sábado, 9 de febrero de 2013

abrazos y aplausos para él


pintadas en el muro (el beso)

 
(tanguito de barrio)
era tanto un beso para vos 
que dejaste que muriera sin tus labios?

a vos te hablo, morocha de la calle Guardia Vieja
que me dejaste de seña en una esquina
soñando con tu aliento despeinado
(ese aliento caprichoso y despectivo
que olisqueaba a tu pasar
como perro sabueso contra el viento)

mirá que negarme un beso a mí ni más ni menos
recibido de galán ese verano y luchador contra miles
de enemigos desgarbados que te acechaban en Almagro

no fue justo, espero que lo entiendas
si tan sólo hubiésemos rozado nuestras bocas
en un beso colibrí 
o en un suspiro tibio y perfumado
me parece que el destino y el dolor y la injusticia 
y la tragedia
seguramente habrían cambiado

por eso a esta altura de la vida me sigo preguntando
si era tanto un beso para vos
que dejaste que muriera sin tus labios


publicado por Roberto Esmoris Lara en su blog "que no sea demasiado tarde"

n/a: el querido Esmoris es un poeta que siempre, siempre hace vibrar el alma.
      sus letras me causan como un apretujo detrás del esternon y siempre se camina buenos aires, andando    
      en sus letras o se sobrevuela el mar o se huele el adentro de la tierra. y del hombre.
      lo abrazo y lo aplaudo por eso, agradecida.

viernes, 8 de febrero de 2013

relato de este jueves: un instante de eternidad


ayer me topé en la tele con una película en la que estaba la grandiosa Meryl Streep viviendo una especie de aventura con su ex marido y ahí me quedé, suspendida en ella y colgada de mi alma como en cada uno de estos últimos días. hasta que en medio de un suspiro, se me dibujó por detrás de los ojos, ese instante de eternidad que hoy se me engarza como un anillo.
estaba sola en el cine (ya saben que hay películas que hacen desaparecer a todos en la intensa oscuridad), mientras lloraba con desinhibidos sollozos y suspiros "Los Puentes de Madison". y entonces sucedió ese largo instante que se acomodó en mi memoria como para "toda la eternidad".
era la lluvia, y la insoportable tristeza de Franchesca y fue su mano asiéndose, prendiéndose su cuerpo entero, salvándose en la grandiosa elección del amor (o de la libertad?), y la transgresión aterrorizada y valiente de hacer lo que el alma, o el corazón, la mente o el ombligo, no sé, ni me importa. decirle que sí a la pulsión egoísta que siempre implica para los otros cuando elegimos la libertad. o el utópico sueño. o el camino más dificil en la encrucijada.
y yo, deseando sí, sí, sí, por favor, por favor, tienes que hacerlo!, entumecida mi boca y mis manos apretando mi corazón, guiando con mi grito de silencio el movimiento de la mano de Franchesca para salir hacia su propia vida.
y entonces, no fue. no fue.
ahora mismo siento en las palmas de mis manos la tensión que sentía desde aquel instante, cuando me dije: "yo no quiero ser nunca capaz de ese renunciamiento. no me importa que ojos me miren. ni qué voces me juzguen. ni qué precios pague".
y así es como camino las veredas y cruzo calles, y escribo versos. y cuento cuentos. y he copulado al amor y he matado a cupido. y me he cargado la risa en bandolera. 
aun sangrando.

mirá, Cecyamiga, por qué borde de la memoria me has hecho caminar!

tal vez, porque me voy sintiendo otra vez gata de cornisa a la que ni el viento..., a la que distrae, a veces, sólo a veces, algún gorrión atorrante y mal entretenido, con la buena luna de la madrugada sentada en el hombro.
y va siendo la vida!



más instantes en la casa de Cecy y Simona

jueves, 31 de enero de 2013

este jueves: hablar escribiendo/límites.




yo quería, deseaba, necesitaba, no sé, soñaba, imaginaba casi siempre, que la despedida fuera porque yo me hacía vieja y a vos te quedaba todavía la vida que a mi ya me había vivido, con otros sueños, si; y otras aventuras, acaso amores nuevos o un amor, que te distrajera de mí y entonces.
que porque aún escuchabas, pasado el tiempo, músicas que a mí me confundían el paso y a vos te movían pensamientos y sentires en ritmos que me eran ajenos. esas cosas que parecen caminos encontrados y son encrucijadas.
que porque yo miraba películas de amor con finales felices y vos navegabas en un eter de redes sociales y mágicas tecnologías a las que mi mente se resistía con aplicada rebeldía.
no hablo del amor. no digo la pasión entretejida en amaneceres y risas. descubrimiento de senderitos a los que no me hubiera atrevido sin la divertida guía de tu atorrantura libertaria. 
no hablo del amor ni del romance con un Eros que convertiste en el Jano que siempre sos, nacido en enero, (mirá vos qué especial coincidencia). 
ni los hablo, ni los nombro, porque siempre serán aquellos besos que nos besábamos en los marcos de las puertas, para cuando la realidad fuera un terremoto arrasador y sólo quedaran en pie la puerta y el marco. nuestro sexo embesado, te acordás. nuestro amor ensexado de puro embeleso.
y entonces, Jano. el de las puertas y los finales. fuiste sin saberlo, pero ahora que lo pienso, lo siento, lo lloro en el desembeleso. 
como fué que la rutina de las repitencias me embaucó, aunque era yo una amazona vigilante de tu mirada y el camino de tus caricias. y la luna. tantas veces la luna.
sin embargo el adiós fue la tristeza, la rabia de marcos y puertas asoladas. el llanto escondido y el proclamado. pero más que nada la tristeza, el límite.
hay, entre todas mis memorias, la que se ha perdido irreparablemente: ya no me verán "bajar a aquella fuente ni el blanco sol, ni la amarilla luna."

por esta tristeza, que no nombra al amor, ni a la irredenta pasión, ni al embesado embeleso.
ay! 

más hablares escritos en lo de Rossina / Rochies

domingo, 27 de enero de 2013

Relato del Jueves: Página 53


su madre, que vivía entonces en un vecindario menos sórdido, en la rue Neuve-de-Seine. Madame Tristán no podía entender que no quisieras retornar al hogar, donde tu marido, el padre de tus hijos. ¡Flora! ¡Flora! ¿Qué locura es ésta? ¿Abandonar a André Chazal? Con razón el pobre hombre se quejaba de no recibir noticias suyas. Creía a su mujercita en el campo, cuidando de los niños. En las últimas semanas André había tenido, de pronto, quebrantos económicos: los acreedores lo acosaban, debió abandonar el piso de Fossés-Saint-Germain-des-Prés y su taller fue embargado por el Juez. Y, precisamente ahora cuando tu marido te necesitaba más que nunca, ¿ibas a abandonarlo? Su madre tenía los ojos llenos de lágrimas y la boca trémula.

             -Ya lo hice- dijo Flora-. Nunca volveré a su lado. Nunca más perderé mi libertad.

                          El Paraíso en la otra esquina - Mario Vargas LLosa- Alfaguara-              
                       Cap.III- Bastarda y Prófuga- Dijon, abril de 1844- Página 53


"¿Es aquí el Paraíso?"
"En la otra esquina, mi señor." (*)

Miro por la ventana y llueve con un sol resplandeciente de verano.
Miro: me miro las manos, me pienso los ojos, me reviso el pensamiento, me espío el alma, me encaracolo un instante en mi ombligo y me expando con toda la piel como una bandera.
La lluvia duró solo un momento. El vidrio se ha manchado de diamantes.
Sonrío y me emociono por casi nada en estos días.
Se me ha escurrido el amor de entre las venas, se ha desmadejado en mi pulso, desmayado de frutas amargas, rutinas inevitables, promesas imposibles, profecia cumplida.
Cupido ya no me entibia el corazón, ni Eros duerme a mi lado. Se nos ha ido el Amor. El Paraíso siempre en la otra esquina.
(Una nube pasa.)
Y todo es ahora esta libertad renacida, este espacio todo mío. Este goce que aún es una pena desdibujándose.
Laboriosa mi alma, vuelve a tejer con detalle mis tejidos antiguos: la luz de mi mirada, la textura de mi boca, la inquieta yema de mis dedos, mi turgente corazón.
De pie en mi misma, se despierta mi irredenta Libertad.
El Paraíso, por suerte, en esta esquina.


(*)referencia a un juego infantil en el que los niños cambian de lugar y el Paraíso también.




NOTA DE LA AUTORA: este fue un juego divertido, inteligente y muy participativo que propusieron Lois y Clark en su The Dayly Planet Bloggers: escribir inspirados por el primer  párrafo de la página 53 del Libro que estuviéramos leyendo y luego adivinar a os autores en los relatos publicados en su blog.  Yo no pude participar en la "competencia" por falta de tiempo e inteligencia. Pero fue lindísimo leer todos esos relatos. La ganado ra fue ANY y luego PEPE. Abrazos y aplausos para ellos. 


viernes, 18 de enero de 2013

Relato juevero: El árbol del ahorcado


Este jueves amaneció con una lluvia arrasadora en Cap Haitien y una imagen que humedeció de miedo la espalda del hombre que recorría el sendero vecino al árbol.
De una de las ramas del flamboyán florecido como una llama, colgaba el cuerpo inerte de una mujer ahorcada. Joven y bella, su rostro permanecía inmutable al ahorcamiento.
Reaccionando de la fascinación que aquella escena le provocaba, el hombre comenzó a correr gritando desesperado pidiendo ayuda, resbalando y cayendo en el barro del camino.
Regresó, en compañía de otros dos hombres y con cuidado  descendieron el cuerpo y lo rescotaron en el tronco del árbol. Ya no llovía.
Entonces, ante el aterrorizado estupor de sus testigos, la mujer abrió lentamente sus ojos y, mirándolos como de siempre, habló asi:
   -Mi nombre es Inés, he vivido un milagro de amor y ya no puedo morirme sin que alguien rompa este embrujo que ha superado la intención del hombre que me amó hasta su muerte, viviendo de la energía que me iba quitando cada día que sufría. El mismo que esa noche me rescató de la podredumbre de la muerte y me hizo el amor como nadie, nunca. Ay, transformó mi carne abierta de gusanos y ese esqueleto consumido, en sostén de esta piel de seda y de esta belleza en la que nadie me reconoce, porque la luminosa tristeza de mi mirada espanta la mirada de los otros. Me rescató de los olores impregnantes, perfumando con su sexo mis adentros y mi sangre, con este perfume que inquieta y aleja a la gente de mí.  Debió ser una venganza, porque también se fue sin mirarme, dejándome sola con la pasión recién descubierta, en el aprendizaje de sus besos. Y cuando lo seguí, sonámbula y desnuda, ví como se ahorcaba  en ese arból cercano al cementerio. Pero ya no pude morirme.
Dos de los hombres se habían puesto en cuclillas para escuchar el relato en esa voz musical que los hipnotizaba. Benigno, en cambio, un poco más lejos, afilaba con delicado detalle el extremo de un palo, con gesto inexcrutable.
    -Pobre Raul querido que nunca me hizo así el amor; pobre su hermano que me amó hasta la muerte sin poder aceptar este milagro, sin siquiera verlo; y pobre de mí que vivo esta insoportable soledad, deambulando sin sensaciones, aunque el amor me haya devuelto los latidos de la sangre y el peso del alma!
Entonces, ella hizo un sollozo parecido a un alarido y comenzo a llorar a borbotones. Los tres hombres vieron como los ojos de Inés fueron poniéndose blancos y sus labios agrietándose hasta sangrar. Fue cuando Benigno acercando su alto cuerpo moreno, clavó con decisión la punta del enorme palo entre los pechos turgentes de Inés.
La bella mujer recuperó por un instante su viva mirada y pudo ver los antiguos ojos negros de Benigno despidiéndola.
Una grácil silueta sutil como un suspiro se desprendió de ese cuerpo de mujer, desdibujándose entre las ramas del rojo flamboyán. Los hombres suspiraron aliviados.
A lo lejos se escuchó por un momento cloquear a un tocororo.

nota de la autora: esta hisoria tiene otro ahorcado
 
Image
 ellos solo quieren ser escuchados
 
 
árboles y ahorcados en casa de Luis 
 

lunes, 14 de enero de 2013

este lunes: en pelotas, me retomo y me rearmo



 
 
... y no se siente nada mal!

viernes, 11 de enero de 2013

este jueves: a nuestros mayores (por la sensualidad)


                  Dame el humo de tu boca./ Anda, que así me vuelvo loca./ Corre que quiero enloquecer/ de placer,
sintiendo ese calor/ del humo embriagador/ que acaba por prender/ la llama ardiente del amor. *
Ella salió de la cocina con una sonrisa en los ojos: cumplida la tarea, iba por su premio.
El leía el periódico como cada noche, esperándola, fumando distraído, porque no le gustaba ir a la cama sin ella.
Era una hora que esperaban, ésa. Después de la cena los hijos se retiraban a sus cuartos, o salían.
Y a ellos les quedaba el silencio y la intimidad.
Ya no eran tan jóvenes, pero no se les había dormido el deseo.
La mujer, apenas alta, gorda y armónica sin exhuberancias, cerca de los cincuenta pero bonita aun, tenía una boca sensual y amiga de la risa y unos ojos color café de mirada habladora.
Se detuvo un instante, y mientras lo miraba, repitió aquel gesto de coquetería tan suyo: humedeció apenas con su lengua la yema de los dedos y los pasó por sus cejas oscuras.
Luego caminó hasta él, le quitó el periódico suavemente dejando que se deslizara hasta el suelo, se inclinó hasta casi tocarle la cara y en medio de un casi abrazo lleno de complicidad, le cantó en un susurro: “Dame el humo de tu boca…, anda, que así me vuelvo loca!...” con esa voz un poco ronca y llena de erotismo que solo él le conocía.
Y entonces, él, con aquella sonrisa dulce y prometedora que solo ella le sabía, la acomodó en su regazo y la besó lentamente, acariciando su espalda y sus muslos, con clara promesa del premio que ella había ido a buscar.
Yo había dejado mi cuarto e iba a la cocina por una fruta, cuando vi salir a mi madre de la cocina con ese gesto de muchacha y mirando con ese ensueño hacia mi padre: me detuve en silencio, con la sensación de invadir espacios que me estaban vedados.
Y así, fui testigo voluntaria de aquella ceremonia secreta.
Era una noche de domingo.

Ahora también es noche de domingo.
Estoy sola, de esa forma que me gusta estar sola las noches como estas: un libro amigable, una copa de buen Malbec y la radio sonando bajito.
Estaba yo distraída en la lectura, cuando de pronto irrumpe en mi atención una voz grave de mujer que canta: “Dame el humo de tu boca…, anda, que así me vuelvo loca!...”
Volvió aquella escena a mi memoria y apuré mi Malbec, ahíta de sensaciones como cada vez que la recuerdo, porque percibí después que aquella afortunada noche, mi madre me reveló, sin saberlo, el maravilloso secreto de la sensualidad.
Ese es su legado que mas agradezco.
Lo agradezco cada vez que amo, que deseo, que sueño, que beso, que me río, que me perfumo. Cuando hago el amor y cuando uso mi inteligencia. Cuando estoy triste, cuando digo gracias, cuando encuentra una mirada que me mira y me besa.
Y en cada ceremonia secreta que soy capaz de celebrar.
Ojalá Cecilia, algun día, me diga esto mismo.
Gracias, mamá. Por la sensualidad.
nilda quijano- mi madre
  
*Fragmento del tango FUMANDO ESPERO - 1922 -
Música: Juan Viladomat Masanas - Letra: Felix Garzo

nota de la autora: este post fue publicado apenas iniciado este blog. excusenme quienes ya lo leyeron; es que hoy quiero renovar este homenaje, especialmente.
 
mas honores allí, donde nos citó Gustavo
 

viernes, 4 de enero de 2013

te llamaré tres veces

                                                                                        a Marcela y su Comandante
Había sido la novia adolescente de su hermano Raul y su amor imposible desde que se acuerda.

Al tiempo que ellos se casaron, quedó desangelado y fue desalmándose sin poder evitarlo. 
Entonces que se fue acercando a la magia como sobrevivencia y se enredó en el rito vudú con las partes más oscuras de su mente.
Alimentó sus saberes y su amor desesperado durante todos esos años en los que empezó a desear que Inés se muriera. Y en esa especie de locura fue robando el alma y la salud de Inés.
Ella se fué el 21 de diciembre de 2012, llorada por Raul, sus hijos y todos los que querían a aquella bella mujer, leve y como enajenada, que miraba con ojos velados y sonreía ausente. Y el mundo esperaba su propio fin, confundido con los símbolos del hombre.
Él ayudó a su hermano viudo a entrar el ataud en el nicho, sin derramar una lágrima, sintiendo como latían sus pulsos en el cuello y las muñecas.
Anduvo silencioso y en espera hasta el primer día de 2013.

Empezó a prepararse con la primera estrella. Vistió su mejor camisa de seda, el fresco pantalón, los brillantes zapatos de bailar, el intenso perfume y comenzó a caminar con una leve erección molestándole el andar. 
A la luz de la luna, con la fuerza loca de la espera, corrió la lápida y retiró el ataud sin necesitar ayuda. Levantó la tapa, buscó el alma de Inés adentro suyo y, mientras la expiraba, la llamó tres veces con la escondida entidad de todos sus saberes.
Inés se incorporó como si estuviera viva, sin que él viera su color grisáceo, la mirada vacía  o sintiera el nauseabundo olor. Sólo vió aquella sonrisa ausente y olió el aroma dulzón de la muerta que volvía.

La abrazó como si fuera adolescente y Raul no existiera; y con esa conciencia le hizo el amor, hasta que la explosión de su semen y el propio cansancio, lo trajeron a la realidad de aquella sonámbula que mas tarde vagaría sin rumbo, si él no lo evitaba.

Era una mañana de calor insoportable en Port-au-Prince, cuando encontraron al hermano de Raul ahorcado ahí nomás del cementerio, sin que nadie supiera nunca porqué motivo había sido. 


Port-au-Prince es la capital de Haití.
imagen tomada de internet.

                                                                                     mas romances fantásticos en casa del Demiurgo

jueves, 27 de diciembre de 2012

Sueño de un instante, pero siempre

Cuando se fueron todos, incluso la preciosa Cleo con todos sus regalos, la Navidad iba atardeciendo con un aire fresco y ese dulzor nostalgioso de final de fiesta.
Me senté en el querido sillón con un suspiro y cerré los ojos, poniendo mi alma en vuelo.
Escuché la risa de Cecilia en eco con la risa de mamá y tuve el feliz instinto de acompañarla por esa escalera que parecía perderse en el cielo; mientras sus risas, vueltas graciosas carcajadas, parecían encontrarse en algún lugar que yo no podía ver aún, hasta que las hallé conversando no sé qué cosas y las dos me recibieron con idéntica mirada, con la misma intensidad en la sonrisa, en el arco de las cejas y el aleteo de las manos. 
Queridas mías!... Al fin se habían encontrado y podían verse y sentirse tan parecidas; y podía yo verlas y sentirlas tan parecidas, tan mías y juntas como lo soñé tantas veces.
En ese largo instante nada más existía que nuestras voces y risas chocando como cascabeles y el aire  olía como las tardes de domingo en el Parque de Gualeguay, junto al río.

No sé que atrevido destello me abrió los ojos y me aquietó el alma. 
LLamé a Cecilia sólo para escucharla (escucharlas) reir y me fui hasta el espejo para mirar (mirarlas) a mamá en mis ojos.
Rato largo hacía que no tenía un sueño tan feliz!


mas sueños en casa de Teriri



lunes, 24 de diciembre de 2012

Y también esta Navidad.

"Para la bonita Matilde, con todo mi cariño." Jorge Salcedo

Cuando cumplió veinte años sin que nadie lo advirtiera, supo sin pensarlo que su destino se iba a dibujar entre su casa y las dos cuadras en las que atendían el almacén y la panadería; al mercado iba su padre y a trabajar, sus dos hermanos varones.
-Una pena- le dijo una vez a su madre el Doctor Bernaechea en visita de rutina -Debieran considerarlo, ha sido una de mis mejores alumnas en el secundario.
-Es que con mis males, ella es la que debe cuidar de la casa, Doctor. Así dice mi marido.
Matilde los escuchó como a una sentencia. 
Pero puso una condición: ir los jueves al cine al "Día de Damas", donde daban tres películas argentinas al precio de una. Y su padre asintió en graciosa concesión.

Entonces fue que se enamoró de él, sin mas remedio que la resignación. Sucedió entre "Los martes orquídeas" y "Para vestir santos"; por lo que con el ahínco de los deseos incontrolables, se ocupó de conseguir una fotografía preciosa en un concurso de la Revista Nocturno que venía autografiada con su nombre: "Para la bonita Matilde, con todo mi cariño. Jorge Salcedo". (Seguramente, las hadas hicieron que ese día el actor escribiera cariño, en vez del desentendido afecto). Y ella creyó para siempre, porque se le antojó a su pre escrita soledad, que él la había mirado.

Desde el marco de plata que había guardado para esa fotografía desde antes que muriera la Abuela Josefina, lo convirtió en el amor ausente: a veces lo hacía viajar por largo tiempo; otras, las filmaciones no le permitían visitarla. Sin amigas e invisible para su familia, no debió ocultar aquel amor de nadie, nunca.
Ni sus citas de los jueves de 14 a 18, a las que a veces faltaba en la pantalla, pero entonces   Jorge se sentaba en la butaca vacía que ella reservaba con cualquier pretexto.
Ignorando con férrea voluntad las vicisitudes de la vida del actor, Matilde se quedó viuda el 15 de abril de 1988, el día en que Salcedo murió. Ese mismo año, Matilde cumplía 58 años, invisible, sola, apenas visitada por sus hermanos en la casa enorme y bastante loca de amor y ensueños.

Cuando dejó de caminar y de comer, sus hermanos la internaron en un Hogar para viejos pobres donde la aceptaron loca de amor y ensueños (mientras fuera una loca tranquila), con dos o tres vestidos, dos mudas de ropa interior, sus zapatillas, las pantuflas sin estrenar que le regaló su madre el último cumpleaños que la cuidó, y el retrato de plata con la fotografía de Jorge Salcedo, dedicada a ella con cariño, que escondió con súbita lucidez en su vieja cartera. Eso fue el año pasado, antes de Navidad, pero a ella no le importó. 
Se negó a todo festejo en conjunto, para escuchar a solas como él le deseaba "Feliz Navidad" desde un ignoto lugar sin aviones para regresar a tiempo y ella besaba en respuesta a su encanto, con la inocencia del primer amor.

Y hoy espera ansiosa su forma de llamarla bonita con cariño y su voz inolvidable, también esta Navidad. 


dedico esta historia a Rossina en el nombre de su padre; 
a todos los amores locos que viven del ensueño 
y a todas las que nos enamoramos de su voz y su mirada 
como de nadie más, nunca.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Imagino este lunes...






... andar estas calles y encontrar la alegría recuperada.
Un intento de esperanza.









miércoles, 28 de noviembre de 2012

Sopa de arroz y buñuelitos de acelga


  Sandy abrió su heladera y pensó un momento. Sacó puerros, un morroncito colorado, la bolsa de acelgas freezadas, el resto de queso rallado; buscó el frasco del arroz y esos dos huevos que guardó ayer por si las moscas de hoy.
SOPA DE ARROZ CON ZANAHORIASY vaya moscas!... Se tocó un poco la cara y también sacó un poco de hielo. Mientras se apoyaba el frío en el pómulo, sintió como un montoncito de ternura apretándole la garganta y un pequeño escalofrío de miedo subiéndole por la espalda.
Si él no hubiera llegado a tiempo..., vaya a saber qué!

Se puso el mismo delantal con el que le prepara comiditas al Detective y volvió a la cocina el bar. En un periquete preparó sopa de arroz y unos pocos buñuelitos de acelga que le salieron de rechupete: el mismo menú con que su madre consolaba, a veces, el enojado cansancio de su padre. Sintió abrirse la puerta y se asomó inquieta, pero sonrió, aliviada.
-Vení, Zurdo, que te preparé algo para comer y de paso te doy las gracias.
El Zurdo la miró, intentó arreglarse el pelo y después buscó el nudo de la corbata que trató de recomponer. De pronto no supo muy bien qué hacer. Sandy se merece que él le sirva de algo, alguna vez, pensó.
La mujer le trajo la sopa humeante y un plato con buñuelitos que se veían deliciosos.
El tipo comió en silencio y Sandy se puso a arreglar cosas en la barra.

El Cronista no supo muy bien cómo llegó hasta ahí, salvo porque se sentía cansado y hambriento y él cuando anda cansado y hambriento pasa por el Bar de Sandy.
-Hoy, solo whisky- le avisó de entrada. Y luego le hizo un guiño: -Si te sentás con el Zurdo, ligás sopa y buñuelos de acelga.

Obediente, preguntó mientras se sentaba: "Alguna novedad?" 
-Un par de giles que molestaron a la señora- le comunicó el Zurdo, mientras se mandaba el whisky a tragos largos. Después, hizo una mueca casi infantil encogiéndose de hombros, mientras se miraba las manos de nudillos enrojecidos: -Y yo ligué estos manjares.
El Cronista extendió su sonrisa y levantó su vaso:
-Por los puños del Zurdo y las manos de Sandy!- y se preparó a matar el hambre y el cansancio.

Sandy les tiró un beso y volaron los ángeles.



Nota: sepa quiénes son los giles en lo de Marcelo



lunes, 19 de noviembre de 2012

mejorando el lunes

                                                                                           Tira  Macanudo publicada por Liniers
Liniers siempre, siempre me sorprende el alma.
El es un dibujante de historietas nacido en Buenos Aires, Argentina.

Y Natália Tárraco es la instigadora de esta sonrisa de lunes.

jueves, 15 de noviembre de 2012

una de tres: quimeras del tiempo ido



Se mira a ese espejo por última vez.
Y por el espejo mira la mitad de la cebra realizada en tela colgada de la pared, con la cabeza como adormecida. Porque eso sí: él siempre fue la parte de adelante. Al principio con Antonio, después con su hijo. Siempre mirando a Dorotea de lejos.
Dorotea querida con su vestidito rojo y sus zapatitos de charol. Y su cabello siempre negro enmarcando la tristeza de sus labios color carmín.
Dorotea amada, siempre olvidada por Antonio con ojos para las otras.
Dorotea marioneta sola, solita y sola, colgando de eternos hilos imaginarios, como si fuera una muñeca. Como si no tuviera corazón.

 Sale del carromato a fumarse un cigarrillo y pensar en las quimeras del tiempo ido.
Cuántas ilusiones se fueron destejiendo enamorado de Dorotea; viéndola bailar con sus tristes contorneos de marioneta. Cuántos sueños se esmerilaron de pueblo en pueblo, escondido en la parte de adelante de aquella cebra que tanto divertía a todos. Suelta el humo con una sonrisa que lo rejuvenece.
Y su memoria se vuelve humo tras el cristal de los recuerdos; siempre ha amado un imposible. Solo ha tenido a Dorotea en sus brazos en algunos de sus dolores en los que se dejó consolar y en alguna fiesta del circo, payaseando con ella como otra marioneta, escuchándola reir.
Y luego cada uno a sus tristezas. El a su soledad sin amor, ella al indiferente desamor de Antonio.
Pero ya no, reacciona mientras apaga con un pie el cigarrillo. Y mira el cielo plagado de estrellas en la noche clara. Y vuelve a sonreir. Se ha ido del circo el hijo de Dorotea y Antonio, así que su cebra ha quedado sin la parte de atrás, piensa con alivio.
Y él ha convencido al nuevo patrón que ya no está para andar trotando, que será más divertido acompañar a Dorotea como otra marioneta; y él ha dicho que sí mientras se reía a carcajadas viéndolos bailar.
Mañana mismo bailarán juntos.
Dorotea ha cambiado su vestidito rojo por otro floreado de falda cortona y se pondrá en el pelo un gracioso moño que ha estado ensayando hasta que ha quedado como una mariposa. Y ha decidido que su boca sea carmín y sus zapatitos sean de charol, porque su nueva sonrisa les dará un nuevo lucimiento.
Cuando se encuentran bajo el sauce de la esquina donde se ha instalado el circo, se miran sin pensar en aquellas quimeras desgajadas en tristezas; no hay humo tras el cristal de sus miradas nuevas. Son dos alegres marionetas en los hilos de ese amor felizmente posible en el alma de Simón y tan inusitadamente nuevo en el corazón de Dorotea.

Por una vez, no me parece triste un circo.
una de tres: NEOGÉMINIS celebrando 1000 entradas!

domingo, 4 de noviembre de 2012

crónica de una celebración

[mitchum.jpg]


Las chicas del Bar de Sandy estaban luminosas. La dueña también. Sandy conserva la mirada intensa de cuando el amor y la vida no le jugaban con trampa y quiere entrañablemente al tipo que provocaba la celebración en ausencia: Marcelo Suarez de Luna. 

Entre todas habían adornado el bar con banderines de colores y habían colgado sus collares en el marco del gran espejo como para que él "supiera".
La larga mesa instalada en el centro del local reunía comensales de distinta naturaleza pero del mismo sexo: todos varones.Cuando llegué, se me fueron los ojos para saber quiénes estaban. Entre algunos que no conocía vi que habían venido el doctor Todoterreno, Francis Oliverio Recúpero, el último Poeta Maldito, el Fantasma de Borges (con mejor talante que en el Tortoni), Menardez, su Citador, los muchachos de la vieja guardia amigos de don Suarez y de él, me pareció, el Hurgador de Libros, otros que debieron ser sus amigos propios de siempre, un poco apartado se veía a un tipo muy cejudo que dijo llamarse Александр Раздорский, causando gran alboroto, al Zurdo ubicado lejos del Detective que pretendía emprender alguna charla indagatoria con Александр, unos a los que reconocí con el espíritu de la calle Honduras. Me sorprendió reconocer a Alberto, el mozo de "La Viña del Abasto", que mantenía el gesto adusto, pero insistía en opinar con un dejo de sonrisa, miren ustedes. Y no sé, pero me pareció ver a los de la foto en la mesita del rincón.
Algunos hablaban en voz baja, otros reían a carcajadas, entremezclados contaban a los gritos.  Comían pastas y bebían tinto. Y se divertían ponderando al ausente en su cumpleaños. A la hora del flan mixto ya tenían casi listo el texto del pergamino que iban a dedicarle. Al tiempo del champán el Fantasma de Borges (con mejor talante que en el Tortoni), leyó lo escrito con voz un tanto deshilada pero filosofal y emotiva: "A nuestro AMIGO MARCELO, un tipo de tal naturaleza que seríamos capaces de acompañarlo a un viaje en otro Titanic, si nos invitara". 
-Lo parió! Yo que no se nadar- dijo Alberto, el mozo de "La Viña del Abasto, antes de firmar.
Nosotras brindamos con amor y una cairpiriña que Esthercita preparó con el permiso de Sandy y participamos de lejos en la celebración. Nosotras cinco. Sin intención de verificar quiénes eran todas ésas que, desde la mesa de la ventana, se emocionaron y levantaron copas a la hora del champán.
La Magah convenció al Detective para que nos dejara firmar sin preguntarnos nada. 
El Zurdo miró los tacones altos de Cecy y, sin poderlo evitar, le cabeceó para un tango que no sabía bailar.
La vi a Cris en suave charla con Francis Oliverio Recúpero, a eso de la madrugada.
Y yo me quedé pensando en ese poema que yo también recito en las íntimas reuniones, con algún olvido y alguna corrección que me presta la memoria: Profecía, de Rafael de León. Vaya coincidencia!


Salute, Cronista! Que le sea buena la vida!




N.de A.: vaya y vea La menor Idea, que no se va a arrepentir!

martes, 30 de octubre de 2012

chau, Cata!



Cuando mi amiga Sylvia me la regaló a Catalina para que le hiciera compañía a Sophia, su hermana mayor, yo transitaba el principio de una enfermedad que me tuvo casi postrada una cantidad de tiempo siempre inmensurable para mi alma. 
Era la mas chiquita de la camada y nada de "peluda, suave; tan blanda por fuera, que se diría toda de algodón, que no lleva huesos" como decía el poeta de su Platero. Ella era orejuda, tan flaca que el sol le transparentaba el esqueleto. Pero tenía un maravilloso par de ojos color cielo y un obstinado carácter gatuno: miraba con intensidad y nos amaba con independencia, silenciosa y tranquila.
Con el tiempo se transformó en una bellísima gata siamesa tabby. A diferencia de Sophia, nunca venía a mi regazo, pero siempre nos mirábamos con secreta complicidad.
Se enfermó de pronto, sin esperanzas. Y en eso también fue obstinada e independiente, pero se dejaba mimar  como si supiera. Llevábamos doce años de andar juntas por la vida, por las mudanzas, por los amores, por los adioses.
Ayer, yo decidí dejarla ir, porque su mirada celeste se había vuelto lejana, antes que mi corazón se acostumbrara a su ausencia.
Un lunes de espantosa lluvia en Buenos Aires, horriblemente triste.
Antes de dormirse, Catalina me miró como nos mirábamos, nos dimos las gracias en silencio y se fué, camino de la lluvia.

imagen tomada de internet

viernes, 26 de octubre de 2012

Convocatoria de Jueves: COLORES

Ella fue una niña preciosa, una adolescente deliciosa y, siempre, una mujer hermosa.
Hubiera podido elegir entre todos aquellos jóvenes que le pidieron una mirada de sus ojos, una mueca de sus labios, un pequeño gesto de sus manos; pero a su papá, un hombre callado y hosco, al que nunca le comprendió esa rabiosa tristeza, lo incomodaba profundamente su belleza.
-Si no la cuidás, así como es, la tomarán por una cualquiera.- le repetía a su madre, que cargaba con una blanda culpa su propia lindura.
Así que Amanda Suarez creció tímida a la fuerza, débil de carácter para no enojar a su padre y proteger a su madre y de porte deslucido por esa ropa suelta, de colores sin color. 
En la escuela fue una alumna aplicada y tenue, que mantuvo siempre apagados los fuegos interiores de la adolescencia.
Apenas cumplió los veinte años, por indicación de su padre y consejo de su mamá, aprendió a querer a Ernesto Martinez, un comerciante mayorista, diez años mayor, reservado y celoso.
Por tanto, Amanda siguió siendo esa mujer bella, voluntariamente invisible, que nunca hizo nada por ella; porque ni sus hijos, que le salieron varones y por cuestiones propias de su vida, crecieron con mezcla de su abuelo y de su padre. 
Sólo una decisión tomó sola y en secreto: a la muerte de su madre (que por suerte sobrevivió a su padre y entonces ella pudo conocerle la sonrisa), se dedicó a pintar gracias a un atelier que había a la vuelta de su casa, donde la recibieron sin preguntas y le permitieron ese desparramo de colores tres veces a la semana, en días hábiles y horario comercial, para que nadie lo supiera en su familia.
Despues de cuarenta y dos años, Ernesto Martinez murió sin casi darse cuenta de lo que era vivir y Amanda lloró por dos días sin poder parar.
Al tercer día, tomó otra decisión: salió de compras.
Cuando llegaron sus hijos con su familia, encontraron la casa un poco cambiada.
Colgados en la sala, dos cuadros de brillantes colores anunciaron a esa bella desconocida vestida de rojo con flores en el pelo que, mirándolos a todos con ojos brillantes, risa en bandolera y manos en vuelo, les dijo cantarina:
-Bienvenidos a mi nacimiento, queridos míos!

más bellos colores en The Daily Planet's Bloggers

jueves, 18 de octubre de 2012

Este jueves, LIBROS

A exactamente seis meses de cuando comenzó su última tristeza, murió el señor Harkoft con un gran sentimiento de cobardía por no resistir el doloroso influjo de la primavera.

El señor Harkoft era nuestro librero. El librero de mi pequeña ciudad, digo. No recuerdo otro. Su librería era pequeña en tamaño pero inmensurable en contenido y quedaba a cuatro cuadras de mi casa. 
Y en la libreria del señor Harkoft aprendí el tenue aroma áspero que se desprende de los libros y que se prende adentro como otra piel. Ese hombre parco, parecido al malo de los enanos de Blanca Nieves, siempre serio en esa fresca penumbra de las librerías de verdad, me trazó los primeros senderos de la lectura. 
Me los enseñó de la mejor forma, creo. Fue como si trazara caminitos en la arena y luego soplara sobre ellos. Eso me convirtió en una lectora desordenada, desprejuiciada y libre, sin otras normas que mi curiosidad y mi deseo. 
Con la imaginación abierta y el aroma de los libros, es que he llegado hasta aquí, por suerte para mi vida.
Con el señor Harkoft trabajaba la señorita Elisa. Ella era una mujer pequeña y un poco regordeta, de piel luminosa y manos como mariposas -así de leves, me parecían-, que tenía la voz mas perfectamente musical que yo haya escuchado. Y una mirada oscura y vivaz.
La señorita Elisa tenía allí una función imprescindible: ella leía los libros de poesía y las novelas, todos. "La ficción es suya", había sido la indicación. Su trabajo era hacer una especie de resumen o un comentario, segun le pareciera, de cada libro leído, que ella escribía con delicada letra de maestra (recuerdo perfectamente sus mayúsculas que nunca pude imitar) en un papel de hilo, inolvidable en mis dedos, con un agregado especial: al pie dibujaba florcitas; una, dos, tres... cuatro! si el libro calificaba en excelente.
La señorita Elisa era como el alma, mejor como el corazón de esa librería que parecía latir entre los libros y en alguna parte del señor Harkoft, con toda seguridad.
Él contaba con ella para casi todo, sin demasiada conciencia. Distraído por su propia intelectualidad y por la confianza que le inspiraba ella sin pensar porqué, nunca, nunca sintió curiosidad por ver aquellos papeles de hilo escritos tan lindamente por la señorita Elisa, aunque todos sus clientes le hacían ponderosos comentarios sobre ellos.
Hasta que un día de otoño la señorita Elisa se durmió sin despertarse y fué cuando él tuvo esa necesidad imperiosa de besarla. Todos los que estaban allí presente, observaron azorados, atónitos, emocionados, quisquillosos o de alguna forma felices, según quien, aquel tímido aunque apasionado beso que el señor Harkoft dejó en los labios ya ausentes de la señorita Elisa.

No cerró por duelo, a ella no le hubiera gustado.
Sólo llegó, menos serio y mas triste, hasta su lugar tras el mostrador y se quedó allí un rato, nada más que para sentir su ausencia.
Después, en un impulso, buscó por buscar o porque lo había visto tantas veces en sus manos, "Los versos del Capitán" y lo abrió sin esperar nada. Lo hojeó un poco, solo por hacerlo, por memorarla, porque volviera. El señor Harkoft no sabía que sentir, ni cómo, eso era lo que le sucedía. Ah, el papel de hilo para las notas que escribia. Sonrió con cierta ironía. La hojita señalaba ese poema "...Detrás de todas me voy. Pero a ti, sin moverme, sin verte, tú distante,van mi sangre y mis besos,.." y con su delicada letra de maestra, la señorita Elisa había escrito: "Con este exquisito atorrante yo hubiera enloquecido de amor. Ay, Neruda, Neruda!" y al pie, se veían dibujadas cuatro florcitas cuyo significado no pudo entender.
Alli y entonces, el señor Harkoft sintió esa enorme y desconocida tristeza que ya no lo abandonaría y también halló una suerte de recurso para convocar la presencia de la señorita Elisa, leyendo sus comentarios.
Uno por uno fue leyendo aquellos escritos en papel de hilo descubriendo a la mujer que había tenido todo ese largo tiempo a su lado y que fue pareciéndole más sentida y mas bella, en tanto descubría su sensible inteligencia, más que en el contenido de las palabras, en el dibujo de aquellas una, dos, tres... cuatro florcitas! 


Así que cuando cualquier día se dió cuenta que su traje de lana le quedaba pesado y pudo ver que el jacarandá que con él envejecía a la puerta de su librería, estaba "impúdicamente florecido para su edad" como solía decir Elisa (y pensó sólo su nombre, como en otra intimidad) al señor Harkoft la tristeza lo envolvió en silencio, embrumándole la mirada y las manos, doliéndole de forma insoportable en aquellas florcitas al pie del papel de hilo.

Y ya no pudo resistir la primavera.


nota de autora: Tenía yo catorce años y en la librería del señor Harkoft encontré la novela "Nacha Regules" de Manuel Galvez. Le pregunté si era buen libro y me contestó: "Doloroso para su edad, pero si quiere leerlo...". Cuando llegué a casa le conté a mi madre del hallazgo y ella me dijo: "Ay, es tan doloroso para tu edad! pero si querés leerlo..." Mis catorce años no resistieron aquella terrible historia, de verdad dolorosa; pero esa coincidencia de opiniones me enseñó para siempre el valor de la libertad para elegir, que no es ni más ni menos que la libertad para vivir.
Pero el primer libro que recuerdo es "Viaje alrededor de mi infancia" de Delfina Bunge de Galvez. Aun me persigue su magia.

mas libros en casa de Rochies

martes, 16 de octubre de 2012

aplausos y abrazos para él

Transiciones

Salir con la máquina de mirar, bajarse y caminar, girar y girar, Aceptar mi insignificancia, confiar la mirada a la inmensidad.




publicado por no esperes nada en su blog Comunicalafate.

jueves, 11 de octubre de 2012

teléfono


oye, niña, no quiero ver esa desolación inacabable enredada en tus pestañas, abatiendo la nívea palidez de tus párpados. no, otra vez. no, mi dulzura, que tu pechos se muevan agitados por el deseo, que no quiero que la pena te quite el aire. despiértate, bonita. mírame, que aquí estoy. tócame!. acércame a tu boca loca donde siempre está tu corazón. mírame. mírame, preciosa, con tu inocencia de duende escondido en el closset, con esa picardía de diablillo caído del cielo. tómame. quiero sentir la seda de tu blanca mano. necesito regodearme en el suave y juguetón tobogán de tu oreja, querida. mírame! que soy enteramente tuyo. háblame. háblame, smoothie, que sólo vivo con la miel de tu voz. mírame. tócame. acércame tu boca. tómame, querida! estoy casi al alcance de tu mano. mírame. estoy aquí. tómame! 
no me dejes así, Marilyn!


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