jueves, 27 de septiembre de 2012

Este jueves, un relato: Mirada retrospectiva


Esta imágen me ha traído a la memoria aquellos viernes con mi Tío Raúl.
Se me ponen mojaditos los ojos, pero el alma... el alma se me pone en vuelo!
Como sus hijos no lo acompañaban, yo era la elegida los viernes a la tarde, para el paseo al Puerto Ruiz, ahí nomás de Gualeguay.
Pasaba por mi casa como a eso de las cinco de la tarde, en los soleados días de primavera más que nada. Cuando escuchaba la bocina de su auto, mi alegría se anticipaba a su invitación.
- Coneja..., me acompañás al puerto?- él me llamaba siempre así: "Coneja". 
Cuanto llegábamos a Puerto Ruiz, junto al Río Gualeguay de mis amores, casi caía la tarde.
Y era el regreso de los pescadores.
Nos gustaba llegar con las mujeres, porque disfrutábamos con los preparativos.
Con ellas hablaba yo de cómo freir el pescado y de cómo esperar  al marido que salía con su canoíta al amanecer, tal como esperaban los hijos y la muerte: con esa indefinible sonrisa espantamiedos.
Con paciencia de viejas y alegría de niñas, bromeando con esa risa clara de la gente humilde, siempre oliendo a jabón blanco y a humo de brasero, las mujeres de los pescadores encendían fueguitos sobre los que instalaban las ollitas de hierro para que estuvieran listas cuando llegara el pescado. Con periódicos viejos inventaban un mantel donde ponían pan casero, vasitos de vidrio baratos y servilletas de papel.
(Qué suerte que mi corazón ha guardado sin brumas esa ceremonia!)

Ahora reconozco aquel sentimiento de aventura que me provocaba ver llegar a los pescadores.
Saludaban a sus mujeres con un murmullo, mientras recibían el mate como un abrazo; y a los demás con distintos comentarios, según quién.
-Cómo le va, "dotor"?
-Ah, don! ahi le traigo nos bagrecitos de rechupete para su chupín!
-Vieja, vayan friendo el surubí para el Gerente y la gurisa.
El gerente y la gurisa éramos nosotros. Y el que daba la orden era casi siempre el pescador má viejo, con su rostro arrugadito, curtido por el sol, tan amigable.
Entonces,celebrábamos mi tío Raúl y yo ese magnífico ritual: saborear el pescado en postas pequeñas, bien doradas, suaves en la memoria de mi paladar, sostenidas en papel ordinario y ese vaso de vino patero y tinto refrescado en el agua del río, que me hacía sentir transgresora y adulta.
Comíamos recostados en su auto, apenas con algún comentario sobre la delicia del menú, el brillo que el sol se olvidaba en las onditas del agua, el martinpescador que rasgaba ese brillo para robar la plata de una pescadilla, un piropo para la crocantez del pan que era un deleite. Nos quedábamos ahí, gozando del vino áspero. Del paisaje colorido de los pescadores con sus familias y la carcajada cascabelera de la gurisada jugando entre las canoas.
Cuando el sol ya se iba y la bruma del anochecer silenciaba las voces y las risas, mi Tío compraba algunos pescados que ya habían alistado las rápidas manos de las doñas y nos volvíamos.
-Estuvo bueno el paseo, eh, Coneja?
-Precioso, Tío. Gracias!
-Riquísimo pescado...
-Riquísimo!
-Un poco áspero el vino...
-Sí, un poco.
-Y grasientos los vasos!- remataba mi Tío con su risa ancha bajo su gran bigote.
Y yo le acompañaba la risa, mientras apoyaba la cara en la palma de mi mano y miraba las estrellas apareciendo, adormilada de felicidad.




mas miradas hacia atras en la casa de Pepe

a pedido del amable público:
Gualeguay: lugar donde nací, en la Provincia de Entre Rios, Argentina.
mate: infusión de yerba mate que se "toma" con bombilla de metal, en una especie de calabaza o en diferentes recipientes con el tamaño de una taza de té, más o menos. Un vaso de vidrio grueso que soporte bien el calor tambien sirve. Y el mate, como acompaña soledades, amores, amigos y hambre, siempre es un abrazo.
de rechupete: sabroso, muy rico!para chuparse los dedos, vean.
chupín: un estofado de pescado..., de rechupete!
gurisa: dulce forma de llamar a los niños en mi provincia y en otras.
gurisada: grupo de niños.
vino patero y tinto: vino que se elabora pisando la uva en patas. de color oscuro, ya saben. es fuerte, dulzón y áspero. hace bailar el alma!

bueno, ahora es como si hubiera entrado dos veces.
estas expresiones me han puesto el alma en retrospectiva y suspirante.


 

jueves, 20 de septiembre de 2012

teatro, máscaras y apariencias



Esta historia sucedió hace mas de treinta años y es la historia de un amor imposible; pero que si hubiera sucedido por estos días, tal vez..., me digo que tal vez...
Aimee y Eduardo coincidieron por razones de trabajo en un pequeño hotel en Rosario, Argentina. Ella era la figura de un elenco brasileño que traía su espectáculo a un famoso cabaret de la ciudad, y él cumplía con un grupo de colegas una comisión de servicio. Yo formaba parte de ese grupo.
Los que presenciamos el encuentro sentimos la vibración de los cuerpos, tan intensa fue aquella forma de cautivarse. Esa morena espigada, envuelta en un vestido blanco, con su bella cabeza coronada por un exótico turbante de colores envolvió a aquel hombre claro, tan rubio, tan de mirada transparente y sonrisa extensa en un cerco invisible de puro deseo.
Fueron cinco días de vivir enredados en un tejido de seducción, solo interrumpido por los ensayos de ella y el trabajo de él: una envolvente trama que se hacía y se deshacía por la habilidad de Aimee para manejar aquel caliente escarceo.
Los del lado de Eduardo fuimos invitados de primera fila para el estreno del espectáculo de Aimee.
Ella le había prometido confirmándolo con sus ojos negros: "Esta noche me verás como soy de verdad y luego me dirás... y te diré"

El Cabaret nos sorprendió con un ambiente cremoso de aromas y sombras sensualmente iluminadas. Un escenario a oscuras y adornado con espléndidos plumajes avivó nuestras expectativas y la ansiedad de Eduardo. Todo nos resultó un entretenido espectáculo de estilo, hasta que hizo su aparición Aimee.
Una perfecta figura de ébano apenas adornada con diminuto traje de lentejuelas y un tocado de plumas y flores, nos dejó sin aliento. Hizo unos pasos de bailes con la divina cadencia de un felino y luego comenzó a cantar con una voz repleta de matices esa canción que, con los gestos, le dedicó a Eduardo.
Mientras hilvanaba la letra, Aimee se deshacía de los alamares que la adornaban, se quitaba con penosa gracia el maquillaje ante la simulación de un espejo y su voz nos bañaba de sensualidad. Hasta que en un dramático crescendo,  se quitó el corpiño a la vez que el tocado de plumas y, entonces, un bello muchacho moreno, con la vacía sonrisa de una máscara, se inclinó ante el atónito y cerrado aplauso.

Acompañamos en el hotel la silenciosa borrachera de Eduardo hasta la madrugada, cuando llegó Aimee, otra vez con su traje blanco y su exótico turbante de colores.
No recuerdo abrazo más triste ni llanto mas plañidero que el de aquel adiós.
Aun se me estremece el alma.

otras máscaras en el teatro de neogéminis.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

ojo por ojo


Rosalía tenía un par de ojos almendrados que, antes de la tristeza, habían ocupado la imaginación de más de uno en el barrio de su adolescencia.
Y cuando se enamoró de Oscar se le pusieron más bellos los ojos y su risa parecía una algarabía de pájaros. “Es por reflejarme en el cielo de su mirada”, suspiraba mientras adoraba aquellos ojos de tan intenso color celeste.
 Después, no sabe de qué oscuro sueño despertó entre gritos un día; con su forma de mirarla haciéndola sentir tonta a cada momento; con su indiferencia haciéndola invisible según pasaba el tiempo. El amor que entonces la iluminaba la agrisaba sin remedio hasta que un día dejó de ver el cielo de su mirada y se le fue secando el alma. Se le cambió la miedosa pena por un sentimiento amargo que le enfriaba el corazón.
Entonces, un día dejó de cocinar; otro de planchar la ropa tan prolijamente; se demoraba varios días en cambiar las sábanas; como no abría la ventana el olor ácido de su amargura se fue prendiendo de las paredes.
Oscar tardó un tiempo en darse cuenta de las sábanas, porque casi siempre llegaba borracho. Y de su ropa descuidada porque no le importaba. Y del olor ácido  porque no la veía.
Pero de la comida se dio cuenta el primer día, claro. Y gritó. Y otro día la zamarreó un poco. Pero a Rosalía ni siquiera le importó cuando casi le rompió la boca de una cachetada. Ella estaba desalmada y con el corazón helado, total. Y con un rencor sordo por su mirada y su risa perdidas.
Así que cuando se despertó en el hospital y le dijeron que aquel “desmayo que la hizo caer en forma tan desafortunada contra el marco de la puerta le había provocado la pérdida de su ojo izquierdo”, se quedó en silencio. Ya no valía la pena decir que Oscar la había golpeado con la plancha de los bifes.
Eso sí: gestionó una prótesis para su ojo y casi pudo sonreir con alegría, cuando se miró al espejo con su cara otra vez completa; aunque se viera así, un poco rara. Sobre todo por el horror de Oscar que se fue sin volver ni para buscar sus cosas.
Y porque ella ya no podría olvidar porqué su nuevo ojo era de color celeste.
 
mas ojos por ojos en casa de Teresa

jueves, 16 de agosto de 2012

aplausos y abrazos para él


PALPAR LA VERDAD

                 Decir la palabra es conjurar la magia hechizante de su eco. La palabra hurga en los laberintos de tu desmemoria y diluye, filosa y mortal, la distinción de tus sentidos: la pronunciación  mensajera muele las razones y las palpitaciones, desmembrando la mesura. Entonces somos bien o mal, o la conformidad de nada haciendo ruido y creyendo fijar el mundo en su arrogante sintaxis.
           Pero cuando somos alarido, tu explosión expande mundo, tus esquirlas calan ardientes y cortan el estar pendiendo de una noticia vieja que fermenta la espera: evapora el miedo que desconoce su motivo. Por eso sostengo que pronunciar da sospechosa vida. Esparce comillas sembradas entre sepelios y estimula el trance furtivo de amores yertos que afilan las uñas con las que aferrarán la pretensión de esta razón pedante de someter el universo a un listado de letras o rezos para garantizar, así, su perennidad.
            Los besos de trémulas cortezas de carne tibia sucumben a diario y dejan legados cargados a ciegas, y sólo pronunciando dan sentido al peso de la espalda, al clavo que perfora, a la espina que corona, al dolor que vale la pena; porque la palabra es el altar del alma esclava.
            Quiebro tus labios con vientos secos de aliento sordo para no pronunciar tu condena y sólo escucho las brisas que susurran reflejos de cantos de orgasmo. Bebo su tinta, escribo en su caudal y entonces veo, sin el hechizo de la frase dicha, si el amor inunda la geografía de nuestra cama. Sólo así palpo la verdad y mi tacto sabe que no yacen, arrugados bajo el sudor,  piadosos trucos de magia.

Publicado por Javier Noya en su blog Letras en tránsito

Reitero mi comentario: será por ésto que ando tras las palabras, aún cuando no escribo. y será por ésto que escribo, aún cuando ando en silencio. vaya!... que tan bella explicación he encontrado! será que a tales ojos, tal mirada, amigo mío.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Cleo y la letra Cu


Ustedes ya saben ue la risa de Cleo, hija de mi hijo, es el alimento irreemplazable para mi alma. Y lo condimentan su mirada, su voz, esa preciosa forma de llamarme abuela.
Por tanto, ella es la dueña de mis collares desde hace rato y de mi netbook, en el último tiempo; con la aclaración ue los collares y la mauinita son de mis cosas más preciadas. Pero ella es la ue pinta un "mundo nuevo dentro de mí", así ue es la única manipuladora de mi voluntad.
Y ahora la gurisita adorada ha tenido un accidente ue nos tuvo a todos en vilo y a mí en medio de un oscuro callejón de miedo. O sea, cuando volvió a visitarme tuvo regalos, caprichos, mimos de los ue uisiera y tostadas con ueso blanco y dulce de frambuesas mientras jugaba "juegos de princesas" en la netbook. 
De ese ratito de juegos, uedaron señales pegajosas y miguitas de varios tamaños adornando el teclado.
La he limpiado como he podido y muy esmeradamente, pero alguna basurita se ha uedado escondida debajo de la cu. Y se resiste a salir. Sepan ustedes disimular el inconveniente.
Es un límpido asunto de amor.

lunes, 6 de agosto de 2012

diatriba de lunes contra la ausencia

                                           

                                                                            quién pudiera reir como llora Chavela!  (Joaquinito)

me fui sin darme cuenta; al principio fue un desgano. después, un otoño con cupido desmayado, sin alas y sin flechas; un laburo que me agrisa de frente y por la espalda; la rutina desmadejada en nieblas matinales y noches desangeladas; esa forma que tengo de encaracolarme cuando me gana el desánimo; retoños de mis elegidas soledades.
y cuando quise acordarme de mi, era una ausente perfecta. 
veamos cómo puedo explicarlo: no es que ande yo infeliz, vale? es que ando sin ser feliz. ando en medio de la ausencia.
y la ausencia, queridos míos, no tan queridos, amigos de mi alma, conocidos de letras, gente que pasa, es como una pared pintada con cal: empieza pareciendo blanca, con los días se va tornando apenas gris y cuando podemos verla es como si la hubiéramos pintado con humo; una verdadera porquería que ni para ilusión alcanza, la ausencia.
tienen que saber que tampoco ando triste. a veces me río, inclusive. y hablo de las cosas de siempre y de otras, las del diario, no sé. hasta pienso, a ratos. pero en esto de andar ausente me fui enfermando de silencios disfrazados, de renuncias a decir, de alguna puta resignación.
al comienzo, se me ausentó la mirada. se me durmieron las palabras entre la frente y las manos. y sin que dejara de hablar, se me calló la voz. la ausencia es un cosquilleo que se me instaló en las cuerdas vocales y ya casi ni puedo decir decir.
esta puta ausencia me hizo perderme de los dorados del otoño. apenas si miré una luna que otra. anduve sin emoción por la calle Honduras! mecachendié.
sólo, y de a ratos, la risa de Cleo y el miedo de sentirla en peligro, me desarmó la ausencia. tal vez, el llamado de Cecilia despertándome esa mañana. o la pena de Camilo por estos días. ninguna otra cosa me hacía volver. ni el enojo con el que me defiendo de algunos dolores de amor. qué difícil apartarse de esa baba de araña que es la ausencia.
ay, qué misterios los del alma. qué atrevidos vericuetos los de la sangre dormida de ausencia. 
qué lluvia estéril en la piel transparente de la ausencia.
pero ahora se ha muerto Chavela Vargas y algo me ha tironeado en el medio de la espalda. 
debe ser que si la vida no le gana a la muerte esos milagreros, quién soy yo para andar ausente, así, como adormecida de la pasión? 
así, que he vuelto y ya.
con el cuerpo despertando temblores de abrazos, de letras, de ojos abiertos, de caricias alertas.
he vuelto.




viernes, 8 de junio de 2012

mandarinas



 estos días tan fríos, pero con noches tan serenitas,
me traen al alma la mirada extensa de mi madre.
ella "miraba" esas noches como éstas y anunciaba,
gozosa: "qué dulces van a madurar las mandarinas!"
y era así, nomas.


 
en las siestas con sol
y en las noches de invierno
a mí me gusta
comer mandarinas

desde que desprendo
su cáscara
sé que ese suave crujido
cargará mi alma
con un dulce avío
 
tocará mi frente
la blanca risa de mi madre
inundándome
de mi feliz infancia:
la de robar mandarinas
con los gurises del barrio
tentando a la solapa
escondida en la resolana

(cuando Gualeguay olía a azahar
y a jugosos duraznos)

su persistente aroma
se me quedará en los dedos
hasta un rato después
suavizando el corazón
como los bellos recuerdos

y cuando muerda
la jugosa pulpa de sus gajos
se me escapará como siempre
un fresco suspiro
de confiable placer

la mandarina
tiene esa atinada cualidad
de no ser siempre tan dulce
de ponerme alerta
con una leve acidez
que tampoco es siempre

y cada vez
me deja en la comisura
de los labios
esa sonrisa extendida
mansa
inacabada
de la felicidad porque sí.

gurises: niños
solapa: cuco que se llevaba a los gurises que no dormían la siesta.
 
ansiosa de sonrisas, me llevó la memoria en busca de estos versos,
a un cajón olvidado. disculpen lo repetido.

martes, 29 de mayo de 2012


se durmió con su voz en el teléfono: "sabés cómo es todo lo que te quiero?" sintiendo que volver a amarse como amantes ha sido una buena decisión. y el suave murmullo de la selva volviendo al descanso. "me ha quedado clavada en los ojos la visión de ese carro de trigo...". a mitad de la noche la desvela por un momento la anotación aquella que debe dejar expresa en el documento inconcluso. antes que el sol, la despierta el desmesurado canto de un pájaro y un suave revoltijo de hambre que la hace reacomodarse sobre la aspereza del grueso tronco. la ducha le disfumina la pereza en leve sensualidad y sonríe con el cielo amarillento. tal vez haya sol. "...que cruzó rechinante y pesado sembrando de espigas el viejo camino". lindo el saludo cruzado con esa amiga de su hija y la invitación a un encuentro. se perfuma con ese aroma de pomelo y té verde que le refresca la piel y el alma, piensa en él como si lo deseara, y sale. el hambre la hace estirarse tan larga como es y le alerta el olfato: debe ponerse en movimiento. mientras desayuna piensa en José y lo llama como cada uno de estos años en esta fecha; cruzan un dialoguito apenas tibio, desdibujado por el tiempo. "no pretendas ahora que ría! tú no sabes en qué hondos recuerdos estoy abstraída!". guarda el libro que leerá en el subte y retoma el recuento que debe constar en lo que la ocupa. pesadamente se desliza en un cauteloso silencio que le viene en la sangre mientras su cerebro registra imágenes de su cuerpo fibroso saltando sobre la presa. de pronto se le cruza un espejo y se encuentra con sus ojos. es cierto, ya no son los mismos. sin embargo, él la mira como si sus ojos fueran siempre esa mirada con que ella lo renace. "desde el fondo del alma me sube un sabor de pitanga a los labios" y se ríe. necesita tocarse la piel en el borde del escote, sentirla suave aún. memora un fugaz romance. o dos. y aquel otro. se relame, solitaria; echada al sol, limpia su pelaje negro y brillante. ahora se mueve menos, pero mantiene intactos el instinto y la habilidad para cazar. mientras va leyendo, se le entrecruzan las compras que tiene pendientes, el resto del día, la reunión que la espera. y piensa en sus hijos con ese impulso que le empuja la sangre, como cada vez que los piensa. y, pegadita, la felicidad de contar con Cleo hasta diez en inglés. "uan chu tri for faiv six seven eig naix ten" y nuestras risas triunfales, sin importar que al nueve le diga naix. y sigue siendo lindo caminar por Florida antes que se vuelva loca de gente. satisfecha, vuelve a estirarse entrecerrando sus fieros ojos amarillos, ensayando sus garras, oliendo los mezclados olores de su vida, gozando del sol. envara la espalda y anda contenta. la brisa de la vida le arquea las pestañas. y las lunas aun le inquietan el ombligo. sonríe con esa forma de la sensualidad reinventada por fuerza de sentir el día. "soy la misma muchacha salvaje que hace años se acuesta a tu lado". la vieja pantera aun guarda su esencia.

todavía quedan veinte minutos para la reunión. es geminiana. tiene tiempo para comprarse flores e introducir la humorada de jugarle al 62.



viernes, 25 de mayo de 2012

dia de la Patria

hoy me desperté pensando en Celia, y en todo y todo lo que hizo para conseguir su documento que, según yo lo creía, le aseguraba un pequeño contrato laboral y una, seguramente, pequeña jubilación.
sin embargo, ayer, cuando nos deseamos "buen fin de semana largo", Celia agregó: "y feliz día de la Patria, doctora" y yo le concedí un: "Igualmente para usted, Celia, que es medio argentina!"
entonces, ella con ese tonito tan suave y tan firme de esa gente, me anotició: "Argentina entera, doctora! yo he pasado casi toda mi vida acá. tengo a mi familia y mi trabajo. acá fui a la escuela. y soy ciudadana argentina"
en ese momento, tomé en cuenta que Celia había lucido nuestra escarapela durante toda la semana.
yo pensé en mí, que a veces me muero si me quedo, pero siempre me muero si me voy y orgullosa de ella, le deseé: " Entonces, Feliz día, Celia. Y gracias, por mi y por la Patria".
ella es Celedonia Alvarez Camargo. nació en Bolivia hace setenta y cuantos años. hace poquito terminó la primaria con el título de "Mejor Compañera". y, además, es una amorosa compañera de trabajo.


miércoles, 16 de mayo de 2012

París, 5 de mayo de 2012.


                                                                 
Recibió aquella carta con un sobresalto.
      "Silvia, yo también espero que leas esta carta, que escribo sintiéndome como un "ladrón, saliendo a tu encuentro. No será, claro, una carta de amor; tampoco la "esperarías, estoy seguro. Es solo que Karina ha dejado tu carta en el cajón de nuestros "papeles, donde van las facturas y esas cosas. Y creo que me ha puesto una trampa.
"He leído tus letras con la misma hambrienta atención que me despertaba escucharte; no "tengo ya aquellas charlas, lo confieso. El caso es que he decidido responderte esa carta, "mas que nada, por ese enojo escondido que he leído con cierto placer, pido disculpas "por eso.
Silvia se sorprende recordando a Alejandro con una sonrisa. En verdad, siempre le descubría los "enojos escondidos" y conversar con él era abrir su mente a cosas impensadas, imprevistas, asomándose a oquedades y luces, acostúmbrandose a eso. 
Se dió cuenta que se había quedado de pie en el mismo lugar donde comenzó a leer la carta; el sobre rasgado a sus pies.
     "Compusimos una buena pareja, es verdad; y estaba aquella complicidad, además. Por "su nombre y su ausencia? Tal vez. A veces pienso, muchas veces, lo admito, pienso en "esa amistad que alimentamos como se alimentan algunos amores: como si cada día fuera "el del último tren. Y todo eso de ese nuevo hombre creciendo dentro de mí también es "verdad, claro.
"Qué raro es recordar ahora nuestros momentos de romance con esa intimidad contigo, "que para mí un descubrimiento: dejarme ir por tu risa, por tus abrazos, por tus piernas "como por un amigable tobogán de arena. Haber caminado las calles de Buenos Aires "contigo, hace que te recuerde en algunas calles de Paris, sobre todo cundo Karina no me "acompaña . Y Karina casi nunca me acompaña.

Ah, tampoco en París lo acompaña. Lo recuerda una madrugada en que comían chocolate en la Plaza de los Dos Congresos y él se puso lejano de repente. "Mirá que lindo es ésto. Karina siempre se lo perdió. Habrá sido mi culpa no hacer que le gustara la calle al lado mío." "Culpa tuya es que yo no camine a tu lado en París", piensa en eso y siente la garganta seca.

     "Voy releyendo tu carta, querida Silvia, y revivo nuestra intimidad sin prejuicios. "Como lograste que yo pudiera alivianar mi carga, contándote esas cosas de mi vida: la "traición de Marisa, su devastadora mentira, que me degradó como hombre hasta el "mismo instante anterior a desear la muerte. Pero no estabas vos ahí, sino "Karina; porque así es a veces el destino. La brisa de la vida, decías vos?
"Ahora creo que me enamoré de Karina por necesidad de salvarme, porque era la que "estaba ahí, en la puerta del Infierno en el que quería quemarme; aunque ahora me "parezca tan melodramático. Y me enamoré contra tda razón, seguramente. Así es como "actúa la desesperación sobre las heridas abiertas, no?

Silvia solloza casi sin darse cuenta. Ha andado hasta el cuarto buscando cobijo en la blandura de su cama, en la calidez del velador, tal vez. Tiembla un poco porque su mente y su alma se envoraginan de veloces recuerdos. Tan intensos. Y siente una amigable cercanía con ese hombre. Ella sabe que fué así como él lo escribe. Muchas veces recostó en su hombro el cansancio de su historia. Se seca las lágrimas por entre sus anteojos para seguir leyendo.

       "Pero quiero que sepas que vos calmaste mucho mas que mis "ardores" (me he "sonreído con esta expresión que me ha traído la especial entonación de tu voz en "algunas frases). Has hecho mucho más, digo: has dado cobijo a mi corazón, sin pedirme "casi nada a cambio. Y hasta hubo un tiempo en que me alcanzabas sin nada más que "recibiéndome como lo hacías. Aunque ahora parezca una ironía, no lo es. Es muy "importante para mí que lo sepas.

"Yo lo sé. Vaya si lo sé, Alejandro." Y se pasó la mano por la frente, tuvo un leve escalofrío.

       "Silvia, que me has hecho reir entre la melancolía con eso de tu cuerpo robusto, tu "edad, tu forma de vestirte! A mi me gusta todo eso, claro. Y tal vez Karina se hubiera "sorprendido, porque está tan ocupada siempre de gustarme, mas allá de lo que necesita "su imagen en su nuevo trabajo! Que tiene un trabajo, ahora, mejor y distinto. Es "modelista de una buena casa de modas, por suerte.
 
Qué suerte, piensa y siente Silvia, que ya no tiene lágrimas.
       "No te he olvidado, querida. Y no voy a olvidarte. Yo necesito de tu recuerdo para "cuando Karina y París me pesan en la espalda y en el corazón. Para cuando Buenos Aires "se me aparece imposible. Necesito tener presente tu mirada, Silvia. Aunque dentro de  "un minuto me digas adiós en tu memoria y en tu cuerpo, me clausures en tu recuerdo.

Ella se siente tomada por sorpresa. Como si Alejandro la estuviera mirando con su mirada esperando. Como si la mirara con aquellos ojos de la primera vez. Porque ella siente que el recuerdo se le desdibuja despaciosamente. Y el enojo se esfuma. Y la triste nostalgia de todo este tiempo.

      "Hubiera sido maravilloso enamorarme de vos, para que te enamoraras de mi. Porque "cuando ando así, como perdido en la bruma de una vida que no termino de elegir, "necesito a esa mujer que escuchó mi advertencia apenas conocernos y me acarició por "primera vez diciendo: "Se fue a París dejándote? Qué enorme dolor, Alejandro!".
"Así que no te voy a olvidar. Nunca.
                                                                                       
                                                                       Alejandro



Un suspiro le recorre las tripas y le sube a la boca un sollozo ahogado.
Mientras se despide definitivamente, en tanto rompe despacio también esa carta que ya no contestará, recuerda otra vez, con toda claridad, aquella advertencia.

"Qué linda sos. Pero no voy a poder enamorarme. Vengo de dos años de amor y un" "reciente abandono. Ella se fue a París. Es una bella travesti. Tenías que saberlo."

martes, 8 de mayo de 2012

abrazo a Clemente



Tuve la enorme suerte de compartir momentos con él, gracias a una amiga que ya no tengo.
No sé si era simpático. Me parece que no. Pero era un tipo de un humor sutil, serio, un pelín irónico, que me encantaba.
Era pintón el Negro, eso sí. Y porteño en la planta.
Me lo acuerdo en una mímica tocando el bandoneón sin bandoneón, que me sedujo completamente.
Tenía muchos amigos. Amigos famosos, amigos célebres, amigos "de antes", de la escuela y del barrio. Y todos lo quieren (a esto lo escribo en presente, si, señor). Eso pinta el verdadero retrato de un hombre.
Tuvo cuatro hijos, dedicados al arte: Tute le copió el talento; Tomás es músico; Aldana, bella fotógrafa. Y Clemente, claro.
Se fue sin irse como se va esa gente que es así, tan necesaria, que no podemos decirle adios. Pero igual, tengo una pena que me decolora el alma y no sé, una necesidad enorme de abrazar a Clemente, que debe estar tan solo, no?
Su nombre era Carlos Loiseau. CALOI, digo. El negro CALOI, en resumen.

domingo, 6 de mayo de 2012

le canto los 40

Mi fotoMire, Piba, no se cómo decírselo así, en público, sin parecerme a la vieja Madama de aquel prostíbulo de Gualeguay, pero... qué década empieza hoy, jesú, maría y josé!
Los cuarenta, bien mirados, que es ahí dónde está el secreto, en mirarlos con ojos de gata que "parece que se deja y... no se deja", con ojos de arena humedita de amanecer entre las manos, con ojos de escote redescubierto en el espejo; en mirarlos lindo, digo, son un manjar que la vida nos regala a las mujeres y hay que saborearlos como a ese chocolate que le confiscamos a la dieta, sin nada de culpa y con entera sensualidad, mire lo que le digo.
A los cuarenta, si no tuvimos hijos, somos las que siempre olemos bien y tenemos libertad para todo; y si los tuvimos, los hijos necesitan de nosotros pero ya no de nuestro cuerpo que se ha ido madurando en otras redondeces y sapiencias. Y si queremos tenerlos a esta edd, también podemos! 
Sabemos con toda claridad que no seremos Eleonora Cassano y que una cumbia o un merengue se nos da mucho mejor al dibujo de nuestra cadera, sin hablar lo que hace un tango con nuestra mirada o un rico bolero en la latitud del ombligo.
Con hombre, con "ese" hombre mejor, la vida es una ambrosía. Pero sin hombre, la vida es una aventura en medio de un mercado con todos los sabores. El amor? El amor es un invento, Piba, un relato del alma, que hay que andar campaneándole a la vida. El amor es un duende controvertido e ilógico. Y a los cuarenta, de este tipo, ya la sabemos lunga.
A esta edad sabemos de lo que nos gusta y de lo que no nos gusta; y ya nadie nos manda a estudiar inglés, ni a hacer mandados. Que hasta podemos hacer un rinraje a la hora de la siesta y patear un tablero a cualquier hora que sea necesario.
Nuestro cabello empieza a tener el color que queremos darle, y la mirada se hace mas extensa, la espalda mas alerta, la piel y el corazón tienen las justas señales de las encrucijadas que debimos cruzar; y nuestra memoria ha dibujado un mapa de recuerdos.
A los cuarenta, Amiga, somos lindas, si no bellas, y empezamos a ser sabias, porque sabemos que el entusiasmo es mejor que la felicidad, que la risa es irreemplazable como las buenas amigas, que una madrugada inolvidable es un delicioso aderezo para el alma y que, a veces da tan rico una cena gourmet como otras, una hamburguesa chatarra: que todo según con quién.
Y que nada se parece a ese momento maravilloso de robarse tiempo para estar a solas con una misma, haciendo lo que se viene en real gana.
Y todo eso, con la bendita sensualidad para gozarla, descubrirla, reencontrarla, inventarla.
Sobre todo, si una elije llamarse Malena y oler a yuyo de suburbio desde la voz a las botas.
Vea, Piba, le regalo un cuaderno todito en blanco y una caja de crayones para que empiece a dibujar su vida con los colores que mejor se le antojen.
Y un libro con secretos. Y un rimmel mágico, para empezar cada vez como si nunca. 
Un espejo que se ríe de la melancolía. Un licor contra los malos recuerdos. Un duende oficial de justicia que desaloja tristezas. 
Y un abrazo como un nido.
                                                                              soy Marta, esta vez




martes, 24 de abril de 2012

Buenos Aires, 14 de abril de 2012

Ay, Karina! Como verás, he leído tu carta sin que pueda apartar mi pensamiento de ella desde ese momento. En principio, porque creí que esa historia estaba cerrada y, luego,porque no sé que pensar, o sentir, con tus palabras. Que me sientas tu amiga ya es curioso,pero… tu compañera de la vida? Cuál podría ser la remota razón que nos hiciera compañeras de la vida? Mi encuentro con Alejandro fue del todo fortuito y aunque alguna vez creímos que sí, siempre supe que nuestra relación no iba a ser una larga historia, por lo que separarme de él me produjo mas melancolía que dolor.
Habíamos compuesto una buena pareja de cómplices: por dos razones diferentes fuimos guardadores de tu nombre y de tu ausencia. Y en tanto, nos fue naciendo una amistad extraña que cuando hacíamos el amor se parecía bastante al amor.
Es verdad, ese hombre fue redescubriendo los juegos y la ternura, los besos porque sí, la calidez de los abrazos, la risa compartida; y caminar Buenos Aires de mi mano a cualquier hora, con cualquier rumbo. Pero entonces la nostalgia le aturdía la mirada y yo me enojaba sin poder evitar la fuerte presencia de tu ausencia. Por lo cual, nunca me permití enamorarme de él, como hay que enamorarse; como yo me enamoro: con todo y todo.
Es verdad también, que la confidencia que callábamos nos fue acercando a una intimidad sin prejuicios que se parecía a un puente que creímos indestructible, y la idea de que volvieras, la esperanza que tenía de vos, se esmerilaron por algún tiempo.
Hasta aquella noche que Alejandro no me habló para decirme hasta mañana, ni atendió mi llamado. O peor, la mañana siguiente en que me dió la noticia con la mirada mas extraña que yo haya mirado: “Vino a buscarme”. Y me abrazó con un sollozo de alivio porque el amor te había regresado y un sollozo de pena porque iba a dejarme.
Cuando él me dijo que querías conocerme yo pensé en que estaría bien que te enfrentaras con mi cuerpo robusto, mi edad, mi forma de vestirme, para que supieras con quién Alejandro había calmado los ardores de tu abandono. Pero enseguida sentí que eso no significaba nada. Alejandro se iría con vos, sin chances para mi: el destino era París. Y solo celebré no haber alimentado el amor.
Y ahora celebro que él no me haya olvidado y más aún, que vos lo sientas así.
Apenas me duelo de pensar que no le alcances, porque sé lo que has significado en su vida. Así que ni me pidas disculpas, ni me dés las gracias.
Y no. No quiero conocerte ni que me conozcas.

                                                                   Saludos

                                                                               Silvia


                                                 

lunes, 23 de abril de 2012

un sonido de pulseras



se miró en el espejo sin saber que esperaba encontrar. se miró con sus ojos apagados por la pena y, sin poderlo evitar, tuvo ese gesto de arreglarse el pelo. tocó sus pulseras como si no hiciera nada, con todo ese dolor de tantos días.
su cuerpo se movía por el sólo impulso de la vida a su lado, y como a cada momento pensaba (pensaba aún?) cómo hacer para que se sintiera mejor. de algún modo ella siempre supo cómo hacerlo, pero ahora ya no lo sabía.

se sentía cansado. ya no soportaba ese olor, esas voces desconocidas, las luces brumosas; el desgano de su cuerpo sin señales. lo peor era el liso silencio de su pensamiento. apenas distinguía el perfume de Cristina, la presencia de su hijo, a veces las voces de sus hijas. nada de todo lo que esperaba escuchar, sentir, decir. nada mas que esa pegajosa oscuridad, y esperar hasta cuándo.
tanto cansancio tuvo, súbitamente, alivio definitivo. sintió esa mano acariciando la suya, reconociéndola entre todas, y la magia de un sonido de pulseras. sabría distinguir las pulseras de Elsa, entre todos los sonidos del mundo. sonrió para su alma. -un suave temblor en la comisura de la boca-. 

y serenamente comenzó a abrirse la puerta del adiós.


viernes, 20 de abril de 2012

Paris, 17 de marzo de 2012


Estimada Silvia:
                       Ojalá no rompas esta carta. Soy Karina, y Alejandro no sabe que te escribo. Por favor, es imprescindible que él no se entere de esta carta porque no  me lo perdonaría, y yo confìo en vos. Es un poco raro, pero siento que de alguna forma somos amigas, una especie de compañeras de la vida, no sé cómo decirlo. Me hubiera gustado que nos conociéramos, pero comprendo que vos no quisieras hacerlo.
                            Te escribo en esta tarde de sábado, porque Alejandro ha salido. Tengo un poco de nostalgias de Buenos Aires, también. Y él te ha nombrado ayer, sin darse cuenta, me parece. O sí; y no pudo evitarlo. Ha dicho mirando el cielo de París: "Ella debiera ver este cielo". Es verdad, no ha dicho tu nombre; pero yo sé cuándo habla de vos, porque lo siento en el hueco de las manos. Se me ponen como vacías.
                             En fin, que lo que quiero decirte es que a veces, Alejandro te hecha de menos, aunque lo niegue repetidamente. Casi siempre, en realidad. Y sobre todo, cuando hacemos el amor. No me entiendas mal, Silvia. El me ama con toda su alma. Yo lo sé, porque me ama con mis carencias y con tu ausencia. Simplemente que, en algunos momentos, me enseña caricias que yo no sabía darle. Me enseña a besar suave. Abrazos blandos de ternura. Y sus ojos pasan por entre mis ojos hasta detrás de mí, y suspira. Y vos estás ahí.
                               Es cuando te siento mi amiga, de esa manera rara. Mi compañera de la vida. Es que las prostitutas no sabemos hacer el amor, si nadie nos enseña. Servimos para espantar la soledad, para engañar a Cupido de una forma miserable, pero nada más que eso. Y Alejandro se enamoró de mi forma de acompañarlo cuando aquella mujer lo traicionó de esa forma y por eso aceptó mi pobre manera de amarlo, en el pedacito que me quedaba de madrugada, en el ratito de atardecer antes de salir a las esquinas.
                            Cuando fui yo la que lo abandonó, te encontró a vos que lo aceptaste sin preguntas, sin prejuicios, con la cabeza y el cuerpo abiertos para recibirlo. Y cuidaste de su alma, de su corazón, de su cabeza, de su sexo. Eso hiciste por el hombre que las dos amamos. Y que me eligió a mí. El que vos dejaste partir con una sonrisa, porque lo sabìas "de antes" como él me contó que le dijiste, mientras se despedia de vos llorando.
                          Así que siempre supe que algunas tristezas de Alejandro, algunas miradas transparentes, ese golpecito que da en el brazo del sillón espantando pensamientos, tienen que ver con tu recuerdo. Pero yo lo miro, lo acompaño y lo amo desde cada partícula de mi. Por eso lo dejé y por eso volví a buscarlo.
                            Ahora simplemente trato de amarlo con tu forma de amarlo, Silvia, aunque te resulte demasiado cruel y sin sentido. Pero así somos las mujeres.
                              Me hubiera gustado que nos conociéramos, Silvia. Para pedirte disculpas y decirte gracias. Me parece que para eso.
                                                                      Un abrazo


                                                                                   Karina




 

miércoles, 18 de abril de 2012

el aire celeste



mi balcón tiene el aire celeste como la tarde y me siento a mirar la santa rita que se ha enamorado del tejido metálico como de un muro con agujeritos.
observo el pequeño entorno como si fuera mi alma. (las gatas duermen cerquita). y me gusta.
me gustan las pequeñas prímulas y el malvón que compré ese domingo en que se me había puesto la mirada distante.
cada día mi casa y yo nos ensamblamos como un silencioso engranaje, perfectamente lubricado por este licor de libertad que emborracha a veces mi corazón.
es tan lindo esperar su visita de amante, su risa, los besos como recién inventados, el amor renaciendo!


la brisa de la tarde me mueve un poco el pelo y la brisa de la vida anida en mis manos.


se escucha un tren que vuelve.


martes, 10 de abril de 2012

lo que quise decir...

... con veredas y adoquines, es hablar de la vida, ya saben.
y quiero que sea así, mirando lunas a la hora de la siesta, en la mañanita, desde las veredas de la tarde y a la hora de la luna.
y que las lunas sean gente, calles, historias, encuentros y no encuentros.
sentir la brisa con todos sus colores.
dicen que el amarillo es el color mas amigo de la locura.
así que.............. VOILÁ!



lunes, 9 de abril de 2012

Estamos en reparaciones.



un toquecito por acá, otro por allá, y...
¡¡¡RE INAUGURAMOS!!!

jueves, 9 de febrero de 2012

abrazos y aplausos para él

                                            
 Muchacha ojos de papel,
¿adónde vas? Quédate hasta el alba.
Muchacha pequeños pies,
no corras más. Quédate hasta el alba.
Sueña un sueño despacito entre mis manos
hasta que por la ventana suba el sol.
Muchacha piel de rayon,
no corras más. Tu tiempo es hoy.
Y no hables más, muchacha
corazón de tiza.
Cuando todo duerma
te robaré un color.
Muchacha voz de gorrión,
¿adónde vas? Quédate hasta el día.
Muchacha pechos de miel,
no corras más. Quédate hasta el día.
Duerme un poco y yo entretanto construiré
un castillo con tu vientre hasta que el sol,
muchacha, te haga reír
hasta llorar, hasta llorar.
Y no hables más, muchacha
corazón de tiza.
Cuando todo duerma
te robaré un color.
                                                                                        Luis Alberto SPINETTA



A él le crecieron esas alas de irse
y mi adolescencia llora
un perfume de almendra.

domingo, 22 de enero de 2012

y, entonces, la pasión.



me desmadejaba yo en mi nuevo sillón, en mi nueva casa, adormilada de calor, perezosa de sentires como ando, mientras la pesadez y una escasa programación televisiva se habían detenido en el canal Gourmet. 
hasta que me despabiló ese japonés que preparaba comida española y hablaba de amor en la cocina, de la significación de las palabras en los distintos lugares y de la pasión que a él le despertaba aprender a cocinar y a gozar de la cocina de occidente.
y entonces, mientras se secaba las manos y elegía el próximo utensilio, Takehiro Ohno, en un duro español, me dijo (yo sentí que me lo decía): "con las pasiones, imposible: nunca!"
lo dijo con todo el cuerpo, lo hubieran visto. y siguió hablando de él como de un japonés en el país vasco y contó de sus primeras palabras en euskera y todo el tiempo hablaba del interés, de la curiosidad, del amor y de la pasión. sobre todo, de la pasión. decididamente, de la pasión.
ese japonés, con aspecto de muchacho, verborrágico como un argentino, con una alegría redonda, me fue despertando esa nochecita de sábado, sofocante de calor y desánimo, y me movió hasta la cocina en busca de sensaciones que me desperezaran el alma.
preparé una curiosa ensalada de duraznos, queso, ajo "dorada" en oliva, (Takehiro lo hace femenino en los adjetivos), hojas de rica lechuga "mantecosa", un toque de crema y pimienta recien molida, que cuando su aroma tocó mi nariz sentí que mi piel olía como a levadura y me expliqué ese amor con el artista, impensadamente.
la saboreé en soledad, con un restito de buen vino y pensé: "gracias, Take, por la pasión".
su perfil en wikipedia dice que Takehiro Ohno deciende de Samurai.
debe ser éso.