miércoles, 31 de agosto de 2011

tormenta y sol para Estercita

Estercita, como nos gusta llamarla, es  una escandolasa tormenta de verano, es la hermana mas mala de Cenicienta, es exhuberante como una flor carnívora, es una callejera injuriante y escatológica, es una muchacha salvaje, es una dama distante, es Gatúbela y Grisel, es un caramelo de menta en medio de un velorio, es un dedo índice agujereándote el hombro, es un cigarrillo compartido en el baño de la escuela (cuando eso era un delito), es Heidi y Merlina Adams jugando a la Rayuela, es el cómplice perfecto para robar un banco, es una niña huèrfana enojada con su gato, es una memoria con heridas abiertas,  es una adolescente hambrienta de sueños, es una Juana de Arco con sus propias hogueras, es una mujer leve, encerrada en su propia Torre de Babel. Siempre me llamó la atención su especie de locura, su inteligencia, su alma en carne viva.Y hay quererla así como es, ineludiblemente.

Feliz primer día del resto de la vida, Loca querida!

lunes, 22 de agosto de 2011

su tanka y mi osadía





 La voz del ave
Que en la penumbra esconde
Ha enmudecido.
Andas por tu jardín.
Algo, lo sé, te falta. 
                JorgeLuis Borges

andaba yo con mis gorriones en silencio,mis cartas esperando, mi página en blanco (sin mi actitud Cleopatra!), gris como el cielo de este lunes, porque la laboriosa rutina y otros menesteres no me tiran a la celda en que me hallo presa, más que fuentes de cansancio y lunas apagadas. 
pero hoy, porque ayer hubo caricias de las del romance y besos en el marco de la puerta (antisísmicos), me asomé a mi alma y al espejo, inopinadamente; y ahí, enredadas en el ficus que crece sin que le importe nada, solo por verdecer mi balcón o algo, dos palomas se reían de este gris cielo de lunes, empicándose con una envidiable pasión sin necesitar otros motivos; quise escribir uno de esos versitos japoneses que acotan las expansiones (como ando necesitando para esta cosa de regresar sin irme) y se me apareció ese tanka del Tipo, explicándome esta especie de lentitud que me anda navegando la sangre.
salve a El, que inspiró con esa savia esta osadía.

me sobran grises
enmohecida mi alma
en la rutina.
desandaré mis pasos.
el amor aun me salva.
                    
sigue tratándose de sensualidad, claro. 
la imágen es de Tachibana, que siempre me conjuga.

miércoles, 20 de julio de 2011

ménage a trois

                                                                                             a Monsiour Camembert, 
                                                                                                                               Monsiour Cabernet 
                                                                                                                                   et Madame Cabaret, certainement 

 Es noche de domingo, garúa y frío: un destino ineludible el bar de Sandy.
Cuando Suarez de Luna abrió la puerta con apuro, tuvo esa sensación de llegar que provoca casi siempre ese lugar. Las chicas lo saludaron con un alegre murmullo y Sandy le tiró un beso desde la barra. El sonido del piano le hizo pensar que hoy no necesitaría de su libro. 
Había poca gente. El Turco no estaba, gracias a dios. Mmm..., algo no andaba como siempre. El Detective estaba sentado a la mesa de la ventana, lo que significaba algún conflicto. Otro indicador es que lo saludó con un gesto casi imperceptible, sin invitarlo. Mejor así. Las chicas mataban el aburrimiento con anécdotas repetidas en su rincón. Dos o tres parejas..., y ese tipo un tanto raro, con esos anteojos de marco blanco y ja, ja, qué conjunto esos bigotes. 
Ocupó la mesa de sopa, vino y libro, percibiendo que esta noche sería distinta.
El pianista lo cambiaba todo. Era extraño el hombre; mirándolo bien, cuando se pasaba el primer impacto de su nariz, algo le suavizaba la cara y tocaba el piano con raro preciosismo considerando el lugar.
La muchacha que se acercó, como una gata (las muchachas de Sandy se movían así, inevitablemente) y le dijo como si le dijera un secreto:
- Sandy te aconseja cambiar la sopa por un camembert que le trajo el Turco de no sé dónde.
Suarez sonrió seducido por la oferta. "Ese camembert es mejor que tu sopa, Sandy?" La mujer le guiñó afirmando, "es mejor. gracias por tu piropo, lindo!" y se rió con esa risa que hizo moverse en la silla al detective.
Cuando iba a contestar, notó que el tipo de los anteojos de marco blanco se acercaba a su mesa con botella de vino y su copa.
-No sé, me parece conocerte y esta no es noche para soledades- explicó con sonrisa y mirada amigables.- Si querés compartimos tu camembert con mi cabernet, que hacen buen maridaje. O vas a tomar sopa?
Suarez de Luna lo relojeó con la mirada de los del barrio de Liniers para lo extraños. Y lo aprobó con una inclinación de cabeza.
-Sandy, que el camembert sea para dos y otra copa. Y ese pan mágico que siempre está caliente!
Los tipos se cambiaron nombres y el "nuevo" curioseó datos del lugar con el amigo de la dueña. Todo lo que escuchó le confirmó la intuición que lo llevó a entrar a ese bar.
- Sobre todo, este es un lugar donde se guardan los secretos.- sintió como un orgullo infantil, cuando dió el aviso- Y ahora tenemos pianista.
El pianista se había mandado con "Garúa", y los dos estuvieron un momento callados. El Detective saludó levemente y se fué, sin mas.
Legó el camembert y el cabernet le puso color y calor a las copas. El pan estaba caliente, qué suerte. Suspiraron y rieron con placer, como si ya fueran amigos.

Se produjo, entonces, esa especie de milagro que sucede siempre en este lugar, y especialmente, las noches de domingo.
Sandy, caminó lentamente hacia el piano, le rozó apenas la mejilla al pianista y los dos fueron cómplices excluyentes con Maybe this time. En la íntima voz áspera de la señora  estaba el color del Cabaret.
Suarez de Luna se celebró por elegir lo de Sandy este domingo, el de los anteojos de marco blanco se estiró cuan largo era para gozar de esa magia.

Y el rincón de las chicas se alumbró con pequeñas carcajadas: el Angel de la Sensualidad les cosquilleaba la entrepierna.






miércoles, 13 de julio de 2011

cartas


                                                                       

                                                                                Buenos Aires; 8 de julio de 2011.-

Querido mío:
                             He estado todo este tiempo pensando en este amor a destiempo. En este amor sin rumbo, perdido y encontrado, que no puede pensar en mañana, que solo se hará de ayeres. Y he estado llorando por mí, por vos y por el hijo que no tendremos.
                              Pensé todos estos días en cómo hubiera sido nuestra historia si yo hubiera sido menos decididamente cobarde. Si no hubiera tomado la iniciativa cortando nuestro amor, porque entonces me parecía imposible. Cómo hubiera sido escribir nuestra vida juntos? Proyectar nuestro futuro como una pareja común; terminar nuestras carreras, construir nuestra casa, tener nuestros hijos...
                               En la última carta que te escribí, yo me lamentaba porque nos habíamos perdido la pasión. Pero luego vos me regalaste esa visita, esa semana tan dulce, tan amorosa y apasionada, tan llena de risas y momentos felices; esa forma de andar por la vida con el paso ligero y la mirada brillante, a la que yo había renunciado para siempre. Y de la forma mas triste: sin darme cuenta.
                               Cuando te plantaste en mi puerta con ese ramo de margaritas, yo tuve que adivinar, esforzarme por saber quién eras porque mi alma no se animaba, mi corazón a los saltos. Pero por suerte tu mirada oscura sigue siendo la misma y entonces, pude abrazarme llorando al Faustino que había llenado de sueños mis dieciocho años. Cuando te ví, ya no me importó aquella vieja reconvención de mi madre: "No lo conocés, Celina. No sabés quién es, cómo vive, cómo es su familia. Chaqueño, imaginate. Ni sabemos qué educación tiene. De lejos todo muy lindo, pero y despues?" Mientras te abrazaba y lloraba y me reía, aplastando contra tu pecho las margaritas yo sentía que todo empezaba a estar bien. Maravillosamente bien!"
                                Fue tan lindo para mí escaparme con vos, sin explicar nada! Fue un ejercicio de libertad que había desaparecido de mi vida ese de no contar mis próximos pasos a mi hijo y a mi madre como pidiendo permiso, como una silenciosa promesa de no volver a equivocarme. Y Buenos Aires me pareció una ciudad luminosa y abierta, como un gran abrazo para nuestro amor. Porque cuando fuimos a ese hotel, Faustino, con tanta urgencia, con tanto tiempo y tanta vida dejados de lado, mientras hablábamos y nos besabamos y llorábamos y nos reíamos, todo en la penunmbra de ese cuarto ajeno que nos pertenecía en ese momento, como una casa que hubiera sido nuestra, yo sentí que eso era el Amor. Que habías venido a regalármelo, a vivirlo conmigo.
                                 Qué libre se sintió mi corazón cuando hice aquél llamado avisando que esa noche no volvía a dormir. Y qué joven volví ser en tus brazos, Faustino, mi querido amor, único y elegido. Qué descubrimiento la pasión que cada uno despertaba en el otro. Qué maravilloso aquel largo, largo momento de reconocernos y besarnos, lamernos, saborearnos, degustar nuestros sexos, con nuestros dedos, nuestros ojos, nuestras bocas, nuestra piel. Y todos esos bellos momentos, sublimes recreos  del tedio de la soledad, en el que fuimos esos amantes recuperando caminos, historias, caricias; solos en medio del universo. Unicos. Soy, después de eso, una mujer cabal.
                                  Por tu decisión de venir a encontrarme y conocernos, re conocernos de verdad, hoy miro de frente a mi hijo defendiendo mi identidad, mi privacidad, mi libertad sin culpas y a mi madre, a quien he dejado bien en claro que voy a escribir mi historia con mi propia letra, con mi  corazón y mi sangre. Y puedo asimismo, pararme ante vos dueña de mi misma, entera, por el amor que te tengo y que ya es así, sin remedio posible. Este amor es lo que ha hecho de mí, la que soy ahora, perteneciéndome enteramente.
                                   Y por todo ésto, es que escribo esta carta de amor. Escribo esta carta sin ninguna duda, Faustino querido. Escribo esta carta mirándote a los ojos y abrazándote de la misma forma que lo hice cuando estabas frente a mí, hace dos meses. Y que lo haré la próxima vez que nos abracemos, si hubiera otra vez.
                                   A los veinticuatro días exactos despues de despedirnos, supe que estaba embarazada. Te das cuenta? Cuando me dieron la noticia sentí que todo mi cuerpo era una gelatina en la que se mezclaba la felicidad, el miedo, la tristeza y sobre todo, una oscura soledad incontenible. Nunca pensé en esa consecuencia. Estoy segura, amormío, que ninguno de los dos lo pensó. Cuando pude sostenerme en mi esqueleto, salí a la calle como una loca. Llevaba conmigo la mejor noticia jamás esperada. A los cuarenta y ocho años, mi cuerpo te recibía y lo proclamaba. Caminé y caminé, hasta que encontré un banco en una plaza en el que me senté a sentir con el pensamiento todo lo que me pasaba. Mi cabeza era un torbellino de luces y sombras. Me costaba respirar. Hasta que el llanto pudo más que cualquier sensación y lloré con sollozos, mocos, toses, como una pequeña niña en penitencia. Estuve así un largo rato; pero cuando entré en mi casa ya había tomado una decisión.
                                       Hace una semana, Faustino de mi vida, que interrumpí el embarazo. Lo hice por mí, por vos, por nuestras familias. Pero sobre todo lo hice por mí y por él. Por mí y por nuestro amor. Por mí y por vos. Por todo lo que tendrá de bello y triste nuestro amor, que ahora, después de haber tenido a nuestro hijo creciendo en mí durante todos esos días; que sentí toda esa fría e inamovible soledad, todo ese miedo que debe ser parecido al que vos sentías en Malvinas, despues de todo eso, sé (lo sé conmigo entera) que no quiero un amor a medias. Y que este no es un acto de cobardía como el de mis dieciocho años, cuando renuncié a nuestro amor. Ahora soy una mujer valiente que defiendo nuestra historia de amor de todo lo que pueda quitarle la esencia que la hizo única. Nuestro amor nos ha salvado de tener una vida parejamente gris, como la de tantos. Y eso es lo que le he explicado a nuestro hijo antes de dejarlo ir: que él es una estrella fugaz que siempre volverá en mi memoria y tal vez en la tuya, seguramente en la tuya también, amor querido, Faustino de mi alma; una estrella fugaz a la que siempre podremos pedirle que nos cumpla un sueño. Tenés que comprenderlos así, por favor. Tenés que vivirlo como yo, para sentir que somos dos valientes a los que el Amor ha salvado de nuevos errores.
                                      Nuestro hijo no sufrirá la soledad, ni el miedo, ni el peligro de la guerra, ni la distancia, ni la ausencia. No habrá para él la tristeza que se desprende de los errores cometidos y no deberá vivir con la leve infelicidad tan silenciosamente dolorosa de los que no se animaron a elecciones más riesgosas, como nos pasa a nosotros cada día. Su piel siempre estará lisa sin que la dañe la mirada de los otros. Podremos inventarle una risa clara y una mirada intensa. Podremos hacer de él, soñarlo, pensarlo, como nos hubiera gustado que fuera, sin temer para él el fracaso, el desamor, la desdicha de la enfermedad.
                                      Ya ves, mi Faustino, mi amor de siempre, he cometido un acto supremo de egoísmo, de salvación, de generoso amor, según se mire. Y lo he cometido sola, también. Sin compartir el opaco dolor de la decisión, la pena de la oquedad en mi cuerpo, la suave penumbra de mi abrazo inútil. Pero sí necesito compartir con vos la furiosa rabia de mi valentía, el inicio de esta mujer inclaudicable en defensa de su alma que ahora soy, la elección de una ilusión para siempre, la tristeza vana de los amores imposibles. De nuestro amor imposible, que ha dejado de serlo, pero que ya no es ni éso.
                                       Con todo ese amor, te beso con los besos que sí nos dimos, perteneciéndote ahora mas que nunca antes.
                                                                                                     Tu Celina

                                   
                                  

sábado, 9 de julio de 2011

día de la independencia

La despertaron los pájaros y unas risas que pasaron junto a su ventana.
Al principio, fue un sobresalto del alma, latidos tropezando en su corazón; después, fue la fresca memoria del
adiós y la mudanza.
Se vistió con cuidado, sintiéndose dueña de cada movimiento. Y así se paró ante el espejo del baño, tomó con determinación la tijera y se cortó el pelo de una manera un poco loca, como lo había querido tener siempre. Se miró a los ojos un momento, sonrió y comenzó el día.
Abrió las ventanas, reubicó los pocos muebles. El dormitorio quedó precioso con ese cubrecama floreado y aquellas cortinas de plumetí que había guardado tantos años.
En el comedor dió privilegio al atril y las pinturas, instalando su "taller" junto al enorme ventanal: esa es la causa ahora de su vida. Una de las causas. La otra es  vivir con alegría, sin que importe casi nada más.
Se encuentra, de pronto, ante el enorme espejo que le ha dejado la dueña de la casa. Sin pensarlo, le cuelga unos collares y dos chalinas de colores. Y se ríe. Le pone la ruana celeste al viejo sillón como abrigándolo y acomoda la mesa y las cuatro sillas, haciendo conjunto. 
Entonces se da cuenta que tiene hambre; que todo ese comienzo le hizo olvidar del desayuno. La cocina es pequeña, luminosa y está pintada de amarillo. La ordenó anoche, apenas llegada, cuando fue hasta el almacén por algunas vituallas. Sonrió recordando que en las dos cuadras de ida y las dos de vuelta, la habían saludado cinco o seis personas, sorprendiéndola felizmente.
Saboreó el café con leche y los bizcochos crocantes, mirando hacia el pequeño patio y disfrutando de la vista del joven ciruelo y los gorriones. "Estoy sonriendo de nuevo?" Sale a mirar las plantas, a descubrir su nuevo mundo. Se sienta en el olvidado silloncito de mimbre que tendrá que pintar y arreglar un poco, piensa, y mira el cielo. Un cielo de invierno, levemente nublado, que le trae a la boca y los ojos, un sollozo que viene guardando de ya no sabe cuándo. Y llora en silencio, un largo momento, mientras recuerda la despedida de los chicos y la última mirada Oscar, cuando ella se subía al camión de la mudanza.
Despues de todo, no se ha ido tan lejos. Los chicos pueden venir a visitarla siempre y Oscar se acostumbrará a estar sin ella. Y si no se acostumbra...
Vuelve a la casa y come otro bizcocho, se estira como un gato y siente un satisfecho cansancio. Suspira, se toca el pecho, se abraza a sí misma y decide que una larga ducha le vendrá de perlas.
El agua la despierta. Siente cada parte de su cuerpo, toda la extensión de su piel. El jabón la acaricia lentamente descubriendo una sensualidad que la sorprende, la hace reir, llorar otra vez. Tantas sensaciones, tantas...
En el dormitorio se da cuenta que ya es casi de noche y que tiene frío. Enciende la estufa y envuelta en el toallón que eligió con tanta ilusión en medio de su "loca decisión" como la llamaba Oscar, camina hacia el hogar y, con más decisión que habilidad, enciende un fuego pequeño que le parece un triunfo enorme.
El espejo la refleja y ya no puede evitarlo. Enciende la luz y la araña la ilumina enteramente.
De pie, frente a sí misma, suelta el toallón y se observa detenidamente. Ya no es joven, ni turgente, ni bella. Ya no es ágil, ni graciosa. Ya no. Pero es ella y se tiene un valiente e insoslayable amor.
Apoya todo su cuerpo contra el espejo y besa su propia boca.
Luego, mirándose otra vez a los ojos, silabea en voz alta, para escucharse decir:
-Feliz día de la independencia, querida Alicia! 

sábado, 25 de junio de 2011

cartas



                                                                                           Villa Angela; 22 de junio de 2011.-
 
 
Mi muy querida:

                          Ay, Celina, Celina! Seguramente, has pensado mil veces que soy un ingrato; que no merezco nada de vos. Y seguramente tenés razón. He dejado que el tiempo pase sin decirte que me acuerdo de vos todos los días y que más de una vez he estado por llamar a Carmen con tu nombre. Pero voy aprendiendo a vivir con ésto, mi amor: con mi mente que te piensa y con mi cuerpo que te añora, mientras la mirada de Carmen anda mirándome por detras de los ojos como buscando la causa de mis largos ratos en silencio.
                          Parece mentira que hayan pasado ya casi cincuenta días desde nuestro encuentro! Tengo tan fresco todo en mi memoria... Te juro que a veces tengo miedo de guardar señales de la pasión que vivimos en esos días. Ahora, serás para siempre el amor de mi vida, no importa lo que suceda en el futuro; aunque quiero que sepas que haré lo imposible por ir a Buenos Aires cada tanto, para renovar toda esa ilusión en cada encuentro. Recuperar el olor de tu piel y la tibieza de tu cuerpo, tu risa, los abrazos interminables, nuestra conversación, querida mía. Todo, todo, mi amor, Celina querida.
                           Sabés? El 14 de junio me llamó Pedro, mi vecino; fuimos compañeros en Malvinas y anda por ahí, como puede con su vida, pobre hombre. Tiene una esquirla en la espalda que no lo deja olvidarse y ha comenzado a fallarle un poco la cabeza. Me llama los 14 de junio aunque nos hayamos visto el día anterior y este año hizo lo mismo. Estaba un poco tomado como casi siempre y lloró al teléfono como cada año de todos los que pasaron. Maldice y llora bajito, sin que yo pueda entenderle lo que dice. Solo lo escucho y maldigo su esquirla, nuestra memoria que no se apaga, esa escondida tristeza insuperable. Y después me quedo como enojado, con esa sensación de derrota que vuelve con los recuerdos. Pero este año, no. Esta vez, mientras Pedro maldecía, yo pensaba en vos, en nuestro encuentro; en la panza de mi hija que anuncia a mi nieto y hasta en Carmen que me quiere así, sin pedirme nada.
                             Aunque yo pienso en vos a cada momento. No termino de agradecer ese trabajo que me hizo viajar a Buenos Aires y todo ese tramiterío que me sirvió de pretexto para dejar a Carmen. Qué maravillosa oportunidad me dieron la vida y vos, amor mío, cuando aceptaste que nos encontráramos! Y luego, esa especie de milagro que sucedió entre nosotros, te has dado cuenta? Nunca dejaré de celebrar esa forma tan natural con la que me recibiste. Esos días tan felices, viviendo la pasión que creíamos imposible. El recuerdo de tus besos, tus caricias infinitas, la seda de tu piel, nuestras miradas, me compensan de la otra memoria, la de la tristeza.
                               Asi que que te ruego que disculpés mi silencio, Celina de mi alma, y que pienses que ahora despues de habernos amado así, de habernos conocido tan íntimamente, será imposible para mí no amarte, aun con la distancia y las personas que habitan nuestras vidas y no pedirte que me ames como ya lo hago yo, para toda la vida.
                                              Te beso con mi boca, mi mente y mi corazón.
                                                                              Faustino

domingo, 19 de junio de 2011

ese padre, mi hijo



 Algo pasó en mi mente, Cleo abrió una puerta
que hacia mucho tiempo tenia cerrada, 
y todo lo que no tenga que ver con explorar 
lo que hay ahí adentro paso a segundo plano.
                                                  Camilo




del árbol que abreva su sangre
eligió los mejores frutos:
el ejercicio de la libertad.
la invención y defensa de los sueños.
la búsqueda de la felicidad. 
la forja de proyectos que parecen sueños.
la limpia salubridad del llanto.
los abrazos que alimentan el corazón.
la conquista de las musas
para veracidad del alma.
la inclinación a la sensualidad.
la mirada extendida hasta el horizonte.
la defensa del propio amor
y el propio pensamiento.
una espalda erguida y una frente clara.

lo demás lo cultivó solo.
su juventud (bien lo sé) se empecina
con vientos que le enarenan los ojos
tormentas que le agrisan el alma
lluvias que le inundan la esperanza.
pero ahi va creciendo y aprendiendo.

es, además, un padre heroico.

y le enseña a Cleo a volar,
mientras le hace probar 
el sabor de todos los frutos
que eligió del árbol de su sangre
y de los que la vida le hizo cultivar.

a su padre y a mi padre
les hubiera gustado verlo.

miércoles, 1 de junio de 2011

aplausos y abrazos para el querido Esmoris

 en tu cuarto

(una ventana en la ciudad)




En tu cuarto 
se deshacen los gestos del mundo que no tienen raíces
No hay encrucijadas cuando es plena la sangre
ni hospitales insomnes
ni pasillos oscuros escondiendo inmundicias
ni vinos que ahoguen los amores quebrados
ni mujeres de hule profanando la luna
ni esos miedos infames que cruzan las calles
ni siquiera las ruinas de antiguos principios
solamente el fervor   
en las mínimas dosis que nos da la locura
nadie piensa en la muerte 
ni en las causas perdidas
nadie
labios
solamente labios
dos lenguas mezclando el aliento
y violando tratados de soberanía
nadie
solamente dos olas contra el arrecife 
respirando a fondo 
la fuerte y desnuda intimidad del viento.


publicado por esmoris lara en su blog que no sea demasiado tarde


nota:pudiera yo elegir cualquiera de sus versos, cualquiera de sus letras; todas se llevan mi admirada emoción, sin acostumbrarse nunca.
más en estos días, hoy, ésta ventana me ha expandido el alma de forma especialísima. 
salve tu mirada, esmoris querido!

domingo, 29 de mayo de 2011

29 de mayo













me encuentra
este aniersario
de mi risa y mis pasos
temblorosa
ante esa encrucijada:
seguir andando
con mi curiosa mirada
este pelo y esta boca
-la espalda airosa-
las horas de mi historia
el amor a deshora
la voz de mis hijos
ese árbol de caramelos
el nido de mis lunas
el abrazo inmensurable
de todos mis amigos
o de un zarpazo
matar a la esperanza 
por traidora.

no seré yo quien elija.
será el destino.


imagen: carolinajaramillo.com

lunes, 9 de mayo de 2011

tiempos








válgame la luz del otoño
bañando tus pestañas
la perfecta tibieza
de tu abrazo
la cadencia de tu paso
que recibe mi suspiro
cuando vuelvo.

válgame el cuenco
de la sensualidad que nos habita
la luna que recreamos
los respiros abrazados
la sonriente pereza
que nos deja la tibia saciedad
al resguardo de los besos.

válgame el camino
la historia de este amor
nuestras voces susurradas
mi alma siempre en vilo
y la rutina desarmada
en los relojes.

válgame la gracia
a mi amordazado calendario
a tu desbocada osadía.

el deseo concedido.

martes, 3 de mayo de 2011

aplausos y abrazos para él

La cita



Otra vez la estación es el punto de encuentro. Ligeros de equipaje, venimos de ciudades lejanas en el mapa. Mas qué importa la distancia, si los trenes nos unen sin contar los kilómetros. El taxi hasta el hotel acelera latidos. Concretamos la cita en una habitación recién abandonada por otros amantes furtivos que olvidaron un grillo dorado junto a la caja vacía de Dúrex, dos billetes de Air France con fechas caducadas y el olor del amor recién diseminado.
Pero el mar está allí, esperando la luna, con su oleaje cómplice en la pleamar nocturna, mientras suena en el bar un piano sugerente. Hasta la habitación fluye la melodía, como un eco lejano. La tamizada luz penetra en la penumbra de una noche incipiente, de estrellas presentidas que acucian el deseo mientras nos desvestimos. Dibujo con mis dedos en tu espalda desnuda palabras nerudianas con la lenta destreza con que Eric Clapton mima su Blackie Stratocaster. Y tú adivinas siempre mis mensajes cifrados que recorren tus venas con un clamor de fuego. La noche nos ofrece los frutos que la sangre riega en nuestros sentidos y apuramos sus jugos con la sed del desierto.
Las olas del Atlántico rompen contra las sábanas y nos despierta el sol.
 
 
publicado por Miguel Cobo en el bello blog barra libre

sábado, 30 de abril de 2011

mujer en taxi *


Bien, hice lo que quería. Salí dignamente y me tomé un taxi. Dignamente? Más bien, tristemente. Porque hoy tenía que ser una noche especial. "Ponete linda que te invito a cenar". Hace dos años que trabajo con él. Cena cara, eso sí. Pero después ese bar; muy elegante, claro. Y muy deprimente. Porque entonces, para qué mi vestido rojo de medio sueldo y el perfume en cuotas? Para qué mi trabajoso peinado copiando a Rita Hayworth? Para qué el esmalte rojo y el pintalabios carmesí? No hemos hablado de otra cosa que no fuera de su mujer.  Y de su culpa por dejarla sola. Bueno, ella no ha querido acompañarlo, no?  Ella es la que no desea vivir en Buenos Aires, porque le molesta la contaminación auditiva, no? "Y porque además le pesa el anonimato de la gran ciudad." me ha explicado él. Pobrecita, me imagino!  Que puta madrugada! Y este maldito taxi, con ese tipo que me espía. Esperará que llore? A qué me llevó Agustín a ese bar, tan empecinadamente desierto?Bueno, es un lindo bar; ahí no se va con cualquiera. Caro, es caro. Yo, en cambio, no soy cara. A mi me conforma con ratitos de hotel, porque no quiere que me sienta incómoda en su departamento. "Hay algunas cosas de Marina y no quiero que eso te moleste o te duela". Y hoy ni siquiera eso.  "Ha sido larga y tediosa la sesión, tesoro. Estamos cansados los dos". Qué maravillosamente considerado es! Sobre todo con él, claro. Cuando el señor diputado habla en el recinto, el discurso se lleva toda su adrenalina. Y su lívido, también. "Por suerte lo comprendés tan bien, negrita. Sos la secretaria perfecta". Yo no comprendo nada; cuido mi trabajo, nomás. O me enamoro de él, no sé. Y qué sola me deja cada vez! Seré tan vieja como me siento, ya? De veras ya nos pasó el tren a las de cuarenta? Me duele la espalda. Será de cargar con todo lo que no me animo a revolear por el aire y que caiga justito en la boca del camión de la basura. Me resisto a pensar que pasó el último tren, sin que me diera cuenta! Pero si ni siquiera sé dónde está la estación. Es aquí, señor. Déjese el vuelto. Total que a los viáticos los paga el diputado. Bien, allá vamos! Otro amanecer con solo mi fiel almohada esperándome.  Mariposita de la noche, eso soy. Cuando se apague la luz me moriré y nadie lo sabrá.



*sobre un comentario que dejé en barra libre

jueves, 21 de abril de 2011

en ese bar

                                                                                    
                                                                                             a marcelo y estercita, buscadores de historias

Los feriados largos la ponen triste, porque no puede esquivar la soledad. 
Las veredas se quedan desoladas y eso no les va bien a las que trabajan en la calle. Y para más, el otoño se ha instalado ya, poniendo un vientito  así como de spleen en las esquinas.
El martes fue otra noche triste: lloró un poco mientras se preparaba arroz con leche. Le dolían los pies y tenía frío. Menos mal que existe el arroz con leche; es barato y sanador. A Mecha le curaba el alma y la piel, según le había enseñado su vieja. Se sirvió un tazón y miró televisión hasta que se quedó dormida.

La despertaron las locas de al lado, gritándose como siempre. Se había dormido sin desvestirse y estaba aterida: le vino de perillas la ducha caliente y, como aún tenía unos pesitos, decidió cambiar de paisaje y desayunar en un bar. 

En la calle la recibió un miércoles lloviznoso que le dio ganas de volver y meterse en la cama. Pero ella no se había vestido de "chica seria" con tanto cuidado para eso. Vió el 29 y le hizo señas. Venía con tres o cuatro pasajeros, así que se sentó y se dejó llevar mirando a Buenos Aires como si no lo conociera. Se bajó en la plaza; qué soledad con ese cielo gris, tan linda que le había parecido siempre.
Los bares de por ahí no se ajustaban a su bolsillo y comenzó a caminar por Anchorena hacia Corrientes. Había parado de llover y eso le permitió andar despacio, mirar hacia arriba, reconocer el barrio en los balcones, en las casas que ya no estaban, en las ausencias. Ni los viejos, ni el kiosco de don Pedro, ni la casa de pensión, ni su adolescencia. 
"No voy a llorar otra vez. Mejor entro en ese bar. Esto debe ser hambre". Sin pensar y sin mirar, se ubicó al lado de la ventana. Cuando se quitó el piloto sintió algo extraño, un silencio imprevisto. Seis o siete hombres la miraban callados, como sorprendidos. Entonces, reconoció el lugar que siempre había visto desde afuera, sin poder entrar. "A ese lugar van solo hombres, nena. Hay miles de bares en Buenos Aires!"
Bueno, allí estaba. Los miró con simpatía y sonrió apenas. Hubo movimientos de sillas y carraspeos, pero después de ese momento, un mozo tímido, viejo como el bar, hizo como que repasaba su mesa para no mirarla. 
"Buen día, señora. Qué se va a servir?" 
"Café con leche y medialunas." -y cuando el hombre se retiraba apurado, Mecha levantó un poco la voz para averiguar: "Disculpe, señor; es que entré sin fijarme. Este es el Bar Roma?"
"Si, señora".
"Ah, eso me había parecido"- y volvió a sonreir, recordando, sintiéndose una piba. Sin darse cuenta que seis o siete pares de ojos, volvían a mirarla con atónita incomodidad.

Estaba sucediendo el desayuno solitario mas acompañado de su vida, cuando se acercó un hombre alto, de anteojos, un poco encorvado, pero bastante bien vestido, pudo ver en rápida mirada, largamente experimentada en sus clientes.
-Disculpe, señora. Usted no es Mecha?
-Sí. Soy Mecha y usted quién es?- preguntó con el alma en vilo, sin poder acomodar la voz.
-Soy Juan Carlos, el hijo de la dueña de la pensión. No te acordás de mí, claro. Han pasado tantos años. Me puedo sentar?
-Juan Carlos!... Claro que me acuerdo. Eras tan alto!- y se rió como se reía antes, le pareció al hombre.- Lo raro es que vos te acuerdes de mí, que me hayas reconocido. Estoy vieja, ya.- y se acomodó los anillos, mirándose en las manos el paso del tiempo- Ya no está la pensión, tampoco. Hay un edificio de departamentos, vi.
- Ah, sí. Yo vivo ahí. Te reconocí la voz, creo. Y cuando te miré mejor, reconocí tus ojos. Y la sonrisa- agregó mirándose él también en las manos el paso del tiempo- Y qué te trajo por acá, Mecha?
-LLegué sin darme cuenta, pero seguro, seguro fue la tristeza que me gana a veces. Y un poco de soledad.

Se habían ido del bar porque no dejaban de mirarlos.
Entre arrebatos de charla plagadas de anécdotas, silencios un poco melancólicos, alternar cafés con restaurante y contarse retazos de dos vidas marcadas más con adioses que con amores, les llegó el anochecer: él la invitó a su casa y ella dijo que sí.
Cuando se desnudaron, le costó más a él, porque para ella eso transcurría así nomás y ahora se sentía con la misma loca inconciencia de una adolescente.
Hicieron el amor con la torpeza de la primera vez y la pasión que renace en esos encuentros que descubren historias inconclusas. Estuvieron brillantes y brillosos; lentos y desesperados; briosos en la mirada, acuciantes en el ombligo, calmados en la entrega; convocaron en cada gesto a la esperanza.
Entremedio, a la madrugada, Mecha preparó el mejor arroz con leche de los que tuviera memoria y mientras el brebaje sanador hervía lentamente, tomaron vino que acompañaron con un poco de queso y otro poco de pan viejo tostado por Juan Carlos, que olía a gloria.
-Dice Pettinato que el olor a tostadas es olor a que alguien te quiere- dijo Juan Carlos buscándole el fondo de los ojos.
-Dice mi amiga Gabriela que el arroz con leche es matapenas- dijo Mecha dejándolo entrar hasta el fondo de sus ojos.
Al rato, en esos intervalos para la ternura que siempre tiene el buen sexo, él le preguntó como esperando una sentencia: 
-Y si me enamoro de vos?
-Te vas a enamorar de una prostituta vieja. Pensalo mejor. Eso es lo que soy.-fue la sentencia.
-Una linda prostituta que no arregló precio conmigo.- mencionó sin alterarse- Y si el destino viene así..., ya lo pensé. Y con ese arroz con leche!
-Así de fácil se me va a ir la triste soledad?- preguntó Mecha, con ganas de llorar, pero sin miedo a llorar, esta vez.
-No. Tan fácil, no. El Bar Roma será espacio de mi exclusividad. Y tu vida también.

El amanecer anunciaba un feriado largo que no la iba a poner triste. Ni las veredas desoladas, ni el spleen de las esquinas.
En sus brazos, se durmió desnuda y sin televisión.


spleen: usado como estado de melancolía.

viernes, 15 de abril de 2011

aplausos y abrazos para él 

dormir con medias  

















Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.


publicado por Guille en su bello blog ya está escrito

lunes, 11 de abril de 2011

Cartas

                                                                                   
                                                                            Buenos Aires; 7 de abril de 2011.

Mi querido Faustino:
                               Feliz cumpleaños! Espero que esta carta llegue a tiempo y no cause inconvenientes en tu vida de familia. Es que la envío al remitente que estaba en el sobre y ya no sé si es el de tu casa. Tu última carta es del 14 de junio de 2003 y no tenía remitente. Recuerdo que me quedé muy triste porque en ella me decías que se cumplía otro aniversario de la capitulación en Malvinas y que sentías que habías capitulado con el Amor. Y casi nada más. Entonces, no supe dónde contestarte y se me llenó de soledad el corazón.
                               Pero ahora, mirá cómo es la vida, Faustino! Vas a ser abuelo! Y parece que todo sucede felizmente a tu alrededor, por lo que es hora de que ese muchachito desesperado de miedo se pierda en tu memoria y ya no vuelva; porque en él fue creciendo un héroe que deberá inventar cuentos heroicos con final feliz para ese niñito que llegará pronto y que verá en su abuelo a un gigante capaz de todo. Y tienes de tu lado, mi héroe, que por esta vez, será verdad.
                               Lo que me cuentas de Carmen, me hace agradecerle que no te haya dejado capitular ante el Amor. Me suena un poco raro, pero así es. Yo te hubiera amado igual, si hubiera tenido la valentía y la paciencia necesarias. Pero aquel desaliento de mi juventud me alejó de tus brazos, de tus besos, de tu mirada oscura que me sigue mirando desde tu fotografía. Y de esos abrazos que me prometías y a los que renuncié antes de que me abrazaran.
                                 Por cierto, mi cobardía me ha resultado cara. Intentar reemplazarte con Miguel no me sirvió de nada: su marca de la guerra lo ha tornado violento y cruel. Cuando se fué sin siquiera mirar a su hijo, sentí un alivio tan desmedido que me hizo sentir culpable. Y luego, ya nada. Mamá se ha puesto muy viejita y Pablo es un adolescente que me necesita mas de lo que quiere aceptar. No hay tiempo para mí. Pero me consuela releer tus cartas y recordar las mías. De todo ésto, Faustino querido, lo que mas lamento es que nos hemos perdido la pasión. Y eso me hace llorar siempre; ahora también.
                                 Total, que ojalá esta carta llegue para tu cumpleaños.
                                 Te mando un beso como los que nunca dí. Sé feliz por los dos.

                                                                                                            Tu Celina.

miércoles, 6 de abril de 2011

esa rutina

los dos saben.
se tocan con los ojos.
se besan con el roce del papel
entre expedientes y notas
sonrisas y silencio.
ella a veces le sirve un café:
susurra "una y dos"
la medida del azùcar.
él a veces le analiza
la curva de la cintura.
ninguno altera el orden
de ese deseo opreso.
ya nada sería igual
si eso sucediera.
ni el subte ni el espejo
el perfume la oficina
ni esa mágica rutina.