sábado, 2 de abril de 2011

Cartas




                                                                                              Villa Angela,  2 de abril de 2011.

Querida Celina:
                                 No sé si esta carta te encontrará en esa dirección, pero igual te escribo, porque ya sabés que de vez en cuando tengo necesidad de hacerlo y la semana que viene voy a cumplir cincuenta años.
                                 Hoy me desperté raro. Anoche, Celina, mi hija que lleva tu nombre, nos ha anunciado que va a ser mamá; te das cuenta? Es tan jóven con sus veintitres años!  Y cuando la he abrazado, jubiloso y emocionado, me ha dicho que si es varón lo llamará como su abuelo y no importó que le rezongara diciendo que Faustino es un nombre antiguo. Ella se ha reído y me ha contestado que no le importa, porque llevará el nombre de un héroe. Casi me pongo a llorar con el mismo miedo de antes, mirá.
                                  Carmen me adivinó como siempre y cuando se fueron todos y nos fuimos a acostar, me pidió suavemente que hiciéramos el amor. Que a ella le gusta hacer el amor con un héroe y entonces, sí, lloré un poco entre sus brazos y luego traté de amarla como ella lo espera, aunque siempre en esta época del año me inunda esa terrible tristeza que tantas veces te he contado.
                                  Ay, Celina querida! Vos fuiste la primera en llamarme héroe y despues de casi treinta años, aún me produce esa palabra como un revoltijo de miedo en el estómago. Sí, si. También me enseñaste que lo que ha sido heroico, es haber zafado te toda esa maldita resaca de la guerra. Por eso necesito decírtelo otra vez.
                                  Fueron tus cartas de amor, Celina. Desde la primera que recibí, de casualidad, sin nombre, con aquel comienzo: "Querido soldado: ..." hasta la última, cuando te despedías de este amor imposible: "vos en el Chaco y yo en Buenos Aires, Faustino, haremos de este sentimiento una carga. Así que te escribo para despedirme, mi querido Héroe. Siempre estarás en mi corazón, con toda tu lucha y toda tu fuerza. Deseo con toda mi alma que seas feliz. Yo trataré de serlo también. Te lo prometo por todo este tiempo." Cierto; no pude irme del Chaco. Villa Angela me ha protegido como una madre de los malos recuerdos, porque parece estar suficientemente lejos de todo aquello. Y aunque Carmen es una compañera maravillosa que me pone el hombro con tanto amor, fueron tus cartas las que me salvaron del infierno de la locura. Por tus cartas, querida, soy este hombre contento de sí mismo.
                                  Sin embargo, ya sabés que por este tiempo del año, necesito de tus cartas de amor, sin poderlo remediar con nada. Es lo único que me salvaría de los golpes que me asesta la memoria y me transforman en aquel muchachito desesperado de miedo que fui en Malvinas.
                                    Ojalá que esta carta te encuentre en esa dirección, sería un buen regalo para mis cincuenta.
                                     Un beso de los que nos escribíamos entonces. 
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               Faustino

lunes, 28 de marzo de 2011

Saludos, Ricardo!



Cuando publicó esta imágen en un post, yo escribí este comentario: "escuche: la sensualidad de la imágen y la sutileza indicativa de las letras se merecen abrazos y aplausos en mi blog..., pero, luego, cómo se lo cuento al artista?"
Cuando nos conocimos, compartiendo unas empanadas y un sublime arroz con leche preparado con la magia de Gabriela, yo pensé que ese tipo se merecía todos aquello miles de "Saludos, Ricardo" que yo escribí en su blog, sin obtener respuesta.
Con el tiempo, que no ha sido tanto, ni tantos los encuentros, se me fue haciendo sentimiento la convicción primera que íbamos a ser buenos amigos. Y es bonito para mi alma sentirlo amigo en las coincidencias y en las diferencias.
El tipo es un sensible auténtico, un pintón sin remilgos, un seductor "distraído", un librepensante y un conversador impecable: una persona interesante, en fin.
Del signo de Aries, eso sí.
Y ayer cumplió años.
Bien se merece esa foto en mi blog! (y mi blog agradecido, pienso riéndome).
Buena vida, querido amigo!

Saludos, Ricardo!
www.elmalentendido.com 

viernes, 25 de marzo de 2011

tanka de libertad














sin sentir miedo
parada en el umbral
de ella misma
cierra la puerta. suave
y mira hacia el sol.


imagen: Ranchos de mar- Ricardo Fasseri 
http://www.elmalentendido.com/

martes, 8 de marzo de 2011

ella abre ventanas

cada día
ella abre ventanas
con sus ojos grandes
con su mirada extensa
con su alma luminosa
con sus manos abiertas
con su corazón apasionado
con su vida enamorada
de soles.
cecilia.
esa mujer, mi hija.
que me hizo miralunas.

gracias, Jessica. 

jueves, 3 de marzo de 2011

oscuro desamor




 para esa amigamía querida







ella quiere amarse
dejar de mirar el aire
sin encontrar su alma
ver esa que quiere ser
viéndola desde su espejo
reirse como siempre quiso
andar sin volverse
hacia la sal de lo que no ha sido
y el desamor no la deja!

no sentir ese miedo
de cometer egoismo
si piensa en un abrazo 
que la abrace sin pedirlo
ella que anda con esos besos
sedientos de algún puerto
donde se abriguen palomas y mañanas
con noches de amor entre medio
y el desamor se lo impide!

ese caballero negro
el de la harapienta mirada
el de la indiferencia
el trasnochado sin soles
el de la silente oquedad
el sombrío desamor, digo
debe morirse a sus pies
liberarle el ombligo el alma la risa
para gloria de la vida
que ella quiera revivir con su osadía.


imagen: alamanecer yoshiro tachibana

viernes, 25 de febrero de 2011

recomendable ensayo de amor con duraznos










por quedarnos así
jóvenes en los ojos y la mirada
tibios en la piel
bandidos de cornisas
sedosos de sábanas
adoradores de madrugadas
con relojes clausurados
decidimos en claustro
silencioso de caricias y besos
ensayar el embeleso
de hacernos el amor 
en cada cosa que hagamos
aun cuando peleamos.

así que hoy
ensayamos con duraznos
que en este verano
los duraznos están de ensueño
elegimos esos dos de rojos
mezclados con dorados
dejando que su frescura
jugara en nuestras manos
y su piel nos rozara 
la yema de los dedos ansiosos.

me gustó trozarlos
cautiva en el enriedo de tus brazos
preparar ignorando la prisa
el dulce manjar con pecado
de la deliciosa sensualidad.
ah! que estos bellos duraznos
nos almibararon la lengua
nos recrearon los labios y la risa
derramaron jugos nuevos
en nuestras manos conjuradas
y nos embebieron de amor
el tiempo ritual de los besos.

lunes, 14 de febrero de 2011

Yo no quiero 14 de febrero



cuando era mas joven, me gustaba fantasear con conversar con Serrat
en la cocina de mi casa, a la madrugada, con vino, pan y queso.
mas cerca en el tiempo, me hubiera gustado tanto salir de copas con Sabina
por los pirigundines!...
ahora me enfelizo cuando el artista me besa en la calle, pateando tableros,
sin que me importe ninguna Norma, por mas linda que ella sea.

les dejo una de las canciones que mas me gustan, estrenando habilidad para subir videos.

con abrazos, claro.

miércoles, 9 de febrero de 2011

excusas

voy a ser petulante, para escaparme un tris de la realidad.
hace tiempo, alguien me explicó que Pablo Milanés no era mejor poeta que Silvio Rodriguez, solo porque al moreno le había tocado ser feliz en el amor.
será que mi página en blanco se debe a eso mismo? a que ando siendo feliz en el amor? (bueno, les avisé de la petulancia).
porque no quiero deberle el sueño indiferente de mis musas, a la cruel montaña de laburo enloquecido, a mis vacanzas suspendidas, a mi mirada incapacitada de no ver lo que rasguña mi alma, a este cansancio de cuerpo y alma, que solo desaparece cuando el artista me abraza, me hace reir, cocina para mí, me recrea en las sábanas.

ustedes sigan así, despertándome risas y pensares, que son otra caricia para estos días de desafueros del cansancio y otras yerbas contra mi alegría, que me dificultan mi siempre cultivada "actitud Cleopatra".

ya volveré.
los abrazo, queridos míos.


imagen: mi retratista personal, Fernando Botero (Los Amantes)

domingo, 23 de enero de 2011

el artista cumplió años










nuestro amor
lo sabemos cabalmente
trabajosa y felizmente
altera calendarios
modifica preconceptos
desconcierta prejuicios
sorprende a cupido
anida ahija y enfamilia
celebra diversidades
se alimenta con tu música
con mis incipientes letras
con nuestras charlas
obstinadas eternas divertidas
se perfuma en nuestras sábanas
se hace y rehace en la osadía
se colorea con la luminaria
de los amigos queridos
y ademas
con enérgica obstinación
desbarata los relojes.

feliz año que comienza
mi amor de mandarina
de hiel y de miel
el primero y último
el tardío y oportuno
mi intimo artista.
dañel.

lunes, 17 de enero de 2011

APLAUSOS Y ABRAZOS PARA ELLA

SEXO BLOGGER

- Me gusta un hombre de un blog.
- ¿De un blog?... te referís a lo que vos hacés? Eso de escribir y publicar por Internet? – Preguntó Silvina, mientras oprimía el botón para llamar al ascensor.
- Sí, exactamente eso.
- Mirá que bien…y?... ¿Es buen mozo?- Siguió preguntando.
- No se, no lo conozco.
- No entiendo nena… podés explicarme un poquito mas? ¿Te mandó un correo?, ¿Chatearon?
- No, tampoco.
- Al menos sabés como se llama?
- No…
- Dale, subí antes que se cierre la puerta y dejá de contarme estupideces.
- No es una estupidez, desde hace unos días no dejo de pensar en él.
- ¿Y como es eso de pensar en alguien que no conoces?- Silvina se concentró en su imagen en el espejo, se miró de perfil, de frente, se puso de espaldas y miró su trasero detenidamente, ya sin prestar demasiada atención a las palabras de Mirka.
- Me gusta como escribe… había leído unas cuantas cosas suyas, algunos relatos entretenidos, pero una de estas noches, cuando el calor no me dejaba conciliar el sueño, y mientras puteaba por que a la mañana siguiente iba a tener que ir a trabajar igual…
- Dale bajá…
- …me acosté en bolas sobre mi cama, puse sobre mis piernas la netbook, esperando que leer un poco me agotara y terminara aunque sea adormeciéndome, y al entrar a mi blog, veo una actualización suya, título “Alta temperatura”…
- Entrá.
- Me fui de inmediato a leerlo…
- Vamos a la cocina, vos hablá que yo preparo algo para comer.
- … en los primeros párrafos de su texto sentí que el calor al que el tipo hacía referencia y que estaba sufriendo, como el resto de los mortales en la ciudad, le había quitado un poco de almidón a su texto… describía el lugar donde vivía él o el personaje del relato.
- ¿El o el personaje?...él es un concreto, el personaje no existe y ahí ni piar Mirka, basta con personajes… ¿Te gusta la palta?
- Si… el tipo describía lo que estaba viendo por la ventana…
-¿Quién?
- El …
- Ok, te sigo, dale.
- Miré para mi ventana, que también estaba completamente abierta, y ví exactamente lo que estaba leyendo.
- ¿Habías fumado nena?
- No… te juro, era lo mismo, lo que veía y lo que leía…bueno, la ciudad es bastante parecida desde cualquier ventana, pero describía el parque, la fuente seca y el cartel luminoso que estaba sobre la pared de la fabrica abandonada… comencé a transpirar mas… y me dió un ataque de tos en el momento que en el relato, y entre el paisaje urbano, aparecía la escena que desde lejos él podía ver en una ventana vecina…una mujer desnuda sobre una cama con una computadora sobre sus piernas.
Silvina abandonó lo que estaba preparando y sin moverse de al lado de la mesada, clavó los ojos y los oídos en su amiga.
- No podía ser yo, el había publicado antes de que yo me tirara en la cama, y sin embargo era yo, mi ventana, mi plaza, la fabrica de mi cuadra… me levanté así como estaba y me asomé por la ventana imaginando que podría verlo en algunos de los edificios cercanos, pero no, no divisé nada que me llamara la atención. Me volví y comencé a escribir… “el hombre envuelto por una toalla blanca, con la piel húmeda por el sudor, abrió la puerta y se acercó a ella sin que lo percibiera. Cuando estuvo a escasos centímetros, se arrodilló a sus espaldas, frotó su humedad en sus piernas y surcó con su lengua la línea curva que terminaba en su espalda. La mujer, que lo estaba esperando, dejó sus brazos muertos a los lados del cuerpo y sin siquiera hacer un intento por verle la cara, dejó que la mirada se le fuera por la ventana, se quedó de pie, quieta, ahogando los gemidos, hasta que la sombra dejó de ser huella en el suelo y se desapareció entre sus piernas.”… lo publiqué, aun exaltada y agónica después del orgasmo, y unos segundos después aparecía el primer comentario en la entrada:

“Mañana a la misma hora” 

publicado por Magah en su blog palabras descalzas 

nota: nada que agregar!

martes, 11 de enero de 2011

este martes

                                           quiero un cielo bien celeste aunque me cueste.
                                                      de verdad, no cielo de postal
                                                                   m.e.walsh

este es un martes
de pájaros solitarios
sin orquídeas ni tangos
ni mujeres apuradas
camino del amor.
    
un martes sin frío ni calor
con airecito de primaveras
y opacidades de otoño
ni llueve ni está el sol.

este es un martes
tal vez mas indicado
para que un ciego y un borracho
se junten a contarse
de esa mujer que no pudo ver
y de ese amor inolvidable.

este martes no merece
una mención de calendario
no es diecisiete ni trece
no hay noticias
maría elena se ha callado.

este martes
solo se redime
con una pecadora siesta
de amantes reencontrados.

me parece.


a Osías, el osito.

viernes, 7 de enero de 2011

jazmines y calandrias

                                                                                          al Cronista, por inspirarme otro final.    

Cuando Marta se despertó, escuchó el leve murmullo del agua y sonrió.
Festejó con una pequeña carcajada aquel cosquilleo en los pies: sobre sus sandalias había un ramo de jazmines. "Los Reyes Magos!...". Abrazada a las flores pasó por la cocina donde vió de reojo el mate preparado y el plato con trozos de pan dulce.
En el patio estaba el hombre inclinado sobre la huertita; en un pedacito así de tierra y en quince días, habían brotado hojitas de diferentes perfumes.
Apoyó su mano suave en el centro de su espalda y él se incorporó con la agilidad de un muchacho: -Jazmín rima con Fermín!- rió mientras se abrazaban.
-Los jazmines me trajeron. Y el olor de la huerta.
-Qué? Y yo?
-Vos andás conmigo, Marta.
Se miraron como aquel día del encuentro. 
El había vuelto el primer día del año, con una bolsita de cerezas y duraznos "para comer despues de la siesta" y ella lo había recibido con la clara alegría de los deseos cumplidos. Y en silencioso acuerdo, Fermín ha de ir y venir como si nada, según parece.
Marta fue a buscar el mate y el pan dulce y se sentaron a la sombra, en los viejos sillones de mimbre que Fermín había pintado de azul.
-Con el frescor de estos jazmines, ya no dan ganas de ir a la plaza, no?
-Y por las calandrias que anidaron en el paraíso!
-Ah, si!... esas locas barullentas...
Un silencio apenas rasgado por el murmullo de la brisa de la vida entre las hojas.

-Qué suerte que es día de Reyes y que te trajeron los jazmines y la huerta. Te andaba extrañando..., dos días sin verte!- y mientras lo convidaba con pan dulce y un mate -Adelita y su familia andan bien?
-Si, muy bien!... Acostumbrándose.-contestó Fermín, mirándola como en la plaza.


viernes, 31 de diciembre de 2010

este viejo y ese niño

Ese viejo que me crucé esta neblinosa noche tenía el paso cansado de los que cargan el vacío de los sueños extraviados. Campeaba en sus hombros un aire de desesperanza, pero no sé... porque sus ojos brillaban abiebrados de lides diversas y juegos prohibidos. Su frente reflejaba soles herrumbrados y lunas escondidas, aunque su boca se notaba con reserva de sonrisas, de palabras recreadas con lindezas y algunas asperezas, ya se sabe. Todo eso sucede al final del camino.
Sólo se tensó un poco la curva de su espalda cuando vió a ese niño de andar expectante, con esa nube de sueños coronando su cabeza y su mirada curiosa. Mas que nada por esa risa húmeda de promesas, y esa traza de valiente, acompañado nada más que con su inocencia.

 

Que 2011 nos haga soñadores, curiosos, valientes e inocentes del pecado de la soberbia y del delito de la indiferencia.

 

Abrazos, mi queridos!



imagen: inefable Mafalda con vigencia sin cura.

martes, 28 de diciembre de 2010

que la inocencia os valga!

                                                                                                                     a Menardez
Recién cuando descendió del tren, tomó conciencia de todo lo que iba a suceder. El primer aviso fue una foto de él en fotocopia ampliada y pegada en varios lugares: "Falta de su hogar desde el 23 de diciembre..., etc., etc." Vaya foto desarrapada habían elegido. "Ese viejo barbudo de mirada desgraciada..., era yo?", se preguntó moviendo la cabeza, mientras miraba sus zapatos recién lustrados, la raya del pantalón, su camisa impecable.
-Epa, Fermín, que pintusa! Si la farra te pone así, mañana me pierdo yo!- le gritó entre risas Miguel, su vecino remisero. Ése fue el segundo aviso. Miró el asfalto espejado de calor y se dirigió a paso firme hacia su casa.

Se había tomado el tren en confusa huida de su vida. Y después de comer una porción de pizza enfrente de la estación, se tomó el 39, que sabía que lo llevaría al centro. Se sentó en el asiento que le cedió una mujer con mirada de preocupación y ahí se adormiló un poco.
Cuando abrió de nuevo los ojos, justo pasaban por un lugar conocido y se bajó con la agilidad de un muchacho. Y caminó hasta la plaza con una sensación rara; como de estar volviendo. Se sentó en un banco, a la sombra. Y se quedó ahí, mirando todo, sin pensar en nada. "Ay! me olvidé de la pastilla, Adela me va a matar!" Adela es su hija, que vive en su casa -la de él- con su marido y sus dos hijos, porque han decidido que ya no puede vivir solo, que siempre se olvida de tomar los remedios.

Lo sorprendió esa mujer allí, en el mismo banco. No la había visto llegar. "Disculpe", le dijo con una sonrisa de labios recién pintados, "es que ya no quedan bancos a la sombra y con este calor...!" Y sonrió.
Fermín sintió que se ruborizaba y sólo dijo: "Sí; terrible el calor".
-Por suerte tenemos esta plaza, no? En mi casa no hace calor, pero hay mucha soledad. Y se me da por andar en camisón y chancletas, sabe? Y mi mamá me enseñó a tenerles miedo. Decía que envejecen y enloquecen. Y yo no quiero ser una vieja loca.- y esta vez, se rió.
Entonces, cuando se repuso del embeleso de escucharla, de mirarle los ojos con ese brillo, le dijo eso otro: "Qué risa suave tiene!"
-Usted no se ríe?
Él pensó un momento.
-Es que yo no tengo esta plaza. Y en mi casa hace calor. Es que somos muchos. Y además, esas pastillas me hacen andar en piyama y chancletas. Hoy me vestí así, porque salí... a... hacer unos trámites- tartamudeó, pensando que ya ni sabía hacer trámites- pero reirme? No, hace mucho que no me río.
"Y cómo se le nota!", pensó ella mientras le sonreía otra vez.
-Me llamo Marta. Y usted? Porque si vamos a compartir el banco de la plaza...- y ahí estaba de nuevo su risa.
Él volvió a sentir esa sensación como de regreso.
-Fermín- dijo estirando las piernas. Luego, se cruzó de brazos y con aquella mirada de costado que tanto le gustaba a su Azucena, preguntó- Y cómo es que está tan sola, con esas manos tan lindas?
Y volvió a ruborizarse como un imberbe, cuando ella se miró las manos sorprendida y luego lo miró como desde atrás de la mirada. 
-La vida, nomás... Soy hija única y papá se murió muy pronto, así que me quedé con mamá, que como no usaba camisón ni chancletas, se murió muy viejita..., y cuando pude pensar en mí...

Cuando sintieron el sol sobre sus cabezas, Marta dijo que ese calor ya no era bueno para gente como ellos y que si no lo tomaba a mal, lo invitaba a su casa a almorzar y a seguir charlando.
Fermín intentó una excusa, eran dos desconocidos, ¿eso no le producía desconfianza? Y ella, riéndose como se reía, le contestó que nunca desconfiaba de nadie cuando la Navidad estaba tan cerca.
Y tomados del brazo, caminaron dos cuadras hasta la bella sombra de la calle Honduras, donde ella vivía con un perro de varias razas que los recibió en el zaguán. 
Prepararon juntos el almuerzo y la mesa, como si eso fuera de siempre.
Luego, con acierto de adivina, pensó que ese hombre no tenía dónde volver y le ofreció su antiguo cuarto para dormir una siesta. Y Fermín durmió una espléndida siesta sin pensar en nada más que en él.
Cuando se despertó, ella tomaba mate en el pequeño patio y regaba las plantas. 
Y él, encontró al lado de su cama, su ropa limpia y planchada, junto a un par de zapatos lustrosos que no parecían los suyos.
-Buenas tardes- dijo, sin saber qué decir, y agregó con un poco de vergüenza- algún hada madrina se ocupó de mi ropa. Muchas gracias.
-Sencilla ecuación- explicó Marta, mirándolo de reojo- Usted no tiene quien lo quiera y yo no tengo a quién querer.

Seguramente porque se habían encontrado sin buscarse y porque ya no tenían tiempo para casi nada, después de confesarse que ella no elegía bien los amores y que él no había amado bien a Azucena, dormir juntos fue natural y necesario.
El sueño los encontró sin camisón y sin piyama, después de tímidas caricias y algunos besos que fueron mejorando en la repetición y en la recuperada risa de Fermín, burlándose de sí mismo.
La mañana del 24 de diciembre, él no hablaba de irse y ella no quería que se fuera. Así que desempolvaron el arbolito que hacía años que no se armaba y lo pusieron precioso, con lucecitas y todo, al lado de la ventana. Con unos pesos de su jubilación que había sacado de la lata que Adela escondía atrás del tarro de la yerba, él compró un collarcito a unos artesanos en la plaza y  utensillos para afeitarse en la farmacia de la esquina. Ella se ausentó un ratito y volvió con calzoncillos y medias envueltos para regalo, enigmática como una niña. 
Esa noche brindaron con sidra bien helada, comieron pollo y pan dulce, se entregaron los regalos e hicieron el amor despaciosos y diestros, mágicos de hallazgos.
En la plaza, ella le presentó a sus amigos y él le fue contando de como iba muriéndose de tristeza y pastillas, antes de encontrarla.
Y comenzó a vivirlos la vida; por tanto, cuando Fermín esta mañana muy temprano tomó el 39 y luego el tren de regreso a su casa, sabía perfectamente cuál era el trámite que ahora debía realizar.

Cuando lo vieron llegar, en vez de saludarlo, sus nietos entraron a la casa y al ratito, salían apurados Adela y su marido:
-Papá, de dónde venís? Adónde te habías metido? No tomaste las pastillas en todos estos días! Sabés lo que nos hiciste pasar? Vos fuiste el que sacaste plata de la cajita de lata?
Fermín pensó en Marta: "Usted no tiene quien lo quiera". Nadie intentó abrazarlo, nadie se dio cuenta de su aspecto, nadie vio su sonrisa incontenible.
Entonces, Fermín se sorprendió un poco de su idea y dijo, riéndose:
- Que la inocencia les valga!- y luego, con inédita sonrisa y recuperada firmeza en la voz, contestó todas las preguntas.
- Vengo de ser feliz. Estuve en el paraíso, así que no vuelvan a preocuparse por mí. No importan las pastillas, no volveré a tomarlas. Y, Adelita querida, la plata de esa cajita es mía, no? Contestadas todas las preguntas, una aclaración: no volveré a usar piyama y chancletas. Ahora, si me permiten, voy a entrar en mi casa, a hacerme cargo de mi vida. Van a tener que acostumbrarse.


imagen: la flor de la vida- Y.Tachibana


martes, 21 de diciembre de 2010

jugando tankas (inopinadamente)








1.
frágiles rosas,
fragoroso diciembre.
cálidas copas.
abrazos de amistad
y letras compartidas.

2.
risas sonoras
miradas con burbujas
de encuentro
estercita brillosa
como es ya costumbre.

3.
cecy llegó así
claramente rubia
y aclarando
cris apenas tímida
y suave bailadora.

4.
maga con chispas
en la mirada y la boca
ricardo así
tranquilamente viendo
suavemente hablando.

5.
marcelo suarez
capeando temporales
con perspicacia
colorida y risueña
de diestro callejero.

6.
noche de risas
clericoleando brindis
la miralunas
ríe feliz y baila
mùsica del artista.

martes, 14 de diciembre de 2010

debe ser diciembre



Ella había cumplido cincuenta años con un alma como de treinta y cinco, así que andaba por la vida buscando aventuras sin atajos, con la mirada bien dispuesta y una alegría de vivir indecorosa.
Había conocido al Capitán un poco antes y se había enamorado de él como ella se enamoraba: en forma instantánea y nunca para siempre. Él era, entonces, un hombre alto, cálido, simple, de físico armonioso, con mirada y besos de marinero, que la llamaba "Bombón", seguramente para no superponer otros nombres. Pero a ella le gustaba, igual que le gustaba que fuera Capitán de barcos en ríos de gran calado, porque el mar le provocaba nauseas sin remedio. Ella era un río de gran calado que nunca sería mar. Eso los acercaba, mas que ninguna otra cosa.

Un día, sin más, la vida le plantó un parate y supo de un tirón cómo eran un dolor físico sin límites, el miedo a la muerte y la impiedad de una enfermedad larga e invalidante. 
Entonces, casi se murió de tristeza, de desventura, de ojos sin mirada y de indecorosas ganas de vivir. Sólo se sonreía un poco, cuando alguien le hacía notar que bajo ese camisón de enferma (aunque los bordados y puntillas) se le entreveía un sutien rojo, de encaje. "Es lo único que me queda de la fiesta", solía explicar con su antigua ironía.

Cuando a la vuelta de un viaje él supo que ella estaba asi, con el cuerpo postrado y el alma oscurecida, la llamó una tarde de sábado y le dijo: "Bombón, tengo ganas de hacerle de acompañante. Dígale a todos que esta tarde tienen tiempo libre! Y usted, póngase linda." Ella, lloró un ratito. Se higienizó con cuidado y pidió que le alcanzaran el sutien rojo y su perfume francés.

Llegó puntual, con flores y bombones, tranquilo y formal. Y la miró como siempre; con picardía y deseo. Ella sintió en ese momento que nunca se olvidaría de él. Sólo por esa mirada, que la hizo olvidarse de ese vago aroma de su sangre que le inundaba la nariz por esos días, su pierna ínvalida, doliente, con esa terrible hinchazón, su terrible tristeza, su miedo de morirse. En el momento que se quedaron solos, la besó suave en la boca, le tocó apenas la base del cuello y espiando por debajo del camisón, susurró como una sentencia: "Ah, me estaba esperando, Bombón!", haciendo alusión al encaje rojo.

La hija había dejado preparado el mate sobre la mesa de luz con un plato con bizcochos. Naturalmente, tomaron unos mates, mientras se interesaba en su salud, su alma, su corazón. Conversaron como si nada fuera grave, como viejos amigos, que era así como siempre se sentían y así era como siempre quedaban felices de haberse encontrado y de hacer el amor así, tan profunda y sencillamente. Ella volvió a reirse después de tanto tiempo; se le despertó la mirada y hasta pudo coquetearle un poco.
Entonces, el Capitán se puso de pie, le sonrió con ternura y con voz ronca,  le anunció: "Ahora voy a hacer lo que tengo tantas ganas de hacer y a eso no podrá oponerse, Bombón. Mire qué suerte tengo!"
Ella quiso quejarse, pero él no la escuchó. "Querido Capitán!"

Ese hombre tan alto y tan simple, que era capitán en sólo en ríos de gran calado, porque el mar le producía nauseas, la fue acomodando entre abrazos para que ella pudiera recibirlo; dejó la habitación en penumbras para resguardarla de su propio pudor y casi en silencio, como un virtuoso amante, como un entrañable amigo, como un viejo compañero de aventuras, le hizo el amor un rato largo, delicioso, divertido y suave, que fue discurriendo en un abrazo que casi le devolvió todo lo que ella era.

Cuando volvieron los hijos, él se despidió con la misma naturalidad con la que había llegado. Le dió un beso en la frente, le arregló un poco el pelo y le dijo en secreto: "Nos vemos dentro de poco, Bombón. No me ande triste. Siga así de linda."
Y ella se quedó con una cosa en el alma y en el ombligo, parecida a la felicidad.
Se vieron casi nunca, después. Cada uno siguió con su vida. Pero no se olvidan. Cada tanto cruzan algun saludo, por el móvil. 

Y cuando eso sucede, ella vuelve a reirse de su apuro de aquella vez, por esconder el sutién rojo bajo la almohada, cuando los hijos vinieron a saludarla, a preguntar, a disfrutar de su asomo de alegría. Ahora mismo se acuerda de él y se le sobresalta la memoria.
Debe ser diciembre.




jueves, 25 de noviembre de 2010

Hoy, 25 de noviembre.

Pablo:
Desde chiquita, desde que me acuerdo, siempre me decían: "tenés que aprender a escuchar, a ser obediente, a sentarte bien, a no gritar, a prestar más atención, a caminar sin saltar, a no bailar sin música como una loquita, a reirte sin carcajadas..." uf! y yo aprendí a aprender. Cuando me enamoré de vos, seguí aprendiendo. Aprendí a olvidarme de mí, a no quejarme, a sentirme culpable, a no esperar nada, a quererte a pesar de todo. Y aprendí a ser lo que permití que hicieras conmigo: tonta, torpe, mentirosa, descuidada, distraída, llorona, inútil e invisible. Lo que no aprendí fue a olvidarme. No me olvidé nunca de lo que me gustaba saltar y reirme fuerte y bailar sin música como una loquita. No me olvidé de prestar atención, ni de anotar en mi alma todo lo que le gustaba a mis ojos y todo lo que no le gustaba a mi corazón. No pude olvidarme de pensar y de entender. No me olvidè del tiempo en que el miedo no existía.Y no me olvidé de soñar.
Así que, esa que no olvidé empezó a soñar estrategias de libertad. Simples y secretas. Mientras me dejabas encerrada para irte a trabajar, yo aprendí a navegar por internet y a borrar las huellas de mi barquito virtual. Y como vos me exigiste aprender a cocinar y yo aprendí muy bien, comencé a publicar mis recetas en ese mundo inmensurable, donde soy como quiero ser. Y porque he soñado con tantas y tantas ganas, esa que no olvidé se escapó de mí y de vos. Y ahora mismo, te escribo esta carta para decirte que voy a salirme por la ventana, sin que me importe la mirada de nadie. Afuera me espera esa que no olvidé.
Me abrazaré a ella sin culpas y me iré cantando bajito, llevando mi alma como un barrilete, llorando por mí. Solo por mí. Mientras la tarde colorea jacarandaes.
Chau, Pablo. Me voy a seguir aprendiendo!
                                                    Mariela



por la valentía de su comentario en el blog Yuyo del suburbio
dedico esta entrada a Patricia 333. Enhorabuena!

domingo, 21 de noviembre de 2010

aplausos y abrazos para él

Esperando a Godot

Sábado de luna llena y el viejo lobo sale de su guarida. Buscando algo parecido a un hogar se sienta en el rincón del último bodegón de Buenos Aires. Las mesas desbordan, bulliciosas. Pide comida y un vaso de vino, mientras lee “Esperando a Godot”, intentando ser ajeno a la dolorosa alegría de los otros.
Se le acerca un tipo con una valija. Tiene pinta de ser Dios o el Diablo, y encuentra risueña semejante ocurrencia. El que sea de los dos le deja la valija en pago por “los servicios prestados” La mira de soslayo. Está repleta de dinero. Termina la pobre cena y se vuelve a su no hogar, valija en mano. Pero no la abre, siente que el contenido no podrá cambiar las cosas que le importan de su vida. Espera un poco más a Godot y decide ir a tomar la última copa a “Mundo bizarro” dejando la valija intacta. Ya tendrá tiempo para revisarla.
Se ubica en la punta de la barra y la ve. No está seguro de conocerla pero se ponen a conversar como si fuera la primera vez. Empieza a sentir su cuerpo nuevamente. Una hora después están en la casa de ella, amándose. Luego se marcha sin hacer ruido, ella ya está dormida.
Regresa a la guarida y sobre la mesa, la valija. Ahora sí la abre, pero ya no están los billetes. No le importa. Se sirve un whisky y se va a esperar otro poco a Godot. Seguramente no vendrá, no la misma noche de luna llena en que vio a Dios o al Diablo, tuvo entre sus manos una valija llena de dinero y luego, a un ángel que se quedó dormido.


Samuel Beckett y yo tenemos algo en común: ambos escribimos "Esperando a Godot"
 
 
publicado por Marcelo Suarez de Luna en su blog La menor Idea
 

Daniel Os dijo...
Godot llegó dos veces, en forma de prosperidad y de amor pero, mi querido Vladimir, me temo que usted esperaba un hogar. Siempre el Mesías se les aparece a los fieles de la religión de enfrente. Un abrazo y saludos a Estragon. D.
Nota: No suelo agregar comentarios ajenos a mis amigos "aplaudidos y abrazados" pero, querido Cronista, déjeme sentir (mas que pensar), en la buena puntería de Daniel Os en el "tema de marras". Abrazo les.
 

lunes, 15 de noviembre de 2010

haikus silábicos








 1. da
lame la luna
nuestro amor húmedo
de esplendores.

2. ñel
dulces tórtolas
se regocijan mirando
enlunadas caricias.

3. mir
soplan vientitos
conjurando tormentas
con locos besos.

4.kin
canta el zorzal
al liso amanecer
de nuestras sábanas.

lunes, 8 de noviembre de 2010

último amor


         



para arlenne, en aviso




vivirlo 
como un juego de ésos
de días sin escuela
que parecen sin final.

soñarlo
como un video clip
donde joaquín sabina
me canta esa canción
que inventó para mí
mientras lo soñaba.

acunarlo
como a un gato 
de esos que se encuentran
al borde de la vida
y que ya no se van.

besarlo
con besos de ojos cerrados
bocas abiertas y manos inquietas
con palabritas inventadas
que no quieren decir nada.

abrazarlo
como al aire de la tarde
como a los mejores sueños
como a la madrugada
como a mi misma.

sexearlo 
como a la hora de la siesta
como antes del laburo
como si se fuera de viaje.

reirlo
con sonrisitas de caramelo
con locas carcajadas
con la mirada y la boca
y todo el cuerpo.

devorarlo
como si fuera ese durazno
que no pude comer
aquella tarde de verano.

llorarlo
solo cuando sea el día
del tren en la última estación
con todos los llantos adioseros
y si no hubiera otro remedio.

guardarlo 
en esa misma caja
de los momentos invencibles
a los que no tocará el olvido.



lunes, 1 de noviembre de 2010

pájaros de la tarde










como un delicado mantel blanco
silenciosa como un pentagrama vacío
alerta como una página sin letras
mi alma se tiende y se extiende
para escuchar los pájaros de la tarde.

entonces sucede éso
de los manjares de la infancia
chocolate caliente pan y queso.
reconocer el silbo el gorjeo
el trino los arrullos... los pájaros.
sentir que puedo con los versos!

vuelve a posarse en mi mano
aquel mágico pájaro azul
que me regaló mi madre
y que a veces me olvido
de alimentar con sueños.

reando caminos de arena
que van hasta el rio de mi infancia
siempre nuevo y siempre fresco.
y es posible el insistente deseo
que a todas las tormentas
se las devore el mar y sólo sea eso.

pienso, porque sí, en los ojos
del último emperador
persiguiendo el vuelo de los jilgueros
que van hacia el poniente.

y en el tranquilo canto milagrero
de los pájaros de la tarde 
puedo inventar definitivamente
que todo mi universo
se salva entre sus brazos.

es cuando el aire se pone celeste.