
Entonces, sus pies tocaron eso. Despacito, se asomó desde su propio regazo y vió el ramo de jazmines y esa bolsita dorada. Se agachó con cuidado a tomar los regalos. 
"Los reyes!... anoche pasaron los reyes!", y su memoria buscó alguna felicidad, como esa que ahora la hacía temblar, en toda su vida, y no la encontró.
Olió con fruición las florecitas blancas y con manos torpes abrió la pequeña bolsa para regalos. Adentro había un frasquito de perfume y dos pañuelitos de mano con delicadísimo estampado. Todo lo que ella deseaba.
Lloró un largo rato con sollozos de niña, de adolescente, de mujer. Con resfriados sollozos de vieja.
Y solo entonces, vió la tarjeta. "Con todo mi amor. El Rey Mago que mas te quiere."

-Antonia! Vení, Antonia, por favor!
La cuidadora ingresó apurada y sorprendida, como si no hubiera estado cuidando a Marilyn detras de la puerta.(En el Hogar todos la llamaban Marilyn, como a ella le gustaba). 
El resto de la mañana fue un revuelo de exigencias: que la tintura color miel claro, que el esmalte rojo, que el rimmel negro, que el vestido de seda. Un enredo de risas y comentarios sobre quién sería aquel Rey Mago.
Y, entremedio, el abrazo apretado que recibió Antonia. -Este es el día de reyes mas feliz de mi vida, nena!
Una carcajada como de campanas emocionó a Alfonso, el joven jardinero, que regaba los jazmines cerquita de su ventana, solo por saber si Marilyn volvía a reirse.

Ajajá!- Había acertado con sus regalos. Con su mamá hubiera hecho lo mismo, se dijo.
El sol transformó el agua en millones de estrellitas a las diez de la mañana.

lunes, 26 de diciembre de 2011

milagro navideño

 
No se lo va a decir a nadie. Porque es difícil de creer y porque ahora está asustada. Feliz, pero asustada.
Es que nunca pensó que su primera vez iba a ser así.
Cuando se durmió en el sofá de la sala porque el champaña le llenaba de burbujas la cabeza y porque en el parque hacía frío para sus hombros desnudos y su solero de seda, no pensó que iba a ser así.
Que él se apareciera a despertarla de esa forma y le hiciera el amor tan maravillosamente. 
Cuando se le acercó, aunque el ambiente estaba en penumbras, iluminado apenas por las luces lejanas del parque, no era gordo ni viejo. Sus manos suavísimas la recorrieron toda entera produciéndole ese placer tan inquietante, que la hizo a la vez ponerse tensa que relajada, mientras sus besos tenían ese leve gusto a alcohol y a chocolate. "Bombones de licor", pensó a la mañana en la ducha, mientras se tocaba los labios de la boca y se le inquietaban los otros labios, de la sonrisa vertical, donde palpó una inflamación nueva que la hizo suspirar, sin poder evitarlo. 
Entonces, recordó claramente ese instante de dolor intenso que se diluyó enseguida en toda esa voragine de sensaciones que le produjo él -no se anima a nombrarlo- que le dijo: "Feliz Navidad, bonita!", antes de desaparecer... (por la chimenea?!), dejándole aquel sentimiento de secreto milagro.


No se lo contaría a nadie; ni siquiera a su hermana, ni a su amiga Rocío. No lo iban a creer. Pero ella sabía que había sucedido: su cuerpo en vilo y esa mancha roja en su bombacha, lo demostraban sin dudas.
Se sintió, sin poder explicarlo ni para ella, como una especie de elegida.
Por eso le pareció tan desubicado su primo Julián, cuando le  rozó con tanta confianza la cintura y le hizo esa mirada como de "yo lo sé".


imagen: misteridea.com

martes, 20 de diciembre de 2011

cartas


                                                                 Buenos Aires; 21 de diciembre de 2011.

Faustino querido:
                                    Hoy, ordenando mis cosas, he vuelto a leer tus cartas. Así es que puedo imaginar que ya reconocerás alguno de tus rasgos en la carita de tu nieto, que además te nombra con su nombre. He pensado mucho y de diferentes formas en vos, y en nosotros, este tiempo.
                                   No quiero para nosotros el olvido. No quiero olvidarte ni dejar atrás el relato de nuestra historia. No se me antoja. Han sucedido entre vos y yo, mas que el amor, el sexo, las caricias, los miedos, el sueño de un hijo, el encuentro superando la distancia, el adios. Han sucedido entre nosotros la vida y la muerte, nada menos.  
                                   Sin embargo, es cierto y es terrible que tenemos un destino ineludible y siempre estaremos separados por tu vida y por la distancia entre tu casa y la mía, simplemente.
                                    Así que hace un mes me compré una valija, un vestido nuevo, una cartera cara, zapatos de tacón muy alto y un boleto para un crucero. Como en las películas. Parecía un poco raro porque me embarqué sola donde todos van en pareja o en grupo de amigos. Y como en las películas, el Capitán me invitó a su mesa, para disimularme la soledad, en la fiesta de bienvenida. Y me invitó a bailar. Y bailamos. 
                                    Con el amanecer yo sabía de su dolorosa viudez y él sabía de mi amor desolado. Fue lindo, inocente, aventurado, pensar que nos habíamos encontrado para volver andar acompañados. Dos personas grandes! Ambos sabíamos que no teníamos edad para la ilusión y, sin embargo, acá estoy yo ordenando mis cosas para dejar que una suave esperanza me refresque la vida. No sé cómo escribirlo sin llorar, sin que se me desmaye de despedidas la sangre pero, Faustino de mi alma, te estoy contando que he decidido decirle a José que sí. Que voy a aceptarle la invitación de acompañarnos intentando que el amor nos nazca de nuevo y nos alegre el cuerpo y los ojos. 
                                     Querido mío de casi toda mi vida, guardaré dentro de mi corazón el recuerdo de nuestro romance a destiempo y en la oquedad de mi vientre lo nuestro que no ha sido. Lo prometo con la fuerza de este lazo invisible que nos atará para siempre.
                                       Ahora sí, te mando un adiós que nos abrace enteramente, suave e indescifrable como el aire de la eternidad.
                                       Y aquí me quedo mirando llegar la claridad de mañana en los ojos de ese hombre con el que compartiré el aire, la lluvia, el vino, el pan, la risa,  el cuerpo y la cama, alimentando el sueño de ser felices.

                                                                       Celina


(y mirá! hoy empieza el verano...)
                                     
                                    

sábado, 17 de diciembre de 2011

siempre hay alguien

                                    "siempre habrá sol, aunque en lo ojos llueva" R. Esmoris Lara

Cuando decidió pasar por el cementerio, el sarcasmo de la soledad le arañaba el alma. "Ya ni Sandy", pensó. "Y encima, la lluvia". 
Dio una vuelta por las primeras veredas y refugiado en el alero de uno de los panteones, fumó el cigarrillo que le quedaba mirando el silencio de los ángeles caídos.
Cuando se va, alza los hombros, se acomoda el sombrero y silba bajito. Anda solo el Detective, ultimamente, sintiéndose un desierto.
Camino a la parada del bondi, la ve. Apenas llovizna y ella está guarecida a la entrada del Centro Cultural Recoleta, qué ironía. Se acuerda de lo que dice su amiga Sonia: "Cada barrio tiene una puta, tenés que saber verla, nomas." Y de eso otro: "Nadie hay mas solo que una puta". Y ella de eso, sabe.
Así que piensa "veamos quién gana", salta tres charcos y se le acerca.
-Hola. Me acompañás a caminar? Total, ya estamos mojados.
Vaya a saber porqué, ella sonríe. Y es linda. Tiene unos ojos enrimmelados que no lo miran y una minifalda floreada. Hace un gesto de que no puede, que el Detective entiende enseguida. (El es especialista en gestos sin palabras). 
-Empecemos por caminar; y vamos viendo.
Se acompañan despacio, con las cabezas entre los hombros, casi, con esa lluvia suave y tupida del momento, que lo hace tomarla del brazo cuando cruzan la calle y cuando entran al bar.
-Mirá- le dice ella, acomodándose el pelo corto, oscuro, empapado- Yo estoy trabajando y cobro la hora...
-Te voy a pagar, no te preocupés. Ahora te invito con un café. Para entonarnos- dice el tipo en una especie de promesa, más para sí mismo que para ella.
Después de pedir los cafés, se miran. Se sonríen con la timidez que tienen los de la calle, a veces.
-Me gusta que no seas tan joven.
-Vos parecés más viejo.
El Detective piensa que la soledad hace esas cosas. Arruga y engrisa. A ella también se le nota la soledad, pero no por eso, si no porque parece un poco asustada, no se anima a mirarlo.
Sin embargo, no fue difícil. Es viernes, la lluvia, las soledades percibidas, el café caliente. El le cuenta de su primera vez, en un kilombo de su barrio, cuando la ansiedad le hizo caer el semen en los mocasines nuevos y hubo que volver a empezar.
Ella suelta una carcajada que desentona con el lugar. "Mi primera vez no fue tan divertida", comenta como si nada. Y luego cuanta una anécdota simple, cuando se enamoró del dueño de la parada de diarios y quiso tener un hijo con él. Pero él, no. Así que lo tuvo sola y se llama Gabriel, como el Angel. Y son casi felices.
Y el Detective piensa en los ángeles del cementerio y en su vida y dice: "Yo no, yo no tengo hijos". Ella lo mira, nomas.


Cuando se dan cuenta, ha pasado la medianoche. Y ellos fueron viendo. Acercándose cautelosos, porque él se iba sintiendo cómodo y ella como sin "trabajar". Pero fue un sexo acompañado, divertido, con cigarrillos compartidos y algún beso "de verdad", con ganas, con deseo diferente de la calentura. 
-Tendría que irme.- dice extrañado el Detective, porque sintió que se estaba disculpando.
-Yo también- y otra vez no lo miran sus ojos enrimmelados.
Arreglaron las cuestiones del dinero, rápidamente. Y salieron del hotel en silencio.
En la esquina, se abrazaron en un abrazo que pensaron juntos. Un lindo abrazo, nada desértico.
-Gracias, nena. Me entretuviste muy bien la soledad.
-Viste? Siempre hay alguien.- y esta vez, sí lo miró.


El Detective encendió un cigarrillo, mientras escuchaba el taconeo a la carrera para alcanzar el bondi.
Ya no llovía.

bondi: transporte colectivo local.
kilombo: prostíbulo.
mocasines: modelo de zapatos sin cordones.
Centro Cultural Recoleta: está ubicado en uno de los barrios aristocráticos de Buenos Aires, donde las putas no se encuentran en las calles.
Sonia es Sonia Sanchez, una mujer brillosa y brillante que pudo dejar de ser puta, de la que escuché yo esas frases y a quien dedico este post.


fotografía e idea robados del blog "la menor idea" de mi amigo Marcelo. mea culpa.

martes, 13 de diciembre de 2011

martes 13

                                                                                    a mi amiga Maga, musa de estas letras.

Se levantó temprano. Entre Morón y el centro hay un trecho y decidió dejar el auto en casa. Seguro que Buenos Aires es un loquero y encima es martes 13.
A eso de las siete y media compró el diario y tomó el tren. Por suerte, está nubladito y fresco. Había decidido tomarse el día porque en el taller nada era urgente y el pibe se iba a arreglar muy bien. Fue al pasar de la página siete a la ocho cuando se le mezclaron con los títulos un par de buenas piernas que terminaban en sandalias rojas. Miró de querusa, pero una señora corpulenta tapaba a la dueña. En fin.
Caminó lento la distancia hasta el subte. Iba sin apuro. En el tercer vagón encontró lugar para sentarse y cuando iba a retomar el diario, se encontró con las sandalias rojas y su dueña toda entera. La miró despacio porque ella también leía. Le gustaron su pelo castaño con algunas canas, el escote que coronaba unas tetas suaves ("suaves, dije?") y el vestido floreado. Le llamaron prestamente la atención los accesorios: una cadenita en el cuello con un dije en forma de pirámide de esas para la energía o algo, una cinta roja en la muñeca izquierda y un anillo con la cabeza de un búho en el índice derecho. La sumatoria de detalles lo llevó a una rápida conclusión: es supersticiosa.
Se sintió un tanto estúpido; con esas piernas y esas tetas, él pensaba en eso de la supertición. Miró sus manos y agradeció que el pibe lo convenciera de usar guantes; había desaparecido de sus manos aquella pátina oscura y grasosa que le dejaba el taller. Levantó la vista y ella lo estaba mirando. "Tiene ojos amarillos?" se preguntó, mientras se escondía tras el diario. "Ojos amarillos tienen los gatos" se dijo. Y ella no parecía un gato.
Se miraron otra vez, aunque ella parecía pensar en otra cosa y sí, tiene los ojos amarillos. La vió que se paraba para bajar en Estación Uruguay y ni siquiera lo pensó.
La alcanzó después de casi correr media cuadra. Se pasó la mano por el pelo y la llamó: "Señora, me permite?" Se dió vuelta y lo miró con sorpresa; no con miedo, con sorpresa. "Mire, yo sé que es supersticiosa (soy tan imbécil que dije eso?), que hoy es martes 13, pero si tiene media hora la invito a desayunar".
Entonces, Diana lo miró con sus ojos de gata. Se encontró con ese tipo del subte, el del diario al revés y las pestañas ésas ("pestañas esas?") y le dijo: "Confianzudo y mentiroso. Debo estar loca si acepto tu invitación".
-Mentiroso? Ya? En que se me notó?- preguntó con voz y mirada de atorrante, sintiéndose ganador.
-Por el diario al revés- le dijo ella de una manera que lo hizo sentir un impecable gil- y para demostrarte que no soy supersticiosa, adónde me invitás a desayunar?
                                                     
Hicieron el amor como si no fuera martes 13. Se embarcaron en caricias lentas y en besos de esos con risas y ruiditos, que cosquillean la piel de la espalda y siempre resultan tan caminadores. Navegaron por charlas susurradas y se fueron contando sus soledades, los amores contrariados, la esperanza traidora que los hacía esperar sin nada más que contar otro día en las mañanas del espejo. Se abrazaron de tantas formas impensadas y se cogieron con la desazón de los que se encuentran en el desierto: descreídos y maravillados.
Así que a la hora del atardecer, cuando el hotel se hizo hotel y ellos se miraron sin saber apenas más que sus nombres, se prometieron que eso que vinieron a hacer hoy, lo harían mañana, juntos. Que hoy no hubiera resultado bien porque es martes 13.
Tomaron el subte y el tren, distraídos por los besos, por las palabras que susurraban para que hubiera otro encuentro, por las manos asidas para cambiar los pulsos. Y el pulso del tiempo. Y el destino.

Y tal vez, resulte. Aunque sea martes 13.


imagen de internet